"Necesitamos que los cristianos testimonien con alegría el Evangelio"

El Papa pide que Dios «convierta el corazón de los violentos cegado por el odio»

Dice a los jóvenes que no tengan miedo y lleven a los demás "la llama del celo apostólico"

El Papa pide que Dios "convierta el corazón de los violentos cegado por el odio"
Papa, en la ventana

Abandonar cualquier motivo de carrierismo, fama o poder. La misión requiere tanta generosidad y el corazón hacia lo Alto, para invocar la ayuda del Señor"

(José M. Vidal).- Primer ángelus del mes de julio. Francisco, de vacaciones a su manera y un poco constipado, sale a la cátedra de la ventana. Y, desde ella, recuerda a las víctimas de los atentados de Daca y Bagdad, y pide a Dios que convierta el «corazón de los violentos, cegados por el odio». También invita a los jóvenes a consagrarse a Dios, sin miedo. Y a los cristianos, a dar testimonio del Evangelio con alegría.

Algunas frases de la catequesis del Papa

«Es necesario invocar a Dios, el Señor de la mies, para que mande operarios a su mies»

«Son los misioneros del Reino de Dios»

«Su misión es anunciar el mensaje de salvación para todos»

«No sólo los misioneros que van lejos, también nosotros todos»

«Y éste es el don que nos da Jesús con el Espíritu Santo»

«Jesús nos ha acercado Dios a nosotros. En Jesús, Dios reina en medio de nosotros y su amor misericordioso vence el pecado y la miseria humana»

«Ésta es la buena noticia, que los obreros deben llevar a todos»

«El Reino de Dios se construye día a día»

«Es bello construir día a día el Reino de Dios que se va haciendo. No destruir, construir»

«Os mando como corderos en medio de lobos. Clarísima, la hostilidad hacia los cristianos»

«Jesús sabe que la misión es obstaculizada por la obra del Maligno»

«Abandonar cualquier motivo de carrierismo, fama o poder»

«La misión requiere tanta generosidad y el corazón hacia lo Alto, para invocar la ayuda del Señor»

«Necesitamos que los cristianos testimonien con alegría el Evangelio»

«Esta expresión me hace pensar en cuánto la Iglesia se alegra, cuando sus hijos reciben la Buena noticia gracias a tantos hombres y mujeres que, día a día, anuncian el Evangelio»

«¿Cuántos de vosotros, jóvenes, que estáis aquí presentes, sentís la llamada del Señor a seguirlo? No tengáis miedo y sed valientes, para llevar a los demás la llama del celo apostólico»

Saludos después del ángelus

«Expreso mi cercanía a los familiares de las víctimas y de los heridos del atentado que tuvo lugar ayer a Daca y al que tuvo lugar en Bagdad. Recemo sjuntos».

«Recemos por ellos, por los difuntos y pidamos al Señor que convierta el corazón de los violentos, cegados por el odio»

«El próximo miércoles celebraremos la memoria de Santa María Goretti, la chica mártir, que, antes de morir, perdonó a sus asesinos. Esta chica valiente merece el aplauso de toda la Plaza»

 

Texto completo de las palabras del Papa:

«Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

La página evangélica de hoy, tomada del décimo capítulo del Evangelio de Lucas (1-12 17-20), nos hace comprender cuán necesario es invocar a Dios «el Señor de la mies, para que envíe obreros para su mies» (2). Los ‘obreros’ de los que habla Jesús son los misioneros del Reino de Dios, a los que Él mismo llamaba y enviaba «de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde Él debía ir». (1) Su tarea es anunciar un mensaje de salvación dirigido a todos los misioneros, que anuncian siempre un mensaje de salvación a todos, no sólo a los misioneros que van lejos, también nosotros misioneros cristianos que decimos una palabra buena de salvación. Y éste es el don que nos da Jesús con el Espíritu Santo. Y este anuncio es el de decir: «El Reino de Dios está cerca de ustedes». (9). En efecto, Jesús ha «acercado» a Dios a nosotros; en Jesús, Dios reina en medio de nosotros, su amor misericordioso vence el pecado y la miseria humana.

Y ésta es la Buena Noticia que los «obreros» deben llevar a todos: un mensaje de esperanza y de consolación, de paz y de caridad. Jesús, cuando envía a sus discípulos para que lo precedan en las aldeas, les recomienda: «Digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!»… «Curen a sus enfermos» (5 y 9) Todo ello quiere decir que el Reino de Dios se construye día a día y ofrece ya en esta tierra sus frutos de conversión, de purificación, de amor y de consolación entre los hombres. Es una cosa linda ¡eh! Construir día tras día este Reino de Dios que se va haciendo. No destruir, construir.

¿Con qué espíritu el discípulo de Jesús deberá desarrollar esta misión? Ante todo, deberá tener conciencia de la realidad difícil y a veces hostil que le espera. Pero Jesús no ahorra palabras sobre esto ¡eh! Jesús dice: «Yo los envío como a ovejas en medio de lobos» (3), clarísimo. La hostilidad que está desde siempre, desde el comienzo de las persecuciones de los cristianos, porque Jesús sabe que la misión está obstaculizada por la obra del maligno. Por ello, el obrero del Evangelio se esforzará en estar libre de condicionamientos humanos de todo tipo, no llevando ni dinero, ni alforja, ni calzado (cfr 4), como ha recomendado Jesús, para confiar sólo en el poder de la Cruz de Cristo. Ello significa abandonar todo motivo de vanagloria personal, de arribismo, de fama, de poder, y ser instrumentos humildes de la salvación obrada por el sacrificio de Jesús, muerto y resucitado por nosotros».

La misión del cristiano en el mundo es una misión estupenda, es una misión destinada a todos, una misión de servicio sin excluir a nadie; requiere tanta generosidad y sobre todo elevar la mirada y el corazón, para invocar la ayuda del Señor. Hay tanta necesidad de cristianos que testimonien con alegría el Evangelio en la vida de cada día. Los discípulos enviados por Jesús «volvieron llenos de alegría (17). Cuando hacemos esto, el corazón se llena de alegría. Y esta expresión me hace pensar en cómo se alegra la Iglesia, se alegra cuando sus hijos reciben la Buena Noticia gracias a la dedición de tantos hombres y mujeres que cotidianamente anuncian el Evangelio: sacerdotes, esos párrocos buenos que todos conocemos, religiosas, consagradas, misioneras, misioneros, y me pregunto, escuchen la pregunta: ¿cuántos de ustedes jóvenes, que ahora están presentes, hoy, en la plaza, perciben la llamada del Señor a seguirlo? ¡No tengan miedo! Sean valientes y lleven a los otros esta antorcha del celo apostólico que nos ha sido dada por estos ejemplares discípulos.

Roguemos al Señor, por intercesión de la Virgen María, para que no falten nunca a la Iglesia corazones generosos, que trabajen para llevar a todos el amor y la ternura del Padre celeste».

 

Texto completo del saludo del Papa

Queridos hermanos y hermanas,

Expreso mi cercanía a los familiares de las víctimas y de los heridos del atentado sucedido ayer en Dacca y también del sucedido en Bagdad. Recemos juntos. Recemos juntos por ellos, por los difuntos y pidamos al Señor para convertir el corazón de los violentos cegados por el odio. (Ave María…)

Les saludo a todos ustedes, fieles de Roma y peregrinos llegados desde Italia y desde diversos países. En particular al grupo de Bérgamo (Italia) guiado por el Obispo. Los bergamascos no han escatimado en la pancarta, ¿eh? ¡Se ve bien! A aquellos de Braganza- Miranda (Portugal); las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón que vienen desde Corea con algunos fieles; los jóvenes de Ibiza que se preparan para la confirmación; y el grupo de peregrinos venezolanos. También querría saludar a mis connacionales de La Rioja, del Chilecito: se ve bien la bandera ahí, ¡eh!

Saludo a algunos peregrinos especiales, bajo el amparo de la Misericordia: a los fieles de Ascoli Piceno, llegados a pie por la vía Salaria antigua; a los socios de la Federación Italiana de Turismo Ecuestre, llegados a caballo, algunos incluso desde Cracovia; y aquel en bicicleta y motocicleta desde Cardito (Nápoles).

Saludo finalmente a la Asociación «Migas de esperanza de Carla Zichetti», la Familia Camiliana Laica, la Escuela materna de Verdellino, y los muchachos de Albino y Desenzano, y aquellos de Sassari.

En el Año Santo de la Misericordia me agrada recordar que el próximo miércoles celebraremos la memoria de santa María Goretti, la muchacha mártir que antes de morir perdonó a su asesino. Esta valiente muchacha merece un aplauso de toda la plaza, ¡eh!

Y a todos les deseo un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí.

¡Buen almuerzo y hasta la vista!

 

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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