Pide un aplauso para los abuelos, en el día de San Joaquín y Santa Ana

El Papa pide la liberación del jesuita y de los dos obispos ortodoxos secuestrados en Siria

Se inscribe el primero en la Jornada Mundial de la Juventud del próximo año en Cracovia

El Papa pide la liberación del jesuita y de los dos obispos ortodoxos secuestrados en Siria
El Papa, acompañado de dos jóvenes de la JMJ de Cracovia

¿Quién de nosotros no tiene los cinco panes y los dos peces? Si los ponemos ne manos del Señor, habrá en el mundo más justicia y más alegría

(José M. Vidal).- El Papa no quiere perder el contacto con la gente ni en vacaciones. Por eso, se sigue asomando a la cátedra de la ventana todos los domingos y pronto reiniciará las catequesis de los miércoles. En el ángelus, Francisco pidió la liberación del jesuita, de los dos obispos y de todos los secuestrados en Siria. También solicitó un apaluso para los abuelos en su día y se inscribió, el primero, en la lista de la JMJ 2016 en Cracovia.

Algunas frases del Papa antes del ángelus

«El Evangelio de la multiplicación de los panes»

«La potencia misericordiosa de Dios actúa en Cristo»

«Jesús no es un curandero. Es también un maestro»

«Los discípulos razonan en términos de mercado»

«Jesús sustituye la lógica del comprar por la lógica del dar»

«Haciendo la comunión nos encontramos con Jesús»

«La logica de Jesús es la de la gratuidad y la del compartir»

«Todos podemos dar algo»

«Compartir con los otros lo que somos y lo que tenemos»

«Jesús sacia no sólo el hambre material sino también el hambre de sentido de la vida, el hambre de Dios»

«¿Qué podemos hacer? Lamentarse no resuelve nada»

«Ofrecer lo que tenemos»

¿Quién de nosotros no tiene los cinco panes y los dos peces?»

«Si los ponemos ne manos del Señor, habrá en el mundo más justicia y más alegría»

«Qué necesaria es la alegría en el mundo»

«Que no falte jamás a nadie el pan del cielo»


Saludos del Papa después del ángelus

«Hoy se abren las inscripciones para la JMJ, que tendrá lugar, el próximo año, en Polonia»

«He querido abrir yo mismo las inscricpiones e hice venir, junto a mí, a un chico y a una chica, para qiue estén conmigo en este momento de abrir las inscipciones aquí delante de vosotros»

«Me he inscrito como peregrino en este Jornada»

«Será un Jubileo de la Juventud para reflexionar sobre el bienaventurados los misericordiosos»

Recuerda el segundo aniversario del secuestro del padre Paolo Dall’Oglio

«Hago un llamamiento insistente por la liberación de este estimado religioso.

«No olvido a los obispo ortodoxos secuestrados en Siria y todos las personas que, en las zonas de conflicto, han sido secuestradas»

«Que se les restituya la libertad a estos nuestros hermanos»

Saluda, entre otros, a los fieles de Salamanca.

Hoy, 26 de julio, la Iglesia recuerda a San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen y, por tanto, los abuelos de Jesús.

«Quiero saludar a todos los abuelos y abuelas, dandoles gracias por su preciosa presencia en las familias».

«Por todos los abuelos vivos y por todos los que nos miran desde el cielo, un aplauso».

Texto íntegro del discurso del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo (Jn 6, 1-15) presenta el gran signo de la multiplicación de los panes, en la narración del evangelista Juan. Jesús se encuentra en la orilla del lago de Galilea, y está rodeado por «una gran multitud», atraída por los «signos que hacía curando a los enfermos» (v. 2).

En Él actúa el poder misericordioso de Dios, que cura todo mal del cuerpo y del espíritu. Pero Jesús no es un sanador, es también maestro: en efecto sube al monte y se si sienta, en la típica actitud del maestro cuando enseña: sube sobre aquella «cátedra» natural creada por su Padre celestial. Llegado a este punto Jesús, que sabe bien lo que está por hacer, pone a la prueba a sus discípulos.

¿Qué hacer para dar de comer a toda aquella gente? Felipe, uno de los Doce, hace un rápido cálculo: organizando una colecta, se podrán recoger, al máximo, doscientos denarios para comprar el pan que, sin embargo, no alcanzaría para dar de comer a cinco mil personas.

Los discípulos razonan en términos de «mercado», pero Jesús, a la lógica del comprar, sustituye aquella otra lógica, la lógica del dar. Las dos lógicas, ¿no? La del comprar y la del dar. Y he aquí que Andrés, otro de los Apóstoles, hermano de Simón Pedro, presenta a un muchacho que pone a disposición todo lo que tiene: cinco panes y dos pescados; pero ciertamente – dice Andrés – son nada para aquella gente (Cfr. v. 9).

Pero Jesús esperaba precisamente esto. Ordena a los discípulos que hagan sentar a la gente, después tomó aquellos panes y aquellos pescados, dio gracias al Padre y los distribuyó (Cfr. v. 11). Estos gestos anticipan aquellos de la Última Cena, que dan al pan de Jesús su significado más verdadero.

El pan de Dios es Jesús mismo. Tomando la Comunión con Él, recibimos su vida en nosotros y llegamos a ser hijos del Padre celestial y hermanos entre nosotros. Tomando la Comunión nos encontramos con Jesús, realmente vivo y resucitado. Participar en la Eucaristía significa entrar en la lógica de Jesús, la lógica de la gratuidad, de la participación. Y por más pobres que seamos, todos podemos dar algo. «Tomar la Comunión» también significa tomar de Cristo la gracia que nos hace capaces de compartir con los demás lo que somos y lo que tenemos.

La multitud está sorprendida por el prodigio de la multiplicación de los panes; pero el don que Jesús ofrece es plenitud de vida para el hombre hambriento. Jesús sacia no sólo el hambre material, sino aquella más profunda, el hambre de sentido de la vida, el hambre de Dios.

Frente al sufrimiento, a la soledad, a la pobreza y a las dificultades de tanta gente, ¿qué podemos hacer nosotros? Lamentarse no resuelve nada, pero podemos ofrecer lo poco que tenemos. Como aquel muchacho. Ciertamente tenemos alguna hora de tiempo, algún talento, alguna competencia… ¿Quién de nosotros no tiene sus «cinco panes y dos pescados»? Todos tenemos.

Si estamos dispuestos a ponerlos en las manos del Señor, bastarán para que en el mundo haya un poco más de amor, de paz, de justicia y, sobre todo, de alegría. ¡Cuán necesaria es la alegría en el mundo! Dios es capaz de multiplicar nuestros pequeños gestos. Gestos de solidaridad y hacernos partícipes de su don.

Que nuestra oración sostenga el empeño común para que jamás falte a nadie el Pan del cielo que da la vida eterna y lo necesario para una vida diga, y para que se afirme la lógica del compartir y del amor. Que la Virgen María nos acompañe con su intercesión maternal.

 

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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