«Salí de Albacete con 200 pesetas que me dejó un amigo…»

«Salí de Albacete con 200 pesetas que me dejó un amigo...»

Israel Cuchillo (Periodista Digital).- Muchos novilleros acuden hoy en un Mercedes a los tentaderos, se peinan con un casco de gomina y estrenan ternos de los mejores sastres. En 1998 también, pero por aquel entonces Abraham Barragán se fue desde Albacete a Salamanca con su gorrilla de cuadros, el hato y cuarenta duros en el bolsillo. Esta temporada cumplirá cinco años como matador de toros sin terminar de verle el color al dinero. Lo que sigue es una historia que parece sacada de otro tiempo, pero ocurrió a las puertas del siglo XXI.

Once de la noche de un día cualquiera de enero del 98. Me voy a Salamanca a participar en el bolsín de Ciudad Rodrigo. Diecisiete años, muchas ilusiones por delante y ganas de vivir el toreo de verdad. En el bolsillo, 200 pesetas que me dejó un amigo. Algún camionero me recogerá en el polígono industrial.

Así es. Pero el camión se para en Mercamadrid y allí, al verme aquellas pintas con la gorrilla y con el hato, un guardia de seguridad me deja en medio de la carretera. Solo, tirado en medio de la nada en plena madrugada, logro encontrar una boca de metro en el barrio de Vallecas. Me acurruco como puedo y espero a que abran.

Me las ingenio para llegar Chamartín y allí cojo un tren para Salamanca de aquella manera: sin dinero para el billete, cambiándome de vagón cada vez que aparecía el revisor… en fin.

Ya en Salamanca me coge un camionero portugués que había sido forcado y me acerca a la plaza de Cuatro Caminos, en La Fuente de San Esteban. Llego a las tres menos cinco de la tarde, sin pegar ojo, y a las tres en punto ya estoy delante de una pedazo de vaca de Antonio Casasola. Pero sale buena y me clasifico.

Allí, en esa misma plaza de toros de La Fuente de San Esteban, me quedé a vivir unos tres meses. Dormía con otros becerristas en el guadarnés de la plaza, y aquello algunas noches era inhumano, con ocho o nueve grados bajo cero. Nos acurrucábamos entre nosotros como podíamos Jarocho, Raúl Mateo, yo, los capas que andábamos por allí. Si tuviera que hacerlo hoy a lo mejor no lo repetiría, pero en aquel momento la ceguera de la ilusión no te dejar ver las tragedias que se pasan.

Cuando nos enterábamos de algún tentadero, salíamos andando por la mañana temprano, y algunas noches regresábamos a las doce o la una sin haber pegado un muletazo y sin haber probado bocado, aunque lo normal era que nos trataran bien en las ganaderías.

Qué cosas, por aquel entonces me presenté de tapia en la finca de los Chopera y más tarde acabé viviendo cinco años en la finca. En casa de Luis Sánchez de Urbina también me dieron muy buen trato, en El Sierro… Muchas casas de Salamanca. Aunque alguno hubo que no nos trató bien, como uno que nos echó de su finca y que pasado el tiempo tuvo que vender la ganadería. Pero en cualquier caso, nosotros siempre íbamos con educación, queríamos tentar y ya está, jamás hicimos trastadas ni tonterías.

¿Que de qué vivía? Pues a algunos de los chavales que compartieron aventura conmigo sus padres les mandaban dinero de vez en cuando. El mío también, cuando podía, pero en mi casa éramos cuatro y yo por ser el niño torero no les iba a quitar a mis hermanos el Bollycao del colegio. Sabía a lo que me iba y no quería que faltara un duro de mi casa.

En el bar El Cruce, de la Fuente de San Esteban, conocí a una familia maravillosa y como veían que iba por derecho, y que quería ser torero de verdad, me metían por detrás del bar, para que no me vieran mis compañeros, que aquello no era Cáritas, y de vez en cuando allí escondido me pegaba unas pechás a comer…

Otras veces me aliviaba algún amigo con mil pesetillas, o pasaba un camión con embutidos y te decían ‘Toma, chaval, un par de chorizos’, y así.

Eso sí, en cuanto juntaba cinco duros buscaba una cabina para llamar a casa y decirles que estaba bien y que tenía mucha ilusión por ser torero.

Tres meses y pico después volví a Albacete como triunfador del bolsín de Ciudad Rodrigo.

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Autor

Israel Cuchillo

Israel Cuchillo, taurino, periodista, community manager, editor. Afilando la comunicación 2.0. A veces me salen fotos chulas.

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