Se cumplen cinco años de la histórica salida de Ratzinger del Vaticano

«Sigamos adelante, con el Señor, por el bien de la Iglesia y del mundo»

Benedicto XVI se recluyó en Castelgandolfo hasta la elección de Francisco

"Sigamos adelante, con el Señor, por el bien de la Iglesia y del mundo"
La última imagen de Benedicto XVI como Papa en ejercicio RD

Entre vosotros está el futuro Papa, al que prometo reverencia y obediencia incondicionales

(Jesús Bastante).- «Me siento muy apoyado por vuestra simpatía. Sigamos adelante, con el Señor, por el bien de la Iglesia y del mundo. Gracias». A las ocho de esta tarde se cumplen 5 años del histórico momento en que Benedicto XVI aterrizaba en Castelgandolfo, después de una espectacular salida -retransmitida a todo el mundo- en helicóptero sobrevolando la basílica de San Pedro, y se despedía de los fieles desde el balcón de la residencia veraniega de los papas.

«Gracias por vuestro amor y cercanía. Que experimentéis siempre la alegría de tener a Cristo como el centro de vuestra vida«, fue su último tuit. Pero desde que el 11 de febrero anunciara su decisión de renunciar, convulsionando la Iglesia, Ratzinger fue explicando algunas de las razones de su decisión.

Por primera vez en siglos (el anterior ejemplo fue el del Papa ermitaño, san Celestino V), un Pontífice se retiraba, dejando el paso a otro. «Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino«, señalaba el Papa alemán en su renuncia oficial.

«Si Dios me pide esto, es para que pueda continuar sirviendo a la Iglesia con la misma dedicación y el mismo amor con que he tratado de hacerlo hasta ahora, pero de un modo más adecuado a mi edad y a mis fuerzas», subrayaba el 24 de febrero, en su último Angelus.

 

 

En los días siguientes, Ratzinger denunciaba cómo «el sufrimiento y la corrupción son el mal de este mundo«, en lo que algunos vieron las auténticas causas de la renuncia papal. En aquellas semanas, el escándalo de los ‘cuervos’ del Vaticano, sumado al fin de una investigación encargada por el Pontífice a tres cardenales, y cuyos grandes ejes pudieron ser conocidos por los participantes en el Cónclave, habían precipitado los acontecimientos.

De hecho, en su despedida a los cardenales (todos se encontraban en Roma cuando el 28 de febrero Ratzinger se marchó definitivamente), Benedicto subrayaba cómo «entre vosotros está el futuro Papa, al que prometo reverencia y obediencia incondicionales«. Algo que ha cumplido a rajatabla, pese a que muchos, durante mucho tiempo, han intentado utilizar la figura del Papa emérito para enfrentarlo con Francisco.

 

 

Eso sí, Ratzinger dejó claro, en su última audiencia general, que «no regreso a la vida privada ni abandono la Cruz«, tal y como algunos le habían acusado. «Ha habido momentos en los que las aguas estaban agitadas y el viento soplaba en contra, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir», admitía.

Cinco años después, muchas cosas han cambiado. Las presencias de Ratzinger han sido contadas y, casi siempre, acompañando a Francisco en nombramientos cardenalicios o en la histórica ceremonia de los ‘cuatro papas’, en las que se beatificó a Pablo VI y se canonizó a Juan Pablo II.

Benedicto XVI ha seguido escribiendo y recibiendo a fieles, profesores y compañeros de estudios, siempre acompañado por su fiel George Ganswein, sin decir una palabra más alta que otra, únicamente para resaltar su promesa de ser fiel a su sucesor al frente de la cátedra de San Pedro.

A sus casi 91 años, Benedicto se ‘despedía’ hace pocas semanas, en una sincera carta al Corriere della Sera, en la que admitía estar preparado para la muerte: «Sólo puedo decir que con el lento deterioro de mis fuerzas físicas, interiormente estoy en un peregrinaje hacia mi hogar«.

 

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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