El salesiano italiano aprendió a pilotar para socorrer a 15.000 fieles de cuarenta islas del Pacífico

Luciano Capelli, el «obispo volador» de Oceanía

"La presencia de alguien aquí solo es posible si hay un sentido que te haya traído", explica

Luciano Capelli, el "obispo volador" de Oceanía
El "obispo volador" de Oceanía, Luciano Capelli COPE

Confío en que el Señor hará florecer nuevas vocaciones y así habrá nuevos que vengan a ayudar para una evangelización más eficaz y valiente

(Cameron Doody).- La historia de la Iglesia está llena de héroes de la fe, pero hoy día pocos pueden llegar al nivel del conocido como «obispo volador» de Oceanía, Luciano Capelli. El italiano, obispo de la diócesis de Gizo en las Islas Salomón desde 2007, ha tenido que aprender a pilotar su propia avioneta para atender a sus fieles, repartidos entre una cuarentena de islas en el Océano Pacífico.

Antes de convertirse en obispo de este rincón tan recóndito del planeta, Capelli era un misionero salesiano «normal», tal y como recoge COPE. Nada más aterrizar en la diócesis de Gizo tuvo que echar mano de sus 35 años de experiencia en Filipinas, ya que las Islas Salomón se estaban recuperando de un fuerte terremoto que lo destrozó todo seis meses antes.

«Mi primera tarea era animar a la gente a reconstruir la catedral, las siete parroquias y los 12 colegios», explicó el obispo en aquel entonces. Una labor de ayuda en la que quiso profundizar después, y para la que consiguió financiación de la Conferencia Episcopal Italiana para tomar clases de vuelo y comprarse un pequeño aeroplano.

Y es que ahora, once años después, el «obispo volador» puede viajar en su avión a los rincones más perdidos de la diócesis entre tres y cinco veces al año, aprovechando sus visitas para traer a los habitantes alimentos, medicinas y otros productos de primera necesidad. ¿Por qué lo hace? No es solo porque viajar por barco sería mucho menos eficaz y más peligroso y costoso que hacerlo por avión; también es porque es algo que ha nacido de su propia vocación.«La presencia de alguien aquí solo es posible si hay un sentido que te haya traído», explica el obispo.

Pero no es que todos los problemas de la pequeña iglesia de las Islas Salomón se hayan solucionado con la intrepidez de monseñor Capelli. Esta pequeña comunidad de alrededor de 15.000 fieles entre una población de 130.000 se enfrenta también a una escasez de sacerdotes, si bien es cierto que la estrechez es temporal, ya que los dos sacerdotes nativos de entre los cuatro que había en total el obispo los ha enviado a Roma para que completen su formación.

Como siempre, no obstante, el obispo Capelli confía en Dios. «Es un sacrificio, y no de los pequeños, el privarnos del 50 por ciento del clero», reconoció el italiano hace poco. «Pero confío en que el Señor hará florecer nuevas vocaciones y así habrá nuevos que vengan a ayudar para una evangelización más eficaz y valiente». 

«Hemos estado trabajando mucho estos años con los jóvenes y las nuevas generaciones, entrenando catequistas y líderes en las comunidades», profundiza. «No tengo miedo».

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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