Les invita a ser "pan de Amor, partido por los hombres"

El Papa pide a los Institutos Seculares «abrazar con caridad las heridas del mundo y de la Iglesia»

Su Santidad quiere "que sean creativos, porque el Espíritu construye novedades"

El Papa pide a los Institutos Seculares "abrazar con caridad las heridas del mundo y de la Iglesia"
Institutos seculares

Recuerda la Gaudium et spes, cuando afirma que "no impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna"

(RV).- Se hizo público el mensaje, firmado en nombre del Papa por el Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado vaticano, a la Señorita Ewa Kusz, Presidenta del Consejo Ejecutivo de la Conferencia Mundial de los Institutos Seculares, con ocasión del Congreso que se celebra en la ciudad italiana de Asís para tratar el tema «En escucha de Dios, en los surcos de la historia: el carácter secular habla a la consagración».

El Purpurado destaca en el Mensaje del Santo Padre que esta temática pone de relieve la identidad de los consagrados que, viviendo en el mundo la libertad interior y la plenitud del amor que derivan de los consejos evangélicos, se presentan como hombres y mujeres capaces de una mirada profunda y de buen testimonio dentro de la historia.

Y afirma que nuestro tiempo plantea a la vida y a la fe interrogantes profundos, a la vez que manifiesta el misterio del «carácter nupcial de Dios». Porque, en efecto, el Verbo, que se hizo carne, celebra las nupcias de Dios con la humanidad de toda época. El misterio escondido desde siglos en la mente del Creador del universo (cfr. Ef 3, 9) manifestándose con la encarnación, se proyecta hacia el cumplimiento futuro, si bien ya está injertado en el hoy, como fuerza redentora y unificadora.

En el Mensaje pontificio se lee que en la humanidad en camino, animados por el Espíritu Santo, pueden captar los signos discretos y a veces escondidos que indican la presencia de Dios. Y sólo en virtud de la gracia, que es don del Espíritu, pueden divisar en los senderos, con frecuencia, tortuosos de las vicisitudes humanas la orientación hacia la plenitud de la vida sobreabundante.

Un dinamismo que representa, más allá de las apariencias, el sentido verdadero de la historia según el designio de Dios. Porque como afirma el Papa, «su vocación es la de estar en el mundo asumiendo todos los pesos y anhelos con una mirada humana que coincida cada vez más con la divina, de la que surge un empeño original y peculiar, fundado en la certeza de que Dios escribe su historia de salvación en el entramado de las vicisitudes de nuestra historia.

En este sentido se recuerda que su identidad refiere también un aspecto importante de su misión en la Iglesia, a saber, ayudarla a realizar su estar en el mundo, a la luz de las palabras del Concilio Vaticano II que en la Constitución pastoral Gaudium et spes afirma que «no impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido».

En cuanto a los trabajos que están desarrollando el Cardenal Secretario de Estado escribe que el Su Santidad desea indicar tres ámbitos sobre los cuales deben dirigir su atención. En primer lugar, la entrega total de su vida como respuesta a un encuentro personal y vital con el amor de Dios. Lo que requiere una vigilancia particular, puesto que sus estilos de vida deben manifestar la riqueza, la belleza y la radicalidad de los consejos evangélicos.

En segundo lugar, la vida espiritual, punto firme e irrenunciable, referencia cierta para alimentar ese deseo de hacer unidad en Cristo que es tensión de toda la existencia de todo cristiano y, tanto más, de quien responde a una llamada total de don de sí. Puesto que sólo en Cristo, Señor de la historia, toda la historia y todas las historias encuentran sentido y unidad. De modo que en la oración y en la escucha de la Palabra de Dios deben alimentar este anhelo.

A la vez que en la celebración eucarística reencuentran la raíz del hacerse «pan de Amor, partido por los hombres». Mientras en la contemplación, en la mirada de la fe iluminada por la gracia, deben enraizar el empeño de compartir con toda mujer las preguntas profundas que habitan en cada una, para construir la esperanza y confianza.

Y, en tercer lugar, la formación, que no descuida ninguna edad, porque se trata de vivir la propia vida en plenitud, educándose a esa sabiduría que permite tener conciencia de ser criatura humana y de la grandeza del Creador. De ahí que se les pida que busquen contenidos y modalidades para una formación que los haga laicos y presbíteros capaces de dejarse interrogar ante la complejidad que el mundo atraviesa hoy, permaneciendo abiertos a las solicitudes provenientes de la relación con los hermanos que encuentren en su camino, empeñándose asimismo en un discernimiento de la historia a la luz de la Palabra de Vida.

El Papa también les pide que estén dispuestos a construir, junto a todos los buscadores de la verdad, recorridos de bien común, sin soluciones ya preparadas y sin temor a las preguntas que permanecen tales, sino capaces de poner en juego su vida, con la certeza de que el grano de trigo, que cae en la tierra, si muere produce mucho fruto (cfr. Jn 12, 24).

De la misma manera, Su Santidad les pide que sean creativos, porque el Espíritu construye novedades; que alimenten miradas capaces de futuro y raíces firmes en Cristo Señor, para saber hablar también a nuestro tiempo de la experiencia de amor que es el fundamento de la vida de todo hombre.

Y todo esto sin dejar de abrazar con caridad las heridas del mundo y de la Iglesia. Viviendo, sobre todo, una vida gozosa y plena, acogedora y capaz de perdón, porque está fundada en Jesucristo, Palabra definitiva de Amor de Dios para el hombre.

El Cardenal Bertone concluye afirmando que mientras les dirige estas reflexiones, el Sumo Pontífice les asegura, para su Congreso y su Asamblea, un recuerdo particular en la oración, invocando la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, que ha vivido en el mundo la perfecta consagración a Dios en Cristo, a la vez que otorga a los participantes la implorada Bendición Apostólica.

 

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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