"Dios no sabe hacer un anuncio sin sorprendernos", afirma Francisco en la Misa de Resurrección

«Jesús ha resucitado. ¿Y yo qué? ¿Tengo el corazón abierto a las sorpresas de Dios?»

"El anuncio de Dios siempre es una sorpresa, porque nuestro Dios es el dios de las sorpresas"

"Jesús ha resucitado. ¿Y yo qué? ¿Tengo el corazón abierto a las sorpresas de Dios?"
"El anuncio de Dios siempre es una sorpresa, porque nuestro Dios es el dios de las sorpresas" Osservatore Romano

El anuncio hecho sorpresa, la carera, andar deprisa, y la pregunta: ¿Y yo, hoy, en esta Pascua de 2018, yo qué? ¿Tú qué? ¿Tú qué? ¿Yo qué?

(Jesús Bastante).- Domingo de Resurrección. Un día soleado en Roma, con la plaza de San Pedro decorada para la ocasión, con más de 50.000 flores y plantas de jardín ordenadas por una treintena de floristas holandeses. Como en las grandes ocasiones, el altar se coloca ante la entrada de la basílica. Decenas de cardenales, más de un centenar de obispos y decenas de miles de fieles asistieron a la misa de Pascua, presidida por el Papa Francisco.

Aunque no estaba prevista una homilía, tras la lectura del Evangelio, en latín y griego, Francisco improvisó unas palabras, en torno a tres ideas: el anuncio, «que es una sorpresa»; la respuesta, la prisa; y la pregunta: «¿Y yo qué? ¿Tengo el corazón abierto a las sorpresas de Dios?«.

«Hay un anuncio: el Señor ha resucitado», arrancó Bergoglio. Unas palabras «que eran el saludo desde los primeros momentos de los cristianos», y que el Evangelio refleja en las mujeres «que fueron a ungir el cuerpo del Señor. Se han encontrado delante una sorpresa, la sorpresa». Porque, apuntó el Papa, «el anuncio de Dios siempre es una sorpresa, porque nuestro Dios es el dios de las sorpresas».

 

 

El anuncio, y la sorpresa, son una constante en la historia de la Salvación, desde Abraham. «Siempre hay una sorpresa detrás de otra -apuntó el Papa-. Dios no sabe hacer un anuncio sin sorprendernos. Y la sorpresa es eso que te toca el corazón, allí donde no lo esperabas». Usando «el lenguaje de los jóvenes», Francisco apuntó que «la sorpresa es un golpe bajo, no te lo esperas. Dios te conmueve».

Tras la sorpresa, la prisa. «Las mujeres salen corriendo a decir lo que han encontrado. Las sorpresas de Dios nos ponen rápidamente en camino, sin esperar«, señaló Francisco. También corrieron Pedro y Juan, señaló, y los pastores en la noche de Navidad. Y la Samaritana. «La gente corre, deja lo que está haciendo, las amas de casa dejan las patatas en la olla, aunque se quemen… porque lo importante es ir a ver la sorpresa, el anuncio».

«Hoy, cuando en nuestros barrios, en nuestros pueblos, sucede algo extraordinario, la gente corre a ver, va deprisa», añadió Bergoglio. «La Buena Noticia se da siempre así, con prisas», apuntó, aunque admitió que «en el Evangelio hay uno que se toma su tiempo, no quiere arriesgar. El Señor es bueno, y lo espera con amor: Tomás», que dijo que sólo creería cuando viera las llagas. «El Señor tiene paciencia con aquellos que no van rápidamente«.

La tercera palabra, es una pregunta. «¿Y yo qué? ¿Tengo el corazón abierto a las sorpresas de Dios? ¿Soy capaz de caminar rápidamente, con prisa, o voy con esa cantinela de ‘mañana iré’… para lo mismo decir mañana? ¿Qué me dice a mí la sorpresa?»

«Juan y Pedro fueron corriendo al sepulcro. Juan, en el Evangelio, dice que cree, y también Pedro, creyó también, pero a su modo, con la fe mezclada con el remordimiento de haber negado al Señor», concluyó el Papa. «El anuncio hecho sorpresa, la carera, andar deprisa, y la pregunta: ¿Y yo, hoy, en esta Pascua de 2018, yo qué? ¿Tú qué? ¿Tú qué? ¿Yo qué?».

 

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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