"Estos bandidos que nos han caído encima como una plaga de langostas"

Monseñor Aguirre: «No podemos responder al hierro con hierro»

"Están "violando" el país de Centroáfrica, como parte del botín de guerra"

Quieren islamizar Centroáfrica lo más pronto posible y nosotros debemos responder con la fe, no con las armas

(Juan J. Aguirre, obispo de Bangassou).- Lo que está pasando en Bangui es alarmante, la seguridad brilla por su ausencia, en cada barrio hay abusos y atentados contra los derechos de todo el mundo, en cada ciudad pasa lo mismo, en cada zona del Centroáfrica. Gracias a todos los que nos escriben para darnos corage y luz.

Vemos cómo los Seleka, los rebeldes de corte islámico que han tomado el poder por la fuerza hace dos semanas, están saqueando Centroáfrica trozo a trozo, pedazo y pedazo, desponjándola de todo. Muchas cosas y véhículos se llevan luego a vender al sur del Chad.

Dentro de la Seleka puede haber unos 300 militares de carrera pero vienen acompañados por unos 3000 bandidos que han reclutado por el camino para hacer tropa. Cuando los de la Seleka han saqueado la casa de un antiguo ministro, una parroquia o una ONG y se han ido, vienen los golfos del barrio y acaban con las migajas. Los Seleka no son «los musulmanes» y toda amalgama es inadequada.

Musulmanes libaneses me han contado cómo han sido saqueados uno por uno en el barrio y la vergüenza que les producía que el grito de: Allah es grande! no impresionaba ninguno de aquellos bandidos.

Ayer vi, cerca del Instituto Pasteur, un coche Toyota Hillux, tal vez robado a Bangassou, pintarrajeado para disimularlo como hacen éstos bandidos que nos han caído encima como una plaga de langostas. Había tenido un accidente, porque dicen ser dueños de todo y de cada calle de la ciudad de Bangui y suelen ir a tope a mas de cien por hora provocando accidentes y, a veces, provocando su propio accidente. Este dejó al Toyota en una zanja, recostado con las tripas al aire, ya casi una carcasa, sin ruedas, ni frenos, ni motor ni radiador, despojado poco a poco de todas sus piezas, de todos sus tornillos, de todos sus secretos hasta quedar tendido al sol al pasto del moho y los elementos.

Se me vino a la cabeza la imagen de Centroáfrica, desde hace unos meses y más desde el golpe de estado del 24 de marzo, despojada de todo por esta banda que nos han inyectado desde la zona del Sahel, que viste turbante y huele metralla.

Se me vino a la cabeza aquel hombre que «viajaba de Jerusalen hasta Jericó y cayó en manos de unos bandidos». Y alli quedó, cubierto de llagas, panza arriba y expuesto al sol como aquella escuálida Toyota Hillux, tal vez, víctima del saqueo de Bangassou.

Ahora ha empezado a llover y están tirando tiros muy cerca de nuestra casa. Pienso que es un error confundir Seleka con musulmanes, poner a todo el mundo en el mismo manojo, y que esto lleva a una espiral de violencia que suele terminar en sangre sobre sangre.

La Iglesia católica va a leer hoy en todas las Iglesias de la capital la misma homilía. Yo estaré en la Catedral. Es la palabra de la Iglesia, leída por e Obispos en estos momentos de profunda zozobra y decimos que, aunque nos sentidos agredidos y protestamos con toda nuestra fuerza, no podemos responder al hierro con hierro porque los que buscan la paz, los pacíficos, son los que heredarán la tierra, mientras que que los que acumulan el odio y el espíritu de revancha, les queda una cicatriz en el alma que perturba la vida y enreda el alma.

Nuestra respuesta como creyentes a tanto martillazo será esta carta en donde pedimos la paz para un pueblo vapuleado, herido y empobrecido. Queremos hacer nacer la esperanza alli donde la redes echadas al mar vuelven vacías, porque si echamos esas redes en Su nombre, «encontraremos reconciliación, justicia y paz.»

Dicen desde la Nunciatura que la pérdida para la Iglesia católica en esta semanas se estima en unos 6 millones de dólares. En una Iglesia ya empobrecida y escuálida, que vive de las ayudas y del trabajo interno, esto es un varapalo.

Las Ongs no han salido mejor paradas. En la Cruz Roja internacional están perplejos porque sus coches, incluso con el logotipo y la bandera blanca, han sido atacados por la Seleka, cosa que, dicen, no pasa ni en los conflictos más violentos. Cordeid, que reparte proyectos con el 0’7% de los impuestos de los holandeses, han visto saqueadas sus casas, oficinas y robados los 3 coches de la delegación centroafricana. Médicos sin Fronteras españoles han cerrado dos de sus 3 hospitales y su gente repatriada porque se han llevado delante de sus narices hasta las neveritas para las vacunas y los aparatos para centrifugar.

Un rebelde Seleka va autilizar una centrifugadora, para qué? En los barrios la gente está muy caldeada. Pero no podemos dejarnos llevar por la revancha. Tenemos derecho a denunciar y a defendernos, pero la violencia como respuesta es una incongruencia con el Evangelio. En Bangassou, cuando vienen a saquear en una misión, tocan las campanas y en el barrio, todos los vecinos golpean sus cacerolas para hacer ruído y espantar al agresor.

En estos momentos parece que hay graves disturbios en un barrio cerca de la parroquia de Saint Paul, donde vive el Arzobispo. Están agrediendo a la población porque ha habido un accidente de un coche Seleka con otro coche militar y ha habido muertos. Los Seleka quieren que, cada vez que un coche militar Seleka se esté desplazando por una calle de Bangui, todo el mundo se ponga a un lado y se pare para que puedan pasar como una flecha porque se sienten señores de todo. Hay que tener paciencia para que todas estas posturas de violencia se moderen y paren.

Quieren islamizar Centroáfrica lo más pronto posible y nosotros debemos responder con la fe, no con las armas.

Si Dios quiere, yo me iré a Bangassou dentro de unos dias con un vuelo de la Cruz Roja. Su pequeña avioneta debe llevar algunas personas operadas hace unos meses de vuelta a casa. En Bangassou los Seleka estan poniendo personas musulmanas en todos los puestos claves de la vida política y obligando a todos los comercios a pagarles una especie de «impuesto revolucionario».

Están celebrando matrimonios entre rebeldes seleka y muchachas centroafricanas (lo sabemos cuando el coro de ráfagas de ametralladora parece interminable). Se diría que quieren «inseminar» Centroáfrica para hacer nacer creyentes musulmanes, que a la larga son votos en las elecciones. Pero tambien da la impresión de que están «violando» de manera simbólica el país de Centroáfrica, como parte del botín de guerra, para demostrar que aqui mandan ellos, incluso decidiendo a quien deben fecundar.

Nosotros, desde la Iglesia católica, no podemos reaccionar más que con una resistencia pacífica, cuidando más y mejor a los pobres de nuestras comunidades, musulmanes o no, poniendo otra vez en marcha nuestros colegios católicos donde estudian alumnos de todas las religiones y ayudando a crecer nuestras comunidades en la fe, la esperanza y el evangelio. Los Seleka son el decorado que la historia nos impone en este momento. Nuestro trabajo desde hace ya muchos años de contar las lágrimas de los más pobres sigue estando en el centro del escenario. Confiando siempre en vuestra oración,

+Juan José Aguirre, Obispo de Bangassou (Centroáfrica)

 

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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