El Papa visita Palermo en el 25 aniversario del asesinato del beato Pino Puglisi

Francisco, en la cuna del primer mártir de la mafia

Alessando D'Avenia: "El Papa y don Pino tenían en común la revolución de la ternura"

Francisco, en la cuna del primer mártir de la mafia
Don Puglisi, beato

Él decía: "¿Al final qué me van a hacer? Sólo soy un pobre sacerdote. ‘A lo sumo pueden matarme’, y lo decía sonriendo, casi bromeando". Al final, la profecía se cumplió. Pero su muerte no fue en vano

(Jesús Bastante).- Francisco llega este sábado a Palermo. Una visita llena de gestos y de emociones encontradas, con un gran protagonista. El padre Pino Puglisi, el primer sacerdote mártir de la mafia, asesinado hace hoy justo 25 años, el 15 de septiembre de 1993, cuando acudía a la escuela de Brancaccio a impartir sus clases.

Bergoglio es, quizá, el Papa que más fuerte ha golpeado a la camorra, a la mafia siciliana. Ha tildado sus delitos de pecado mortal, y les ha señalado como excomulgados. En Palermo, Francisco repetirá este mensaje, con un ejemplo de vida claro, y muy cercano. Son muchos los habitantes de esta ciudad que conocieron, y que aún recuerdan, al padre Pino. Que hablan de su trabajo con los chavales, de la oportunidad que les abrió para salir del infierno que suponía la mafia, y encontrar otras vías de escape. En la educación, en la poesía, en la solidaridad con los más pobres.

«Por eso lo mataron» responde, rotundo, el escritor Alessandro D’Avenia. «Porque arrebataba a los chicos a la mafia y se los entregaba a la sociedad, les daba esperanza». El afamado autor italiano, que se encuentra en España presentando ‘Lo que el Infierno no es’ (Esfera de los Libros), una novela basada en su adolescencia en Brancaccio, fue alumno de Puglisi. Y esa fatídica mañana del 15 de septiembre lo esperó, en vano. Un sicario le había abierto la cabeza de un disparo.

 

Tumba del padre Puglisi en Palermo

 

«El hombre que lo mató acabó convirtiéndose al recordar cómo don Pino lo miró y sonrió. ‘Lo estaba esperando’, fue lo último que dijo», relata D’Avenia. «Para la mafia, era un hombre peligroso, porque rompía el mecanismo del silencio, de la ‘omertá’ y rompía las redes del ejército mafioso», explica. «Eso era tan peligroso como lo que hacían los jueces Falcone o Borselino».

Francisco llega a la cuna de don Pino, un hombre que, como Francisco, «puso en marcha la revolución de la misericordia, que no es otra cosa que la revolución de la ternura». Para D’Avenia, «hoy la mafia sigue campando a sus anchas, pero en el barrio ha cambiado todo, porque los chicos saben que tienen alternativas».

¿Qué dirá Francisco? «No lo sé -reconoce el escritor-, pero sólo el hecho de venir lo dice todo. Aquí tenemos un modelo de Iglesia para el futuro, porque el padre Pino es un beato mártir del siglo XX, y el Papa lo propone para el XXI». «Hoy, que oímos hablar de sacerdotes y pensamos enseguida en los abusos…. aquí hay otro rostro de la Iglesia»

Un mártir «no solo de la fe, sino de la caridad», porque «no fue asesinado en odio a la fe, sino por odio a las personas a las que él amaba», concluye D’Avenia, quien afirma, convencido, que Pino Puglisi «no es un santo solamente para la Iglesia, es un empuje para la sociedad civil, porque nos enseña a hacernos responsables de las vidas que tenemos enfrente».

 


Alessandro D’Avenia

 

Por su parte, Francesco Puglisi, hermano de don Pino, subraya que «la visita del Papa Francisco, en el 25 aniversario de mi hermano, es para la familia una gran alegría, nos llena de orgullo y de emoción. Estamos esperando esta visita que es casi inesperada para nosotros».

«A veces me preguntan a mí, a mi hermano Gaetano, a nuestras esposas, a nuestros hijos, si alguna vez nos hemos dado cuenta de que tenemos un santo en la familia, la respuesta es: ‘absolutamente no’. Cuando nací, último de cuatro hijos, mi hermano Pino ya estaba allí. Y para mí fue siempre el mismo, coherente con su carácter: tanto antes como después de ser sacerdote», resalta su hermano.

«Mi hermano había sido amenazado varias veces por la mafia. Pero con nosotros familiares no hablaba de ello o minimizaba la cosa. Cuando nos enterábamos, a través de la prensa, de las amenazas que había sufrido, nos decía que no era nada, que no nos preocupáramos. Él decía: «¿Al final qué me van a hacer? Sólo soy un pobre sacerdote. ‘A lo sumo pueden matarme’, y lo decía sonriendo, casi bromeando».

Al final, la profecía se cumplió. Pero su muerte no fue en vano. Y esos frutos, los del primer beato mártir de la mafia, serán los que Bergoglio reivindique en este corto, pero intenso trayecto por el sur de una Italia que hoy, también, quiere sacarse la espina de las mafias. En Italia pero, también, en las aguas del Mediterráneo.

 

Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído