"Bon diumenge", dijo en catalán, al recordar su visita a la Sagrada Familia

El Papa recuerda su viaje de hace un año a la Barcelona del «genial» Gaudí

Benedicto XVI pide el fin de la violencia en Nigeria y da ánimos a los genoveses

En Barcelona, tuve la alegría de dedicar la Basílica de la Sagrada Familia, admirable suma de técnica, belleza y fe, que concibió el Siervo de Dios Antonio Gaudí, genial arquitecto

El Papa Benedicto XVI recordó que mañana se cumplirá un año del viaje que realizó a Barcelona para consagrar la Sagrada Familia, durante los mensajes en diferentes idiomas tras el tradicional rezo dominical del «Ángelus» en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

«Recuerdo que mañana hace un año, en Barcelona, tuve la alegría de dedicar la Basílica de la Sagrada Familia, admirable suma de técnica, belleza y fe, que concibió el Siervo de Dios Antonio Gaudí, genial arquitecto«, dijo el pontífice. Benedicto XVI deseó después en catalán «Bon diumenge», feliz domingo, a todos los peregrinos.

En su mensaje en español, añadió: «la liturgia de este día nos hace una invitación a vivir la sabiduría de la vigilancia, para entrar en el banquete eterno. El encuentro con Dios no se improvisa, es algo que debe recorrer la vida entera. A Dios le encuentran los que le buscan«.

En su viaje a España del 6 y el 7 de noviembre del año pasado, el papa visitó Santiago de Compostela con motivo de la celebración del Año Santo Xacobeo y, al día siguiente, se trasladó a Barcelona para consagrar la Sagrada Familia.

Reza por Nigeria

El Papa Benedicto XVI ha pedido este domingo por el fin de la violencia en Nigeria tras los recientes ataques perpetrados por una secta islamista que han dejado más de 60 muertos en el norte del país.

El pontífice aseguró seguir «con preocupación los trágicos episodios» que han tenido lugar en las localidades nigerianas de Maidaguri y Damaturu, donde integrantes de la secta Boko Haram acabaron el pasado viernes con la vida de al menos 65 personas en una serie de atentados.

«Rezo por las víctimas, invito a poner fin a toda violencia, que no resuelve los problemas, sino que los aumenta, sembrando odio y división también entre los creyentes», concluyó Benedicto XVI.

Da ánimos a los genoveses

El Papa Benedicto XVI ha pedido este domingo por las víctimas de las inundaciones que han asolado esta semana la localidad de Génova, que por el momento dejan al menos siete muertos y cuantiosos daños materiales.

Al término de su Ángelus dominical, el Papa rezó «por las víctimas, por sus familiares y por cuantos han sufrido graves daños» y manifestó su deseo de «que la Virgen de la Guardia sostenga a la amada población genovesa en el compromiso solidario para superar la prueba».

Según informan diversas agencias, las inundaciones en Génova han cobrado la vida de siete personas, han obligado a suspender el servicio ferroviario y el transporte público y a desviar los vuelos a Milán y Turín.

Asimismo, los servicios de energía eléctrica, conexión de Internet y otros de comunicación están suspendidos o presentan dificultades. Las autoridades han pedido a los genoveses que no salgan de sus casas para evitar posibles tragedias.

Es invencible quien cree en Dios amor

«Si quitamos a Dios, si quitamos a Cristo, el mundo cae en el vacío y la oscuridad» ha dicho Benedicto XVI en su reflexión en italiano, previa a la oración dominical del Ángelus. La vida eterna es el punto neto de diferencia entre el que cree y el que no cree, entre el que espera y el que no – dijo el Papa. «La fe en la muerte y resurrección de Cristo señala en este campo, un divide aguas decisivo».

Sin Dios el mundo cae en el vacío, también para el nihilismo contemporáneo que contagia desgraciadamente a tantos jóvenes.

El «aceite» que tienen las mujeres sabias y del que carecen las mujeres necias que esperan entrar al banquete de bodas, es el amor, explicó el Sucesor de Pedro: «Este amor es don de Cristo, infundido en nosotros por el Espíritu Santo. Quien cree en Dios-Amor lleva consigo una esperanza invencible, como una lámpara con la cual atravesar la noche más allá de la muerte, y llegar a la gran fiesta de la vida».

Texto completo de la reflexión del Papa, previa a la oración del Ángelus:

¡Queridos hermanos y hermanas!

Las Lecturas bíblicas de la liturgia de este domingo nos invitan a prolongar la reflexión sobre la vida eterna, iniciada con ocasión de la Conmemoración de todos los fieles difuntos. Sobre este punto es neta la diferencia entre quien cree y quien no cree, o, se podría igualmente decir, entre quien espera y quien no espera. De hecho san Pablo escribe a los Tesalonicenses: « No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como los otros, que no tienen esperanza.» (1 Ts 4,13). La fe en la muerte y resurrección de Jesucristo marca, también en este campo, un parteaguas decisivo. Siempre san Pablo recuerda a los cristianos de Éfeso que, antes de acoger la Buena Noticia, estaban « sin esperanza y sin Dios en el mundo» (Ef 2,12). De hecho, la religiones de los griegos, los cultos y los mitos paganos, no eran capaces de echar luz sobre el misterio de la muerte, tanto es así que una antigua inscripción decía: «In nihil ab nihilo quam cito recidimus», que significa:

« en la nada, de la nada, qué pronto recaemos». Si quitamos a Dios, si quitamos a Cristo, el mundo cae en el vacío y en la oscuridad. Y esto encuentra cotejo también en las expresiones del nihilismo contemporáneo, un nihilismo a menudo inconsciente que desgraciadamente contagia a tantos jóvenes.

El Evangelio de hoy es una célebre parábola, que habla de diez jóvenes invitadas a una fiesta de matrimonio, símbolo del Reino de los cielos, de la vida eterna (Mt 25,1-13). Es una imagen feliz, con la que Jesús enseña una verdad que nos cuestiona; de hecho, de aquellas diez jovenes: cinco entran a la fiesta, porque, a la llegada del esposo, tienen el aceite para encender sus lámparas; mientras las otras cinco se quedan afuera porque, por necias, non han traído aceite. ¿Que cosa representa este «aceite», indispensable para ser admitidos al banquete nupcial? San Agustín (cfr Discursos 93, 4) y otros antiguos autores leen un símbolo del amor, que no se puede comprar, pero que se recibe como don, se conserva en el íntimo y se practica en las obras. Verdadera sabiduría es aprovechar de la vida mortal para cumplir obras de misericordia, porque, después de la muerte, ello no será posible. Cuando seremos despertados para el juicio final, éste acontecerá sobre la base del amor practicado en la vida terrenal (cfr Mt 25,31-46). Y este amor es don de Cristo, infundido en nosotros por el Espíritu Santo. Quien cree en Dios-Amor lleva consigo una esperanza invencible, como una lámpara con la cual atravesar la noche más allá de la muerte, y llegar a la gran fiesta de la vida.

A María, Sedes Sapientiae, pidamos enseñarnos la verdadera sabiduría, aquella que se ha hecho carne en Jesús. Él es el Camino que conduce de esta vida a Dios, al Eterno. Él ha hecho conocer el rostro del Padre, y así ha donado una esperanza llena de amor. Por esto, a la Madre del Señor la Iglesia se dirige con estas palabras: «Vita, dulcedo, et spes nostra». Aprendamos de ella a vivir y morir en la esperanza que no desilusiona. (RV)

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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