"He sido cocinero y muñidor del acuerdo de financiación de la Iglesia católica"

«Sería un inmenso error prohibir el crucifijo»

Francisco Vázquez, embajador de España ante la Santa Sede

El Vaticano es como una ONU en pequeño con una capacidad de información y de conocimiento de los problemas, sin parangón con ninguna otra potencia del mundo

«Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en el que el hombre sabe para siempre quién es» escribía Jorge Luis Borges quizás pensando en que algún día un hombre encararía ese destino deseado que, por desgracia, está vedado para la mayor parte de los mortales. Por eso aquellos que logran cumplir el sueño de llegar al punto en el que siempre quisieron estar descubren su identidad y pueden, como dijo algún día Paulo Coelho, «ser dueños de su propio destino». En ese momento saben para siempre quienes son. A Francisco Vázquez le tocó doblemente esa varita del destino que acaricia los sueños. Fue alcalde de su ciudad («lo mejor que le puede pasar a un político») y es embajador ante la Santa Sede… lo mejor que le puede pasar a un democristiano de profundas raíces. Ahora puede respirar tranquilo y pensar, al menos en su interior, aquello de que «es un hombre que ya sabe para siempre quién es».

Vive, además, las horas previas al momento más importante de la Embajada española ante la Santa Sede, con protagonismo especial para el ex alcalde de A Coruña. En dos días, coincidiendo con la Inmaculada Concepción, Benedicto XVI cumple con un rito anual de acercarse a la delegación diplomática de nuestro país, en la plaza de España, para postrarse y orar ante la columna de la Virgen que preside nuestra Embajada. Es un momento de emoción que nuestro protagonista, anfitrión del hecho, vive con especial significación, pese a que los contactos con el Santo Padre forman parte de una rutina desde que se instaló en la Ciudad Eterna.

Pero Francisco Vázquez, además, tiene estos días trabajo extra. Está volcado en que el próximo Año Santo Compostelano sea un éxito. Colabora con la Xunta de Galicia en el montaje de la megaexposición sobre la figura del arzobispo Gelmírez y ayuda a monseñor Julián Barrio en todo lo que le pide para asentar, palabra de Paco Vázquez, «el futuro de una diócesis como la de Santiago que, históricamente, junto a la de Toledo, es la más importante de España». Una pincelada más: el embajador está echando toda la carne en el asador para conseguir que el Papa viaje a Compostela coincidiendo con el Año Jacobeo. Es difícil pero torres más grandes derribó nuestro protagonista que no dudó en repasar con EL CORREO GALLEGO, vía correo electrónico, los temas de más actualidad tanto en Galicia como en España. Sin evadir más preguntas que aquellas que, por las obligaciones de su cargo, requieren ejercer de diplomático. Lo entrevistan Montse Castro y Koro Martínez en El Correo Gallego.

– Llegó hace más de tres años a la Embajada de España ante la Santa Sede, y lo hizo en un momento especialmente tenso en las relaciones entre el Gobierno de Zapatero y el Vaticano. ¿Cómo son esas relaciones en estos momentos y en qué ha cambiado la situación?

– El escenario que encontré estaba muy marcado por las primeras leyes del nuevo Gobierno, principalmente la del matrimonio de personas del mismo sexo. Hoy la situación ha cambiado en la medida en que, a lo largo de estos tres años, hemos formalizado acuerdos muy importantes como es el de la financiación o el de los profesores de religión, cuestiones muy sensibles para la Iglesia. Asimismo hay un diálogo muy intenso en materias de política internacional como es el caso de América Latina, especialmente Cuba, Oriente Medio o África, sobre todo en lo relacionado con el fenómeno migratorio.Las relaciones son muy buenas y las visitas han sido continuas, tanto de la vicepresidenta y del ministro de Asuntos Exteriores de España, como del secretario de Estado Vaticano, cardenal Bertone, a España.

– Sigue habiendo importantes puntos de desencuentro en temas como la reforma de la ley del aborto, a la que tanto la Iglesia española como el propio Vaticano se oponen. ¿Se ha puesto la Santa Sede en contacto con Vd. para transmitir algún tipo de mensaje concreto al Gobierno en esta materia?

– Yo soy un embajador que practica mucho la diplomacia personal. Quiero decir con esto que voy continuamente al Vaticano y en la Embajada me reúno constantemente tanto con responsables vaticanos como con miembros de la Iglesia española. Consiguientemente nunca se necesita transmitir un mensaje determinado ya que, permanentemente, estamos en diálogo sobre las situaciones, podríamos decir, más «conflictivas». En el aborto, la postura de la Iglesia no tiene matices. El compromiso de los católicos es siempre en defensa de la vida.

– ¿A qué atribuye el hecho de que en la última manifestación contra el aborto de Madrid el pasado mes de octubre no acudiera la Conferencia Episcopal como tal, pese a apoyar la movilización? ¿Cree que pudo haber presiones desde el Vaticano para evitara de alguna manera volver a tensar las relaciones con España?

– Los problemas se arreglan hablando y en ningún caso en manifestaciones y algaradas. El compromiso de mínimos que todos buscamos es que en España se pueda reducir sustancialmente el número de abortos, que la objeción de conciencia sea un derecho reconocido tanto en las personas como en las instituciones y, desde luego, que los padres puedan ejercer su patria potestad dejando a salvo en situaciones límites la capacidad de los menores para recabar protección o asistencia.

– Conocido públicamente su reiterado y personal rechazo al aborto como político católico que siempre se ha definido ¿cómo compatibiliza sus propias creencias con el deber de representación de un Ejecutivo que se propone llevar adelante tan importante reforma?

– En el servicio público uno necesariamente no tiene por que estar de acuerdo con todas las decisiones de los gobernantes, pero esto ocurre en todas las actividades de la vida. Yo siempre me muevo desde el campo de los principios ideológicos, esto es de los objetivos finales que se persiguen con la acción política y por tanto como católico me identifico con los valores socialdemócratas, pero siempre desde la autonomía de mi conciencia, como creo que he demostrado numerosas veces a lo largo de mi vida política.

– A nivel personal ¿qué opinión le merece la nueva ley?

– Esta pregunta se la responderé mejor cuando la ley haya pasado el actual trámite de enmiendas y, conforme a la voluntad del gobierno, se haya modificado en algunos aspectos sustanciales a través de las enmiendas presentadas por otros grupos, algo que yo espero y que confío que suceda.

– A la espera de la reforma de la ley de libertad religiosa en nuestro país, y conocida recientemente la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo sobre la supresión de los crucifijos en los colegios ¿en qué términos cree que se aprobará finalmente dicha ley, y cómo puede afectar ello nuevamente a las relaciones con el Vaticano?

– El crucifijo es algo más que un símbolo religioso. Es la principal seña de identidad de nuestra cultura y de nuestra civilización. Es la mejor de las representaciones de los valores democráticos que representan a Europa. Además tiene un indudable valor histórico y cultural. Sería un inmenso error el prohibirlo, un error tan sólo comparable al de imponerlo. Estas cuestiones nunca pueden ser un problema, se solucionan con sentido común y dejándolo a la decisión de las propias personas.

– ¿Hay ya establecidos plazos concretos para la aprobación de la ley de libertad religiosa?

Todavía no. Ni siquiera está elaborado un primer borrador. El deseo del Presidente del Gobierno es el que se apruebe en la actual legislatura.

– El tema de la aportación del Estado a la Iglesia católica, otro de los puntos conflictivos en su momento ¿se puede considerar el acuerdo alcanzado en su día sólido y duradero, o volverán a surgir pronto nuevos desencuentros entre el Gobierno socialista, impulsado por la necesidad de apoyos puntuales de sus socios, y el Vaticano?

– Permítame decirle que un acuerdo en el que he sido cocinero y muñidor, no le quepa a Vd. la menor duda, de que es un acuerdo sólido y duradero. Me limité a aplicar el sentido común propio de mi experiencia como Alcalde, esto es buscar un sistema que llevara mucho tiempo funcionando y sin problemas como era el caso del sistema italiano que fue el que nos sirvió de orientación en las negociaciones para sacarlo adelante.

– Más de tres años al frente de la Embajada ante la Santa Sede, un largo y fructífero camino en muchas materias ¿qué le queda por hacer en este puesto?

– Todavía mucho, sobre todo hacer comprender la dimensión política que tiene el Vaticano y que le da un liderazgo no sólo moral a nivel internacional de primer orden, algo que algunos de mis compañeros todavía no entienden. El Vaticano es como una ONU en pequeño con una capacidad de información y de conocimiento de los problemas, sin parangón con ninguna otra potencia del mundo. Es por tanto un partenaire imprescindible para cualquier nación que quiera tener presencia y peso en la política internacional.

– Como político ¿dónde se ve Francisco Vázquez a corto y medio plazo?

-Siempre sirviendo a España donde se considere que pueda ser útil y no lo digo como una frase redonda, sino porque con los años cada día creo con más fuerza en la bondad de la vocación política y en la firmeza de las convicciones propias.

 

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

Lo más leído