CELSO MORGA, subsecretario de la Congregación del Clero

“Ser sacerdote hoy no es heroico, pero sí muy difícil”

“Los sacerdotes tienen que ser humildes, aceptar las propias limitaciones y dejarse ayuda”

“Ser sacerdote hoy no es heroico, pero sí muy difícil”
Celso Morga, secretario del Clero.

La Iglesia latina no cambiará la ley del celibato, porque en su raíz es de tradición apostólica

Siguiendo la estela de su paisano y ex camarlengo de la Iglesia, el cardenal Martínez Somalo, otro riojano acaba de llegar a un puesto relevante de la Curia romana. El Papa nombró, la pasada semana, a Celso Morga Iruzubieta , subsecretario de la Congregación del Clero, el ministerio vaticano que se ocupa de los 400.000 sacerdotes que hay en el mundo. Todavía emocionado por su «importante ascenso», que ve en clave de servicio, el padre Morga no cree que esté aumentando «el poder español en la Curia», reconoce que no es fácil ser cura hoy y cree que «la Iglesia latina no cambiará la ley del celibato, porque en su raíz es de tradición apostólica».

Pregunta.- ¿Es, sin duda, un ascenso importante en su carrera pasar de jefe de gabinete (cuarto) a subsecretario (tercero) del dicasterio del Clero?

Respuesta.- Conforme está estructurada la Congregación, sí que se puede decir que es un ascenso importante, porque el cargo entra dentro del «staff» directivo; pero en la Iglesia, conforme la quiere Cristo, la dirección es servicio. Este nuevo encargo quiero vivirlo según este espíritu.

P.- ¿Qué sintió cuando se lo comunicaron?

R.- Lógicamente, sentí alegría y deseos sinceros de servir mejor a los sacerdotes como la Iglesia lo quiere. Le estoy pidiendo al Señor que aumente en mí la «pasión por todos los sacerdotes».

P.- ¿Su nuevo cargo significa, pues, un mayor servicio a la Iglesia?

R.- Sí. Un mayor servicio a la Iglesia en este campo tan fundamental del ministerio sacerdotal, que es cada vez más apasionante, a la vez que difícil. Además, entre las competencias de la Congregación, está la catequesis y la administración de los bienes eclesiásticos.

P.- ¿Recuerda todavía su época de misionero en Latinoamérica?

R.- Estuve en la Arquidiócesis de Córdoba (Argentina) entre los años 1980 al 84 como profesor del Seminario y juez eclesiástico. Fueron años que recuerdo con mucho gusto porque estaba en esa edad de la vida sacerdotal (29-32 años) en la que sientes el deseo de cambiar el mundo, como si fuera fácil y estuviera en tus manos. Me sentí muy a gusto, muy acogido y todavía conservo muchos amigos allí. El celo misionero me viene de familia. Tengo un tío sacerdote -hoy tiene 86 años de edad y está ya retirado- que estuvo en Brasil muchos años. Para mí ha sido siempre un ejemplo de vida sacerdotal. Incluso ahora que está en casa prácticamente sin poder moverse. También tengo un sobrino que hace tres años que se ordenó sacerdote en la diócesis de Logroño.

P.- Se formó con el Opus Dei en Navarra, ¿pertenece a la Obra?

R.- Hice la licenciatura y el doctorado de derecho canónico en la Universidad de Navarra. Los recuerdos de aquella época de estudiante son óptimos. En el seminario de Logroño conocí la sociedad sacerdotal de la Santa Cruz y pedí la admisión, puesto que el Señor me hizo entender que era una ayuda estupenda para vivir fielmente mi vocación de sacerdote diocesano.

P.- ¿Están ganando poder (servicio) últimamente en la Curia los españoles, sobre todo desde el nombramiento del cardenal Cañizares como prefecto de Culto divino?

R.- En la Curia Romana se habla algo de eso, pero no tiene mucho sentido hablar así. Hoy tenemos un solo cardenal español como Prefecto de Dicasterio, que es el Cardenal Antonio Cañizares; dos secretarios (monseñor Redrado y monseñor Arrieta), cuatro subsecretarios y algunos oficiales. ¡No son tantos! Escribo de memoria. Quizás me deje alguno.

P.- ¿El clero goza de buena salud en el mundo? ¿Y en la Europa y en la España secularizadas?

R.- Pienso sinceramente que la inmensa mayoría de los sacerdotes siente la dificultad del tiempo y de la sociedad que nos toca vivir. No es fácil vivir el ministerio, como tampoco, por otra parte, la fe la fe cristiana y profesarla sin complejos. No es que haya persecución, pero sí indiferencia, visiones del mundo, que se cubren con el manto de la cultura o de la ciencia, cerradas a lo sobrenatural. Todo eso los sacerdotes lo perciben en primera línea. Después están los problemas relacionados con la vida de todos los días: dificultades de convivencia, de soledad, afectivos; problemas familiares, económicos, sobre todo en algunos países (hoy he recibido a un sacerdote de una diócesis nueva en Rusia que cobra en la nomina 7.000 rublos, unos 150 euros, y así los 32 sacerdotes de esa diócesis); con momentos mejores y momentos menos tranquilos…, Tengo que decir con sinceridad que la gran mayoría de los sacerdotes viven contentos, serenos y alegres su sacerdocio. La pregunta adivina bien, hablando en general, donde están los mayores problemas; efectivamente, son Europa y con ella España y América del Norte donde se respira particularmente este clima de secularización y, por tanto, donde el ministerio sacerdotal y las vocaciones sufren más.

P.- ¿Ser sacerdote hoy, en el mundo occidental, es heroico?

R.- No diría heroico, pero sí particularmente difícil. Hay que ser hombres de mucha fe, de visión sobrenatural de la historia y del mundo, de oración, de paciencia; hombres humildes para aceptar las propias limitaciones y dejarse ayudar por otros hermanos en la fe, sacerdotes y laicos. Muchas veces, problemas personales que parecen insolubles se solucionan con la humildad de ser sinceros y dejarse guiar. He visto a muchos sacerdotes que han recobrado la alegría de la vocación por este camino.

P.- ¿La entrada de los sacerdotes anglicanos abre una espita a la eventual revisión del celibato obligatorio o eso es algo que la Iglesia no se planteará al menos a corto y medio plazo?

R.- No he tenido tiempo de leer la Constitución apostólica hecha pública en estos días sobre los anglicanos, por haber coincidido con mi nombramiento como subsecretario. Por lo que yo sé la Iglesia latina no cambiará la dirección por lo que se refiere al celibato. Es un tema demasiado importante y serio para el bien general de la Iglesia y su extensión en el mundo; y los estudios más recientes no dejan de poner en evidencia que se trata de algo que, en su raíz, pertenece a la tradición apostólica.

P.- ¿Cómo recuperar el prestigio social que, en otras épocas, tuvo el sacerdocio en los países occidentales?

R.- A base de coherencia y seriedad en la vivencia de la propia vocación. Todo sacerdote sabe por su ADN lo que es y lo que tiene que ser, y tiene en sus manos la farmacopea para vivirlo coherentemente. Gracias a Dios, el sacerdote ha dejado de ser «la prima donna» como se diría aquí, en Italia, en muchas partes del mundo. Se trata ahora de servir a los hombres como sacerdotes en la sencillez, amando de verdad a los hombres como Cristo, no buscando el aplauso y el reconocimiento humano. En este Año Sacerdotal, ahí tenemos el ejemplo del Cura de Ars.

P.- ¿El futuro del sacerdocio está en los países de misión? ¿Misioneros de ida y vuelta?

R.- Parece que sí. Pero le diré que en estos días pasados monseñor Mauro Piacenza, secretario de la Congregación, ha predicado a 120 seminaristas de Holanda. Hace diez años, eso era sencillamente impensable. Y lo mismo ha hecho el secretario de Propaganda Fide en la región de la Bretaña con un número semejante de seminaristas de aquella región francesa. En fin, que el espíritu sopla donde quiere y cuando quiere, como dice el Evangelio.

 

 

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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