Moratinos y Carod assitieron a las canonizaciones

El Papa proclama los dos primeros santos españoles de su pontificado

"Establecemos que en toda la Iglesia sean devotamente honrados entre los Santos"

Establecemos que en toda la Iglesia sean devotamente honrados entre los Santos

El Papa Benedicto XVI proclamó hoy en el Vaticano cinco nuevos santos, entre ellos Francisco Coll y Guitart (1812-1875) y Rafael Arnáiz Barón (1911-1938), los dos primeros españoles que eleva a la gloria de los altares y al culto universal en su Pontificado.

Los otros santos son el belga José Damián de Veuster (1840-1889), más conocido como el Padre Damián, el apóstol de los leprosos; la monja francesa Jeanne (María de la Cruz) Jugan (1792-1879), fundadora de la Congregación de las Hermanitas de los Pobres, y el arzobispo polaco de Cracovia Segismundo Félix Felinski (1822-1895).

La proclamación se produjo en la basílica de San Pedro del Vaticano a las 10.33 horas local (08.33 GMT) durante una Misa solemne, a la que asisten los 244 obispos de todo el mundo que participan en el II Sínodo de Obispos para África que se celebra este mes en el Vaticano.

La ceremonia estaba prevista en la plaza de San Pedro, pero debido a la inclemencia del tiempo se trasladó al interior de la basílica. Más de 30.000 personas asisten, entre el templo y el recinto, a las canonizaciones.

Francisco Coll y Guitart fue un sacerdote de la Orden de los Frailes Predicadores (dominicos), misionero y fundador de la Congregación de las Dominicas de la Anunciación de la Beata Virgen María.

Nació en Gombrén (Gerona) y falleció en Vic (Barcelona). Fue beatificado por Juan Pablo II el 29 de abril de 1979.

Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938), religioso cisterciense, nació en Burgos y falleció en el monasterio de la Trapa de San Isidro de Dueñas (Palencia). Fue proclamado beato por el papa Juan Pablo II, «como modelo para todos los jóvenes del mundo», el 27 de septiembre de 1992.

La canonización de los cinco nuevos santos fue pedida al Papa por el arzobispo Angelo Amato, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, que estuvo acompañado de los Postuladores de las Causas.

Tras las lecturas de unas breves biografías de los nuevos santos y el rezo de las letanías, Benedicto XVI procedió al rito de la canonización, una larga fórmula en latín.

«Con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, después de haber reflexionado largamente, invocando muchas veces la ayuda divina y oído el parecer de numerosos hermanos en el episcopado, declaramos y definimos santos a los beatos Segismundo Félix Felinski, Francisco Coll y Guitart, Damián De Veuster, Rafael Arnáiz Barón y María de la Cruz Juga».

«Establecemos que en toda la Iglesia sean devotamente honrados entre los Santos«, agregó Joseph Ratzinger.

Una vez proclamados santos fueron portadas sendas reliquias de los cuatro al altar donde se celebra la misa, para la veneración.

A la ceremonia asiste una delegación española presidida por el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y de la que forman parte el vicepresidente de la Generalitat de Cataluña, Josep Lluis Carod Rovira, y el vicepresidente del Gobierno valenciano Juan Cotino.

También asisten la subsecretaria de Exteriores y de Cooperación, María Jesús Figa, el consejero de Educación de la Junta de Castilla y León, Juan José Mateos Otero; el presidente de la Diputación de Palencia, Enrique Martín; el de la de Burgos, Vicente Orden, y el alcalde de esa ciudad, Juan Carlos Aparicio.

Por parte de la Iglesia española asisten los cardenales Antonio María Rouco Varela (Madrid), Carlos Amigo Vallejo (Sevilla), Lluis Martínez Sistach (Barcelona), Julián Herranz (Presidente de la Comisión Disciplinaria de la Curia Romana) y Antonio Cañizares Llovera (Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos).

También asisten 32 prelados, entre arzobispos y obispos, así como representantes de las congregaciones a las que pertenecen los nuevos santos.

La delegación de Bélgica la encabezan los Reyes Alberto II y Paola; la de Francia el primer ministro, Francois Fillon, y la de Polonia el presidente, Lech Kaczynski.

En sus cuatro años de Pontificado, Benedicto XVI ha proclamado ya 573 beatos, en su mayoría españoles, y 23 santos.

Hasta ahora, el Papa Ratzinger ha celebrado siete ceremonias de canonizaciones, seis en el Vaticano y una en Brasil, en mayo de 2007.

En la homilía, el Papa recorrió la vida de cada uno de los santos y destacó el ejemplo que cada uno de ellos representa también para los cristianos de hoy en día. En particular, destacó la labor predicadora del sacerdote español Francisco Coll, quien «se dedicó con ahínco» a propagar el mensaje cristiano «por pueblos y ciudades de Cataluña».

San Francisco Coll nació en Gombrèn (Girona) el 18 de mayo de 1812. Era sacerdote profeso de la Orden de Predicadores y fundó la Congregación de las Hermanas Dominicas de la Anunciación de la Santísima Virgen María (Dominicas de la Anunciata). Murió en Vic (Barcelona) el 2 de abril de 1875. Fue beatificado en 1979 por el Papa Juan Pablo II.

«Su pasión fue predicar, en gran parte, de manera itinerante y siguiendo la forma de ‘misiones populares'», recordó el Papa, haciendo referencia a algunos datos biográficos del nuevo santo catalán. Según el Pontífice, éste «llegaba al corazón de los demás porque transmitía lo que él mimo vivía con pasión en su interior». Fue esta «pasión» la que le llevó a fundar la Congregación de las Hermanas Dominicas de la Anunciata, «con el fin de dar una educación integral a niños y jóvenes».

SAN RAFAEL ARNAIZ: EJEMPLO PARA LOS JÓVENES.

En cuanto al hermano Rafael Arnaiz, lo propuso como ejemplo de todos los jóvenes, tal y como había hecho Juan Pablo II años atrás, con ocasión de su beatificación. «Con su ejemplo y sus obras, nos sigue ofreciendo un recorrido atractivo, especialmente para los jóvenes que no se conforman con poco, sino que aspiran a la plena verdad, a la más indecible alegría», las cuales «se alcanzan por el amor de Dios», resaltó Benedicto XVI.

Fallecido a los 27 años, el hermano Rafael pertenecía a una «familia acomodada» y, como él mimo decía, era «alma un poco soñadora». Sin embargo «sus sueños no se desvanecen ante el apego a los bienes materiales», destacó el Pontífice. San Rafael Arnáiz Barón nació en Burgos el 9 de abril de 1911. Era hermano oblato de la Orden de Cistercienses de la Estricta Observancia (trapenses) y murió de diabetes en San Isidro de Dueñas (Palencia), en 1938, durante los años de la Guerra Civil. Fue beatificado por Juan Pablo II en 1992.

El Pontífice también resaltó el «testigo de la fe y de caridad pastoral» que dejó con su vida san Zygmunt Szczesny Felinski, que fue arzobispo de Varsovia en tiempos especialmente «difíciles para la nación y para la Iglesia en Polonia». «Por orden del zar ruso», este nuevo santo polaco, «pasó veinte años de exilio en Jaroslaw, en el Volga, sin poder regresar jamás a su diócesis», recordó el Pontífice.

En cuanto al belga Josef Damian de Veuster, más conocido como Padre Damián, elogió su generosidad, ya que «no sólo abandonó su patria» para «anunciar el Evangelio en otra parte del mundo, en las islas Hawai», sino que «también puso en riesgo su salud», al elegir la isla de Molokai para «ponerse al servicio de los leprosos» exponiéndose de este modo «a la enfermedad». Fue así como este misionero belga contrajo la lepra y murió entre los leprosos a los que había decidido dedicar su vida.

Finalmente, el Papa se refirió a la monja francesa Marie de la Croix Jugan, que fundó la Congregación de las pequeñas hermanas de los pobres y se entregó «a las personas ancianas más necesitadas». Benedicto XVI destacó que el «carisma» de esta santa «sigue siendo actual, puesto que muchas personas ancianas sufren múltiples condiciones de pobreza y soledad, a veces incluso abandonadas por sus familias», razón por la que propuso el ejemplo de santa Marie de la Croix a todas las personas que hoy en día se dedican a esta forma de servicio social.

MORATINOS SERÁ RECIBIDO POR EL PAPA

La delegación de autoridades española que acudió la ceremonia estuvo encabezada por el Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Miguel Angel Moratinos, que junto a los jefes de las demás delegaciones nacionales, será recibido por el Papa al final de la misa en la Capilla de la Piedad.

Por parte belga, acudió a la ceremonia su Majestad el Rey Alberto II y la Reina Paula; mientras que Polonia estuvo representada por el presidente de la República, Lech Kaczynski; y Francia, por el primer ministro, François Fillon. Debido a la conexión del Padre Damián con Hawai, también estuvo presente el embajador de Estados Unidos cerca de la Santa Sede, Miguel Humberto Díaz, y el senador de Hawai Daniel Kahikina Akaka.

Además de Moratinos, estuvieron presentes el embajador de España cerca de la Santa Sede, Francisco Vázquez, y los vicepresidentes de la Generalitat de Catalunya, Josep-Lluis Carod Rovira, y del Gobierno Valenciano, Juan G. Cotino Ferrer. Por su parte, concelebraron junto al Papa los cardenales españoles Antonio Maria Rouco Varela, Carlos Amigo Vallejo y Luis Martínez Sistach, así como varios obispos y arzobispos españoles.

Palabras del Santo Padre sobre San Rafael Arnáiz:

«A la figura del joven que presenta a Jesús sus deseos de ser algo más que un buen cumplidor de los deberes que impone la ley, volviendo al Evangelio de hoy, hace de contraluz el Hermano Rafael, hoy canonizado, fallecido a los veintisiete años como Oblato en la Trapa de San Isidro de Dueñas.

También él era de familia acomodada y, como él mismo dice, de «alma un poco soñadora», pero cuyos sueños no se desvanecen ante el apego a los bienes materiales y a otras metas que la ida del mundo propone a veces con gran insistencia. Él dijo sí a la propuesta de seguir a Jesús, de manera inmediata y decidida, sin límites ni condiciones.

De este modo, inició un camino que, desde aquel momento en que se dio cuenta en el Monasterio de que «no sabía rezar», le llevó en pocos años a las cumbres de la vida espiritual, que él relata con gran llaneza y naturalidad en numerosos escritos. El Hermano Rafael, aún cercano a nosotros, nos sigue ofreciendo con su ejemplo y sus obras un recorrido atractivo, especialmente para los jóvenes que no se conforman con poco, sino que aspiran a la plena verdad, a la más indecible alegría, que se alcanzan por el amor de Dios.

«Vida de amor… He aquí la única razón de vivir», dice el nuevo Santo. E insiste: «Del amor de Dios sale todo». Que el Señor escuche benigno una de las últimas plegarias de San Rafael Arnáiz, cuando le entregaba toda su vida, sumplicando: «Tómame a mí y date Tú al mundo«.

Que se dé para reanimar la vida interior de los cristianos de hoy. Que se dé para que sus Hermanos de la Trapa y los centros monásticos sigan siendo ese faro que hace descubrir el íntimo anhelo de Dios que Él ha puesto en cada corazón humano». (RD / Agencias)

 

 

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