Santiago Agrelo, arzobispo franciscano de Tánger

«Hay que evitar que el sueño de una nueva vida acabe en prostitución»

"Esto es un desafío a la conciencia de la humanidad"

Lo vivimos de forma personal

«Todas las naciones de la tierra tenían que plantearse en este momento cómo evitar que estas mujeres que dejan sus casas con un sueño de una nueva vida en la cabeza tengan que transformarse, nada más salir, en mujeres que viven de la prostitución o, lo que es peor, en mujeres explotadas sexualmente y convertidas en esclavas. Esto es un desafío a la conciencia de la humanidad». El que pronuncia estas palabras entre emocionado e indignado es el arzobispo de Tánger, el gallego Santiago Agrelo, refiriéndose al último naufragio de inmigrantes clandestinos ocurrido en aguas del Estrecho de Gibraltar, según cuenta Luis de Vega en Abc.

En la zodiac siniestrada el sábado, con unas 40 personas, viajaba un gran número de mujeres nigerianas, algunas embarazadas, cuyo destino seguro, según apuntan fuentes conocedoras de las redes de trata, era clubes de alterne en España. Sus cuerpos, a merced de hombres sin piedad, son el único pasaporte para ascender desde sus países al sueño europeo.

Los rostros de la tragedia

La jornada del lunes se cerró sin hallar más cadáveres. Salvo los once supervivientes, que ayer fueron expulsados en la frontera con Argelia, y los ocho fallecidos, rescatados poco después del naufragio, el resto del pasaje permanece desaparecido en el mar.

Agrelo conocía a algunos de ellos, que con frecuencia se acercaban a la catedral a recibir comida, ropa o atención médica sin que nadie les preguntara por su credo. «Es muy duro tener nombres y rostros y ver que… (y hace el gesto de que se hunden). Y esto hace que lo vivamos de forma personal, con rostros y nombres», explica el arzobispo, que bloguea y cuelga sus homilías en internet.

«John, Willi, Josephine, Julliet…». Kingsley Ogiemwera, un nigeriano de 32 años instalado en Tánger, enumera los nombres de algunos de los que trataban de llegar a España el pasado fin de semana. Vivía con ellos en el barrio de la Plaza de Toros. Como muchos, Kingsley, conocido por el nombre árabe de Yousef, vive de la mendicidad y de las ayudas de Cáritas.«Nunca he tratado de pasar a España por falta de dinero».

La comunidad subsahariana trata estos días de hilar los hechos y cerrar la lista de muertos y desaparecidos, a veces imposible porque sobre la preparación de los viajes cae normalmente el telón negro de la reserva y uno no sabe a veces si el que compartía piso con él se ha embarcado.

 

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