Les recordó que la Navidad es -por excelencia- una fiesta alegre

El Papa pide a los trabajadores del Vaticano evitar el chisme a toda costa

Añadió que también "es posible" encontrar la santidad en los ambientes de trabajo

El Papa pide a los trabajadores del Vaticano evitar el chisme a toda costa
Francisco encabezó una audiencia de fin de año con los empleados del Vaticano

Padre, me viene sólo hablar mal, no lo sé. Hay una buena medicina para no hablar mal del otro y yo les digo cuál es: Morderse la lengua. Cuando te vienen las ganas muérdete la lengua y así no hablarás ma

El Papa Francisco pidió hoy a un numeroso grupo de trabajadores de todos los niveles del Vaticano, que eviten el chisme a toda costa porque hablar mal de los demás «destruye».

Francisco encabezó una audiencia de fin de año con los empleados de la Santa Sede, quienes estuvieron acompañados de sus familiares, en el Aula Pablo VI. Allí, saliéndose del discurso que tenía preparado, fustigó el «chusmerío» que se genera a nivel laboral.

«Pero padre, ese me cae mal. Bueno reza por él pero no hables mal. Por favor, porque esto destruye. Destruye la amistad, la espontaneidad, criticar esto y lo otro. Espera, si tienes algo con él ve hablar con él, directamente y punto. Pero no hables mal», exclamó el pontífice.

«Padre, me viene sólo hablar mal, no lo sé. Hay una buena medicina para no hablar mal del otro y yo les digo cuál es: Morderse la lengua. Cuando te vienen las ganas muérdete la lengua y así no hablarás mal», añadió.

Como contraparte, el líder católico también reconoció que entre los empleados vaticanos existen «algunos santos», ciertas personas que son «un ejemplo de vida», que trabajan para la familia, siempre con una sonrisa y laboriosidad sanas, bellas.

Insistió que, también en los ambientes de trabajo se puede encontrar «la santidad de la puerta de al lado», porque «la santidad es posible».

Estas son personas -siguió- que no aparecen, simples, modestas, pero que hacen mucho bien en el trabajo y en las relaciones con los demás.

«Son personas alegres, no porque sonríen siempre, no, porque tienen dentro una gran serenidad y saben transmitirla a los demás. ¿De dónde viene esta serenidad? Siempre de él, de Jesús», abundó.

Luego, hablando en italiano, recordó que la Navidad es -por excelencia- una fiesta alegre, pero a menudo se puede caer en cuenta que la gente, y quizás uno mismo, se preocupa por tantas cosas y al final la alegría no aparece o, si existe, es muy superficial.

RD/Agencias

 

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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