TENSIONES EN LA IGLESIA CATALANA

La sorprendente promoción del separatista Planellas y el extraño caso del Seminari Poble de Déu

La sorprendente promoción del separatista Planellas y el extraño caso del Seminari Poble de Déu
El nuevo arzobispo de Tarragona, Joan Planellas. EP

El nombramiento de Joan Planellas Barnosell como nuevo arzobispo de Tarragona, en sustitución de Jaume Pujol, ha provocado numerosas reacciones. ¿Qué se esconde detrás de esta polémica designación? (El antiespañol Bergoglio nombra arzobispo de Tarragona al cura separatista del pueblo de Boadella).

El pasado 9 de mayo de 2019 corrió la voz de que algo pasaba en la parroquia de la Preciosísima Sangre, en Barcelona, donde habían desembarcado tres patrullas de los Mozos de Escuadra. Estuvieron un par de horas en el interior de sus dependencias.

No era un robo, ni una ocupación ni un amotinamiento de inmigrantes ilegales. Los tiros iban por otro lado: la investigación policial se centraba en el Seminari Poble de Déu (SPD), domiciliado en aquella parroquia.

Se creía que el tema ya estaba cerrado con la disolución del polémico seminario, pero luego tuvo lugar la suspensión a divinis de los sacerdotes del movimiento, aunque solo los de las diócesis de Barcelona y Vic y no los de Tarragona, Lérida y Urgel.

El Seminari Poble de Déu fue fundado en 1977 por el seglar Francesc Casanovas Martí y aprobado ese año por el arzobispo de Barcelona, el cardenal Narcís Jubany. Una experiencia de vida comunitaria mixta cercana a las ideas new age y que se basaba en la investigación de la relación entre hombre y mujer.

La aventura duró 40 años. Hasta el 15 de abril de 2017, cuando el arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José Omella, firmó el decreto de disolución del grupo.

Posteriormente, el Vaticano solicitó una investigación y obligó a juzgar a 17 sacerdotes y a dos laicas implicados por prácticas sectarias y presuntas relaciones sexuales entre hombres y mujeres con ramificaciones en, al menos, las cinco diócesis mencionadas: Barcelona, Vic, Tarragona, Lérida y Urgel. No hay un precedente así en número de sacerdotes implicados en un caso canónico en España.

El proceso ha creado tensiones en la Iglesia catalana: los acusados se reparten por las citadas diócesis y tres obispos han optado por protegerles y no acatar sus suspensiones.

La meteórica defenestración del arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol, la sorprendente promoción del sacerdote Joan Planellas, incluso la chocante rebelión del obispo Joan-Enric Vives, todo ello está relacionado con esta minúscula asociación, que tanto está dando que hablar.

Detrás de tanta intervención eclesial, que ha llevado a la suspensión de algunos de sus curas y tanta intervención civil, que ha dado lugar a la actuación indisimulada de la Policía, tiene que haber algo grave. Y si hay algo grave –y hay obispos renuentes a aplicar medidas acordes a la gravedad del asunto– el escándalo puede alcanzar un tamaño sideral.

Las fuentes consultadas por este medio han señalado que esta investigación unió los nombres de los cardenales Omella y Ladaria con el del teólogo Planellas. Sin embargo, a Roma –y a Omella y Ladaria— se le escapó un detalle importante: la estelada del flamante nuevo arzobispo de Tarragona en sus antiguas parroquias gerundenses.

Actualmente, este cura independentista ostenta el cargo de primado de las Españas, que es el título que le corresponde a la sede de Tarragona, según una antiquísima tradición que confirmó el papa León XIII. Un primado de las Españas con estelada incorporada. Paradoja de un nombramiento que ha causado sorpresa.

El nombramiento es extraño porque hasta este momento la política de designaciones episcopales del papa Francisco había sido muy cicatera con la cantera sacerdotal catalana.

De las cinco elecciones de obispos de Cataluña efectuadas por Bergoglio, solo uno –y auxiliar– había sido catalán. Los otros eran dos valencianos —Giménez Valls en Lérida y Benavent en Tortosa–, un aragonés —Omella en Barcelona– y un mallorquín -el auxiliar Vadell–.

Asimismo, las declaraciones del pontífice respecto al independentismo catalán no habían sido nada favorables. En una entrevista televisada con Henrique Cymerman manifestó aquello de que «había que agarrarlo con pinzas» y se puso a distinguir los casos de las colonias, como única causa justificativa del derecho de autodeterminación.

Así, el nombramiento de un arzobispo separatista significa una ruptura con la política vaticana que hasta este momento se llevaba con Cataluña.

La explicación de su nombramiento tiene que ver con la pederastia y los abusos sexuales del clero. El hoy arzobispo electo de Tarragona realizó, ya un poco talludito, su tesis doctoral en la Pontificia Universidad Gregoriana entre los años 2002 y 2004, donde coincidió con el jesuita Luis Francisco Ladaria, hoy en día prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Dicha Congregación fue la que encomendó a Planellas la investigación sobre el Seminari del Poble de Déu. Después de su investigación, el cardenal Omella disolvió la asociación y dos años después suspendió a divinis a los curas diocesanos de dicho grupo.

Precisamente con ocasión de ese trabajo, Planellas trabó relación con el también jesuita español Germán Arana, que fue visitador diocesano en el caso del Seminari del Poble de Déu, y que está considerado una de las personas más cercanas al papa Francisco, al que escucha con frecuencia, y que por tanto ha podido también dar su opinión sobre el nombramiento para Tarragona.

Ciertamente, la reciente designación de Joan Planellas Barnosell como arzobispo de la diócesis tarraconense ha causando la indignación de un gran número de católicos y, especialmente, de aquellos creyentes catalanes que no comulgan con los propósitos secesionistas y que viven muy escamados con las esteladas y los lazos amarillos en los templos y las soflamas independentistas de una parte del clero.

A ellos les ha sentado como un golpe bajo la designación de Planellas. Una innegable sensación de desánimo y abandono ha cundido en ese sector mayoritario del catolicismo catalán.

Además, el primer comunicado del nuevo prelado, en el que habla del reto de la Iglesia catalana, añadiendo que es «un reto que sólo podremos cotejar adecuadamente si creemos en la unidad pastoral de las Iglesias con sede en Cataluña» no permite albergar esperanzas.

El temor a un Setién catalán se ha instalado entre los fieles. O Planellas se aleja de toda tentación independentista o su pontificado estará marcado por la polémica.

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