"El enemigo de la paz no es sólo la guerra, sino también la indiferencia"

Francisco: «Os deseo a todos un año de paz en la gracia del Señor, rico de misericordia»

"Descubrir el rostro de Dios hace nueva la vida, porque es un Padre enamorado del hombre"

Francisco: "Os deseo a todos un año de paz en la gracia del Señor, rico de misericordia"
Primer ángelus del nuevo año

El Señor no promete cambios mágicos. El no utiliza la varita mágica. Le gusta cambiar la realidad desde dentro, con paciencia y amor

(José M. Vidal).- Primer ángelus del nuevo año. Desde la cátedra de la ventana el Papa saluda a la multitud, que se ha congregado en San Pedro, a pesar de las alarmas terroristas. Francisco desea «a todos un año nuevo lleno de paz en la gracia del Señor, rico en misericordia» e invita a conquistar la paz, venciendo no sólo a la guerra, sino «también a la indiferencia».

Algunas frases de la catequesis del Papa

«Buenos días y buen año»

«Es bello intercambiarse buenos deseos»

«Que lo que esperamos sea un poco mejor. Es en el fondo un signo de la esperanza que nos invita a creer en la vida»

«Con el año nuevo no cambiará todo. Y muchos problemas de ayer permanecerán también mañana»

«Deseos buenos sostenidos por una esperanza real»

«Les deseo que el Señor pose su mirada sobre vosotros y que podáis gozar de Él»

«Descubrir el rostro de Dios hace nueva la vida, porque es un Padre enamorado del hombre, que no se cansa nunca de recomenzar de nuevo con nosotros. El Señor tiene paciencia con nosotros»

«El Señor no promete cambios mágicos. El no utiliza la varita mágica. Le gusta cambiar la realidad desde dentro, con paciencia y amor. Pide entrar en nuestra vida con delicadeza, como la lluvia en la tierra, para dar fruto. Y siempre nos espera y nos mira con ternura y delicadeza»

«El Señor te conceda paz. Hoy celebramos la jornada mundial de la paz, con el lema «vence la indiferencia y conquista la paz»

«La paz debe ser cultivada. No sólo debe ser conquistada»

«El enemigo de la paz no es sólo la guerra, sino también la indiferencia»

«Tenemos, gracias a Dios, mucha informiicón, pero, a veces, estamos tan sobreinformados que nos olvidamos de la realidad, de los hermanos que nos necesitan»

«Atención al prójimo es la vía para la conquista de la paz»

«La Virgen custodia las alegrías de nuestra vida y las lleva al Señor»

«Pidamos a la madre que el nuevo año crezcan la paz y la misericordia»

Saludos tras el ángelus

«Doy gracias al presidente de la República italiana por sus buenos deseos en su mensaje de fin de año.

«Expreso mi reconocimiento por las mútiples actividades de oración por la paz…Pienso en la marcha nacional realizdaa ayer en Molfetta»

«Saludo a los participantes en la manifestación Paz en toda la tierra, promovida en Roma y en muchos países por la Comunidad San Egidio»

«Seguid adelante en vuestra lucha por la paz y la concordia»

«Dirijo un cordial saludo a todos, queridos peregrinos. Pensamiento especial a los Cantores de la estrella»

«Os deseo a todos un año de paz en la gracia del Señor, rico de misericordia»

«Y no os olvidéis que, cuando os levantéis por la mñana, recordar el peso de la bencidión de Dios»

«Hoy el Señor hace resplandecer su rostro sobre mí».

«Buen año, buen apetito y, por favor, no se olviden de rezar por mí».


Texto completo de las palabras del Papa antes del rezo del Ángelus:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz año!

Al inicio del año es hermoso intercambiarse las felicitaciones. Renovamos así, unos a otros, el deseo que aquello que nos espera sea un poco mejor. Es en fondo, un signo de la esperanza que nos anima y nos invita a creer en la vida. Pero sabemos que con el año nuevo no cambiará todo, y que tantos problemas de ayer permanecerán también mañana. Entonces quisiera dirigir un deseo sostenido de una esperanza real, que traigo de la Liturgia de hoy.

Son las palabras con las cuales el Señor mismo pide bendecir su pueblo: «El Señor haga resplandecer para ti su rostro […]. El Señor dirija a ti su rostro» (Nm 6,25-26). También yo les deseo esto: que el Señor ponga su mirada sobre ustedes y que puedan alegrarse, sabiendo que cada día su rostro misericordioso, más brillante que el sol, resplandece sobre ustedes y ¡no se oculta nunca! Descubrir el rostro de Dios hace nueva la vida. Porque es un Padre enamorado del hombre, que no se cansa nunca de recomenzar del inicio con nosotros para reencontrarnos. El Señor tiene una paciencia con nosotros, no se cansa nunca de recomenzar desde el inicio cada vez que nosotros caemos. Pero no promete cambios mágicos, Él no usa la vara mágica. Ama cambiar la realidad desde dentro, con paciencia y amor; pide entrar en nuestra vida con delicadeza, como la lluvia en la tierra, para llevar fruto. Y siempre nos espera y nos mira con ternura. Cada mañana, al despertar, podemos decir: «Hoy el Señor hace resplandecer su rostro sobre mí». Hermosa oración que es una realidad.

La bendición bíblica continúa así: «[El Señor] te conceda paz» (v. 26). Hoy celebramos la Jornada Mundial de la Paz, que tiene por tema: «Vence la indiferencia y conquista la paz». La paz, que Dios Padre desea sembrar en el mundo, debe ser cultivada por nosotros. No sólo, debe ser también «conquistada». Esto implica una verdadera lucha, una lucha espiritual que tiene lugar en nuestro corazón. Porque enemiga de la paz no es sólo la guerra, sino también la indiferencia, que hace pensar sólo a sí mismos para crear muros, sospechas, miedos y cerrazones. Estas cosas son enemigas de la paz. Tenemos, gracias a Dios, tantas informaciones; pero a veces estamos tan sumergidos de noticias que nos distraemos de la realidad, del hermano y de la hermana que necesitan de nosotros. Comencemos a abrir el corazón, despertando la atención hacia el prójimo, a quien es más cercano. Este es el camino para la conquista de la paz.

Nos ayude en esto la reina de la Paz, la Madre de Dios, de quien hoy celebramos la solemnidad. El Evangelio de hoy afirma que Ella «guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2,19). ¿De qué cosas se trata? Ciertamente de la alegría por el nacimiento de Jesús, pero también de las dificultades que había encontrado: había tenido que colocar a su Hijo en un pesebre porque «para ellos no había lugar en el alojamiento» (v. 7), y el futuro era muy incierto. Las esperanzas y las preocupaciones, la gratuidad y los problemas: todo aquello que sucedía en la vida se transformaba, en el corazón de María, en oración, diálogo con Dios. He aquí el secreto de la Madre de Dios. Y ella hace así también con nosotros: guarda las alegrías y desata los nudos de nuestra vida, llevándolos al Señor.

Esta tarde iré a la Basílica de Santa María La Mayor para la apertura de la Puerta Santa. Encomendamos a la Madre el año nuevo, para que crezcan la paz y la misericordia.

 

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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