"Recuerden también que la Palabra de Dios no es de su propiedad, es Palabra de Dios"

Francisco, a los nuevos sacerdotes: «Ustedes están para perdonar y no para condenar»

"No rechacéis jamás el bautismo a quien os lo pida", les advierte

Tengan siempre presente el ejemplo del Buen Pastor, que no vino para ser servido, sino para servir, y buscar y salvar lo que estaba perdido

(J. Bastante/RV).- «El confesionario sirve para perdonar, no para condenar. Ustedes están para perdonar, y no para condenar, para ser ministros de la unidad en la Iglesia». El Papa Francisco ordenó esta mañana a 19 nuevos sacerdotes en la basílica de San Pedro. En una homilía en la que improvisó con frecuencia, el Papa pidió a los nuevos presbíteros que «no se pavoneen» y les advirtió que la Iglesia debe estar abierta a todos. «No rechacéis jamás el bautismo a quien os lo pida«.

«Es feo un sacerdote que vive para gustarse a sí mismo, que se pavonea«, insistió el Papa, quien invitó a los nuevos sacerdotes a que «no hagan homilías aburridas», y que den ejemplo con su vida. «El perfume de vuestra vida será el testimonio de lo que decís; el ejemplo edifica, pero las palabras sin ejemplos son palabras vacías, son ideas que no llegan nunca al corazón y hacen mucho mal», señaló, a la vez que recordó que «la Palabra de Dios no es de su propiedad, es Palabra de Dios».

En su homilía el Obispo de Roma señaló a los nuevos sacerdotes que «ejercitando el ministerio sacerdotal serán participes de la misión de Cristo, único Maestro». Serán quienes continúen con la obra santificadora de Cristo, mediante su ministerio el sacrificio espiritual de los fieles se hará perfecto unido al de Cristo.

Asimismo el Papa les pidió «en nombre de Cristo y de la Iglesia: por favor, no se cansen de ser misericordiosos. Ustedes están para perdonar y no para condenar. Con el óleo santo darán alivio a los enfermos, y también a los ancianos: no sientan vergüenza de mostrar ternura con los ancianos».

Finalmente, les exhortó «a participar en la misión de Cristo, Cabeza y Pastor, permaneciendo unidos a sus Obispo, esfuércense por reunir a los fieles en una sola familia para conducirlos a Dios Padre, por medio de Cristo en el Espíritu Santo. Tengan siempre presente el ejemplo del Buen Pastor, que no vino para ser servido, sino para servir, y buscar y salvar lo que estaba perdido«.

«Sean Pastores, no funcionarios. Sean mediadores, no intermediarios», concluyó el Papa.

 


 

Homilía completa del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas

Ahora que estos hermanos e hijos nuestros van a ser ordenados presbíteros, conviene considerar a qué ministerio acceden en la Iglesia.

Aunque, en verdad, todo el pueblo santo de Dios es sacerdocio real en Cristo, sin embargo, nuestro sumo Sacerdote, Jesucristo, eligió algunos discípulos que en la Iglesia desempeñaran, en nombre suyo, el oficio sacerdotal para el bien de los hombres. No obstante, el Señor Jesús quiso elegir entre sus discípulos a algunos en particular, para que, ejerciendo públicamente en la Iglesia en su nombre el oficio sacerdotal en favor de todos los hombres, continuaran su misión personal de maestro, sacerdote y pastor. Él mismo, enviado por el Padre, envió a su vez a los Apóstoles por el mundo, para continuar sin interrupción su obra de Maestro, Sacerdote y Pastor por medio de ellos y de los Obispos, sus sucesores. Y los presbíteros son colaboradores de los Obispos, con quienes en unidad de sacerdocio, son llamados al servicio del Pueblo de Dios.

Después de una profunda reflexión y oración, ahora estos estos hermanos van a ser ordenados para el sacerdocio en el Orden de los presbíteros, a fin de hacer las veces de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor, por quien la Iglesia, su Cuerpo, se edifica y crece como Pueblo de Dios y templo del Espíritu Santo.

Al configurarlos con Cristo, sumo y eterno Sacerdote, y unirlos al sacerdocio de los Obispos, la Ordenación los convertirá en verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento para anunciar el Evangelio, apacentar al Pueblo de Dios y celebrar el culto divino, principalmente en el sacrificio del Señor.

A ustedes, queridos hermanos e hijos, que van a ser ordenados presbíteros, les incumbe, en la parte que les corresponde, la función de enseñar en nombre de Cristo, el Maestro. Transmitir a todos la palabra de Dios que han recibido con alegría. Recuerden a sus madres, a sus abuelas, a sus catequistas, que les han dado la Palabra de Dios, la fe… ¡el don de la fe! Les han trasmitido este don de la fe. Y al leer y meditar asiduamente la Ley del Señor, procuren creer lo que lean, enseñar lo que crean y practicar lo que enseñan. Recuerden también que la Palabra de Dios no es de su propiedad, es Palabra de Dios. Y la Iglesia es la que custodia la Palabra de Dios.

Que su enseñanza sea alimento para el Pueblo de Dios; que su vida sea un estímulo para los discípulos de Cristo, a fin de que, con su palabra y su ejemplo, se vaya edificando la casa de Dios, que es la Iglesia.

 

 

Les corresponde también la función de santificar en nombre de Cristo. Por medio de su ministerio alcanzará su plenitud el sacrificio espiritual de los fieles, que por sus manos, junto con ellos, será ofrecido sobre el altar, unido al sacrificio de Cristo, en celebración incruenta. Tengan presente lo que hacen e imiten lo que conmemoran, de tal manera que, al celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor, se esfuercen por hacer morir en ustedes el mal y procuren caminar con Él en una vida nueva.

Introducirán a los hombres en el Pueblo de Dios por el Bautismo. Perdonaran los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia por el sacramento de la Penitencia. Y hoy les pido en nombre de Cristo y de la Iglesia: Por favor, no se cansen de ser misericordiosos. A los enfermos les darán el alivio del óleo santo, y también a los ancianos: no sientan vergüenza de mostrar ternura con los ancianos. Al celebrar los ritos sagrados, al ofrecer durante el día la oración de alabanza y de súplica, serán voz del Pueblo de Dios y de toda la humanidad.

Conscientes de haber sido escogidos entre los hombres y puestos al servicio de ellos en las cosas de Dios, ejerzan con alegría perenne, llenos de verdadera caridad, el ministerio de Cristo Sacerdote, no buscando el propio interés, sino el de Jesucristo. Sean Pastores, no funcionarios. Sean mediadores, no intermediarios.

Finalmente, al participar en la misión de Cristo, Cabeza y Pastor, permaneciendo unidos a sus Obispo, esfuércense por reunir a los fieles en una sola familia para conducirlos a Dios Padre, por medio de Cristo en el Espíritu Santo. Tengan siempre presente el ejemplo del Buen Pastor, que no vino para ser servido, sino para servir, y buscar y salvar lo que estaba perdido.

 

Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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