Francisco ora ante el cuerpo incorrupto de San Pío de Pietrelcina

«Quien cuida a los pequeños, se acerca a Dios: es una profecía de vida contra los profetas de muerte»

"Ven, el Señor te espera. No hay ningún motivo tan grave que te excluya de su misericordia"

"Quien cuida a los pequeños, se acerca a Dios: es una profecía de vida contra los profetas de muerte"
Francisco ora ante la urna de San Pío de Pietrelcina Vatican News

Muchos están dispuestos a poner un 'me gusta' sobre la vida de los grandes santos. Pero quién hace lo mismo. La vida cristiana no es un 'me gusta', es un 'me doy'

(Jesús Bastante).- «Ven, el Señor te espera. No hay ningún motivo tan grave que te excluya de su misericordia«. Concluye la visita del Papa Francisco a Pietrelcina. Una visita exprés, pero intensa, con varios momentos emocionantes, desde la oración de Bergoglio ante el cuerpo incorrupto de San Pío, o la visita a los enfermos de la «Casa de Alivio del Sufrimiento».

Allí, el Papa repartió besos y abrazos, se hizo selfies con los niños e, incluso, estampó su firma en una inmensa manta que los chicos y chicas habían preparado en una habitación y en la que, entre dibujos y firmas, alguien había dibujado una cara del Papa. «Somos iguales, ¿no es cierto?«, dijo, entre risas, Bergoglio.

Muchos de estos pequeños sufren el mayor de los sufrimientos, ya sea en forma de cáncer, enfermedades hematológicas o discapacidad. A ellos quiso dedicar Francisco buena parte de la homilía en el santuario, denunciando la «cultura del descarte» que, como en la antigua Esparta «tira a los niños que no sirven». Frente a ello, planteó «una profecía de vida contra los profetas de muerte de cada tiempo».

 

 

Antes, Francisco visitó la iglesia de san Giovanni Rotondo, y las reliquias de San Pío de Pietrelcina, en el centenario de la aparición de los estigmas y el 50 aniversario de su muerte. En un intenso momento de oración, el Papa besó el crucifijo de los estigmas y colocó una estola sobre la urna funeraria del santo.

En su homilía, Bergoglio tomó tres palabras del Evangelio: «Oración, pequeñez y sabiduría«. En cuanto a la primera, el Papa destacó cómo «el Evangelio nos presenta a un Jesús que reza». «A Jesús la oración le surgía de forma espontánea», recordó Francisco, quien añadió cómo «los discípulos descubrieron así cómo la oración era importante. Hasta que un día le preguntaron: Señor, enséñanos a orar«.

«Si queremos imitar a Jesús, comencemos por donde él comenzaba. Podemos preguntarnos: ¿los cristianos rezamos lo suficiente? Con frecuencia, en el momento de rezar, vienen a la mente tantas cosas urgentes», lamentó Francisco, quien admitió que «a veces se deja de un lado la oración, presos de un activismo que la hace incompleta».

«Jesús, en el Evangelio, muestra también cómo se reza», subrayó. «No comienza pidiendo cosas, sino diciendo: ‘Te bendigo padre'». Y es que «no se conoce al Padre sin adorar». «Retomemos la oración de alabanza, un contacto personal, de tú a tú, con el Señor, el secreto para entrar en comunión con él», pidió el Papa.

 

 

«Nuestras oraciones, ¿se parecen a aquella de Jesús o se reducen a llamadas de emergencia?«, se preguntó. «¿Cuando no tenemos necesidad, qué hacemos? La oración es un gesto de amor, es estar con Dios, es una indispensable obra de misericordia espiritual». «Preguntémonos -concluyó esta parte-, ¿yo rezo?. Y cuando rezo, ¿sé alabar, dé adorar, sé poner mi vida y la de la gente delante de Dios?».

En segundo lugar, el Papa habló de la pequeñez, señalando cómo «Jesús ha revelado el misterio de Dios a los más pequeños», a los que «tienen necesidades grandes, que no son autosuficientes ni creen que se bastan por sí solos». Pequeños, prosiguió el Santo Padre, «son aquellos que tienen el corazón humilde y abierto, pobre y necesitado, que tienen la necesidad de rezar, de dejarse acompañar.»

«Su corazón es como una antena que capta enseguida la señal de Dios», añadió. Porque «Dios busca el contacto con todos, pero quien se cree grande crea una enorme interferencia, y no llega la voluntad de Dios. Cuando se está lleno de uno mismo, no hay lugar para Dios».

Es por esto que «Dios prefiere a los pequeños, y el camino para encontrarse es ‘abajarse’, reconocerse necesitados», pues «el misterio de Jesucristo es un misterio de pequeñeces». «¿Sabemos encontrar a Dios allí donde Él está?», preguntó el Papa, recordando el sanatorio que había visitado con anterioridad. «En el enfermo se encuentra a Jesús, y en el cuidado amoroso de los que se inclinan sobre las heridas del prójimo está el camino para encontrar a Jesús. Quien cuida a los pequeños, se acerca a Dios, y vence a la cultura del descarte, que prefiere a los poderosos y considera inútiles a los pobres».

 

 

«Esta opción es una profecía de vida contra los profetas de muerte de cada tiempo», denunció el Papa. «También hoy la gente descarta: descarta a los niños, a los ancianos, porque no sirven». Bergoglio recordó la historia de los espartanos que le contaban en la escuela, aquella que relataba cómo «tiraban a los niños que no servían».

«Hoy, nosotros hacemos lo mismo, con más crueldad. Aquello que no sirve, se descarta. Esa es la cultura del descarte: por eso Jesús fue dejado a un lado».

En tercer lugar, la sabiduría. «No es sabio quien se muestra fuerte y responde al mal con el mal», advirtió Francisco, quien añadió que «la única arma invencible es la caridad, potenciada por la fe, porque tiene la fuerza de desarmar el mal».

«San Pío combatió el mal durante toda su vida, y lo hizo con sabiduría, ofreciendo el dolor con amor, con la cruz», una tarea complicada. «Todos lo admiran, pero pocos hacen lo mismo. Muchos hablan bien, pero ¿cuántos lo imitan?».

«Muchos están dispuestos a poner un ‘me gusta’ sobre la vida de los grandes santos. Pero quién hace lo mismo. La vida cristiana no es un ‘me gusta’, es un ‘me doy'», concluyó, recordando una de las frases claves del Evangelio, de la sabiduría de Jesús. «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados. ¿Quien puede sentirse excluido de este ofrecimiento? ¿Quién no se siente cansado o agobiado?«.

 

Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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