"Allí, la muerte se vende barata"

Juan José Aguirre, obispo de Bangassou: «Trabajamos con los pobres más pobres»

Define su labro como una moneda: "Por un lado, la evangelización y, por otro, la promoción humana"

El 66% de la población sobrevive con menos de un euro al día en hogares de paja y barro

EL cordobés Juan José Aguirre, obispo de Bangassou (República Centroafricana), está de gira por el País Vasco. Un viaje emprendido para «dar las gracias» a todos los ayuntamientos, empresas, instituciones y personas particulares que han colaborado con la Fundación Bangassou, para mostrarles los logros conseguidos gracias a sus aportaciones desinteresadas y para presentarles a ellos y a la sociedad vasca los 25 proyectos que tienen, actualmente, en marcha.Lo cuenta Ana Ursula Soto en Noticias de Gipuzkoa

Monseñor Aguirre se ha ganado el apodo del obispo de los pobres. «Trabajamos con los pobres más pobres«, recalca con la autoridad que le otorgan los 31 años que lleva en África. Su afirmación no es baladí. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) que elabora la ONU lo sitúa en el segundo puesto por la cola.

Por ejemplo, para llegar a Bangassou, a 750 kilómetros al este de la capital, Bangui, son necesarias 18 horas en coche atravesando pistas «desagradables» por la selva tropical a «una media de 40 km/h». El asfalto es una quimera en este país.

La labor del obispo comboniano y la fundación que dirige su hermano Miguel desde Córdoba abarca la región de Bangassou: 450.000 habitantes repartidos en 22 misiones, y la zona de Bakaouma: 20.000 habitantes diseminados en unas cien aldeas.

Aguirre pasa la mitad del año de un lado para otro visitando a todas estas comunidades y misiones que tienen como idiomas oficiales el francés y el sango.

Uno de los frentes con los que tienen que lidiar los misioneros afincados en Bangassou es el Ejército de Liberación del Señor (LRA). Huyendo desde Uganda a través de El Congo y atravesando el río Ubangui llegan a Centroáfrica protagonizando ataques de forma indiscriminada contra los poblados, secuestrando niños para lograr mano barata, violando a las niñas y masacrando a los adultos. «Son niños que se han criado en un entorno de violencia y ahora, con una media de 30 años, no conocen otra cosa», describe con amargura el obispo.

Bien sabe cuáles son las consecuencias de los terribles actos que protagonizan. En sus misiones acogen a muchas muchachas desfiguradas por los rebeldes que, cuchilla en mano, les han rasgado la boca y los labios.

Aguirre define su labor como una moneda de dos caras: «Por un lado, la evangelización y, por otro, la promoción humana». En este binomio se enmarcan los proyectos que realizan. Escuelas donde ya se han escolarizado más de 7.000 niños, acogida de enfermos terminales de sida, centros de lactantes o la denominada Casa de Esperanza donde dan refugio a las personas mayores que son acusadas de brujería.

Cirugía básica

Son importantes también las campañas sanitarias que llevan a cabo desde que en 2008 inauguraron el primer quirófano de la zona. Por cierto, en septiembre abrirán otro a 200 kilómetros de Bangassou, en el municipio de Nzacko. Buena parte del material ha sido donado, en este caso, por Policlínica Gipuzkoa y Onkologikoa.

De esta forma, varios equipos médicos viajan, costeándose sus propios gastos, a Centroáfrica en enero y mayo para realizar las campañas de cirugía general y ginecología; en septiembre para la de oftalmología; y en noviembre le toca el turno a la de traumatología, en este caso con niños con dificultades de movilidad.

Las patologías que se encuentran son habituales: cataratas, hernias inguinales o miomas (tumores benignos en el útero), aunque la falta de asistencia los convierte «en casos de libro», como indica Miguel Aguirre, hermano del obispo y presidente de la Fundación Bangassou. «Por ejemplo, el mioma de seis kilos que le quitaron a una mujer», añade Arantza Urreisti, enfermera mutrikuarra voluntaria de la fundación. Urreisti pasó más de cuatro meses en Centroáfrica y colaboró en el almacenaje de medicamentos que se envían desde Europa, en el dispensario de Berna y en la maternidad de Bangassou.

Otras obras, en este caso subvencionadas por varios ayuntamientos de la comarca del Urola, han consistido en las reparaciones y construcciones de puentes en la ruta Bakouma-Nzacko. Mostrando una fotografía de uno de ellos, Aguirre explica que el de la imagen viene a sustituir una viga en forma de H por la que, con gran dificultad, pasaban bicicletas y coches.

El dinero de las subvenciones, en realidad se destina a la compra de cemento, un producto nada accesible puesto que tienen que viajar casi mil kilómetros para conseguirlo. De hecho, la construcción del puente, por ejemplo, conllevó dos años.

Con menos de un euro al día

Y es que hacerse una idea de la situación en la que viven los centroafricanos es difícil. El 66% de la población sobrevive con menos de un euro al día en hogares de paja y barro y dedicados al cultivo del cacahuete, el arroz y la mandioca, durante la época de lluvias, y a la pesca los seis meses restantes. Aunque sea un país rico en materias primas como los diamantes y el coltán, apenas repercute en la sociedad, dominada por una «dictadura militar con tintes de democracia, tutelada por Francia».

«Se come una vez al día», afirma Aguirre, quien detalla que la esperanza de vida se sitúa en «torno a los cuarenta y tantos años». «La muerte se vende barata», apostilla.

Y pese a todo ello, la gente tiene «esperanza» y «lucha» por sobrevivir. «La iglesia está siempre llena. Las misas duran dos horas, las hacen ellos y son muy activas», asegura el prelado.

Quizá, por eso, cobra importancia la ayuda que se pueda aportar a la fundación. Bien lo sabe Mikel Mendizabal, el delegado en Gipuzkoa de la entidad. «Fui en el 2004 y volví con el chip cambiado. Entendí con monseñor qué es ser sacerdote de verdad. La experiencia me transformó y pensé que había que convertir todo esto en una historia de amor, así que ahora me dedico a recoger todo lo que aquí nos sobra para llevarlo allí», explica este zarauztarra jubilado nacido en Errenteria con un contagioso entusiasmo. Cautivado como Arantza por aquella tierra lejana y sus gentes, y por la «entrega desinteresada» del obispo de los pobres, monseñor Aguirre.

Porque como recalca Mendizabal en una entrevista realizada por Chusa Balbás en la propia revista de la fundación, «es, no solo importante, sino urgente y vital que adquiramos el compromiso de erradicar la pobreza de nuestro planeta. Ese es el cambio real, no existe otro».

 

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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