Francisco puede ayudar a resolver la crisis de los rohingya

Gobierno y ejército birmanos «parecen entusiasmados» por la visita del Papa

ECardenal de Daca: "El amor de Bangladesh debe presionar a Myanmar a reabrir sus fronteras"

Gobierno y ejército birmanos "parecen entusiasmados" por la visita del Papa
El cardenal arzobispo de Rangún, Charles Maung Bo Agencias

El amor de Bangladesh debe presionar a Myanmar a abrir sus fronteras, sus conciencias y sus corazones como para acoger en su casa a sus hermanos y hermanas, con la garantía de que se respetarán su dignidad, derechos y seguridad

(Cameron Doody).- Tanto el gobierno civil como el ejército de Myanmar «parecen entusiasmados» por la próxima visita del Papa Francisco a Myanmar y Bangladesh, según el cardenal arzobispo de Rangún, Charles Maung Bo. Hasta el punto en el que las autoridades la han calificado como una bendición para la «paz y armonía». Hay, sin embargo, algunos puntos sensibles que el purpurado ha aconsejado al pontífice a tener en cuenta durante su viaje. Sobre todo el drama que sufren los rohingya.

En declaraciones a Crux, el cardenal Bo ha sugerido, en primer lugar, que el enfoque del viaje que Francisco emprenderá a finales de este noviembre debe ser puesto firmemente en la búsqueda de una solución «duradera» y «no violenta» al conflicto con el pueblo musulmán. Pero para poder llegar a semejante solución, el Papa debe tener cuidado con al menos dos cosas, al juicio del purpurado. Una: la terminología que usa para referirse no solo al país en el que aterrizará, sino que también a la minoría musulmana del estado de Rakáin que tan intensamente ha sufrido desde que, en agosto, el ejército myanma emprendió «operaciones de limpieza» contra ellos y provocó su salida masiva al vecino Bangladesh. Y dos: que el pontífice no se olvide de la situación de las otras minorías sufrientes del país -tales como los pueblos de los kachin y los karen -que son cristianos en mayor parte y como tal, ha advertido Bo, están molestos que el pontífice no se reúna con ellos.

«El país no ha decidido sobre un único nombre», ha explicado el cardenal Bo respecto a la primera cuestión, explicando que aunque «Myanmar/Birmania es el término internacional», el primero es el nombre preferido de la junta militar, y el segundo el nombre preferido de los activistas por la paz. Lo mismo pasa, adviritió el purpurado, con el término ‘rohingya’. Si el Papa lo usa, en palabras de Bo, enfadará al pueblo, ejercito y gobierno birmanos, pero si no lo usa, enfadará a los grupos de apoyo a la minoría musulmana incendiados por los asesinatos, incendios provocados o expulsiones forzadas a los que ese pueblo ha sido expuesto.

Tal es la complejidad de la situación en Myanmar, ha declarado asimismo el cardenal Bo, que en su opinión Aung San Suu Kyi -la actual consejera de Estado del país- no se ha merecido las críticas «despiadadas» que le han lanzado a ella varios actores internacionales, sobre todo porque las operaciones contra los rohingya han sido de índole militar, y no civil, su área de competencia. Todo esto hace que la Nobel de la Paz se halla en una «situación política difícil», según Bo, ya que el ejército todavía controla gran parte del aparato del gobierno en el país.

«Su integridad y compromiso están fuera de toda sospecha», ha continuado Bo acerca de la figura de Suu Kyi, citando como prueba de esto el hecho de que ha incorporado en su gabinete tanto cristianos como musulmanes, y también su lucha contra la agenda radical de los monjes budistas nacionalistas y extremistas «que ha estado a punto de hacer tiras del tejido social». El «sacrificio» que ha hecho Suu Kyi de su vida, ha proseguido Bo -en aras de «hacer resurgir [al país] de sesenta años de desgobierno por parte de la junta» -«es un gran logro histórico». Y es por eso, finalizó el purpurado, que «en sus frágiles manos, sostiene los sueños de millones de personas de este país».

El cardenal D’Rozario: «El amor de Bangladesh debe presionar a Myanmar a reabrir sus fronteras»

Por su parte, el cardenal arzobispo de Daca, Patrick D’Rozario, también se ha referido al drama de los rohingya en otra entrevista con Crux, elogiando a su vez el hecho de que Bangladesh no solo haya abierto sus fronteras a los desplazadas desde Myanmar, sino que también «haya abierto su corazón con amor y compasión a los niños, mujeres, viejos, enfermos, heridos y hasta los miles aún no nacidos».

«Bangladesh está haciendo lo que pueda» por la minoría musulmana, añadió el purpurado bangladesí, ya que «desde su pobreza, está compartiendo la riqueza de los valores humanos, el tesoro de nuestra cultura«.

Pero eso sí, el arzobispo de Daca insistió en que el lugar más adecuado para los alrededor de medio millón de rohingya que se han visto a huir no es un campo de refugiados en Bangladesh, sino en su propio estado de Rakáin, por lo que insta a las autoridades birmanas a dejarlos volver.

«El amor de Bangladesh debe presionar a Myanmar a abrir sus fronteras, sus conciencias y sus corazones como para acoger en su casa a sus hermanos y hermanas, con la garantía de que se respetarán su dignidad, derechos y seguridad», apuntó D’Rozario.

Dicho esto, lo importante para el cardenal de Daca en la coyuntura actual «es que la caridad sea la primera y la más importante preocupación». Razón por la que señaló el purpurado que la Iglesia bangladesí -que compone solo el 0,5% de los 160 millones de población en el país- seguirá siendo «un hospital de campaña» para los rohingya desplazados, «respondiendo con urgencia» a sus «necesidades urgentes».

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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