El Juli, El Cid y… un diluvio

El Juli, El Cid y... un diluvio

(PD/EFE).- Faltaba la lluvia para hacer más insufrible la estancia en la plaza. La única ventaja ayer para los espectadores de las gradas cubiertas, que al menos no se mojaron. Desde esas filas de arriba era un consuelo ver a los del tendido -en localidades de privilegio- abriendo paraguas e impermeables, cuando no corriendo a las galerías interiores.

La plaza de Sevilla, pomposamente conocida como Real Maestranza, es la más incómoda e insegura del mundo, a pesar del esfuerzo de sus dueños, los llamados maestrantes, en cuidar tantos detalles como la adornan. No sería justo pasar por alto ese esmero e inversión por tener el recinto como una bombonera, de bonita.

Pero en días como ayer, con lleno a reventar, sería mejor algún churrete de pintura de más por un espacio por donde pasar sin incomodar ni que le incomoden a uno. Es lo que pasa por vender los pasillos como localidades. Y a todo esto, ni la Junta de Andalucía, ni la Subdelegación del Gobierno, dicen ni pío.

Supuestamente la seguridad en la plaza depende de alguien. Pero nada. Hasta que haya una desgracia por una avalancha incontrolada. La gente no tiene por donde pasar de forma ordenada si no es levantando de su asiento al de delante, al de al lado y al de detrás. Filas y filas de pie mientras se van acomodando (lo de acomodar es un decir) por falta de pasillos.

A tanto despropósito se sumó la lluvia y el escaso relieve artístico del festejo. Aunque algún iluso pueda creer que la faena del Cid al sexto toro se quedó solo a medio camino del triunfo por culpa de la espada, y que si lo llega a matar se hubiera salvado la tarde. Pues no, porque el toro fue de dos orejas, y El Cid le hubiera cortado una como mucho.

Había toreado bien con el capote en el recibo, incluso se ajustó lo suyo en un quite también a la verónica. No dejaba de llover, lo cual abundaba en el mérito del torero. Pero desde que éste cogió la muleta se desarrolló todo con muchas prisas. El toro pasó 1.000 veces por el buen pitón derecho sin reposo en la faena. Por el izquierdo iba menos claro, y naturalmente tampoco mejoró la cosa. El final sí que tuvo su aquel, a base de trincheras y cambios de mano. Pero en conjunto, desde luego, insuficiente.

Del resto de la función hay que señalar poco, aunque El Juli destacó por su arrojo y decisión en el quinto, cuando el diluvio. Terminó pegándose un proyecto de arrimón que no iba a ninguna parte entre otras cosas porque el toro estaba desde el principio tambaleante.

Quien pasó como una sombra fue Abellán en el cuarto, el mejor toro de la tarde, aunque también al cabo de cinco o seis series terminó el animal viniéndose abajo. Le pegó pases, y sin embargo, no dijo nada. La vulgaridad es enemiga de lo bueno. Y el toro, hay que recalcar fue bueno en lo que duró. En descargo de Abellán, su afán al irse en sus dos toros a portagayola. También la apertura de faena a ese cuarto, por bajo, tuvo buen tono.

Nada de nada. Y encima el agua, los pasillos de la grada atascados… ¡Dios, que desesperante!

San Isidro, en el móvil. Digital+móvil, la plataforma de televisión puesta en marcha por Sogecable y Vodafone el pasado mes de diciembre, inaugura en España las retransmisiones taurinas a través del móvil con la emisión de la Feria de San Isidro, que podrá seguirse en Canal+ Eventos a partir de hoy. El responsable del Área de Toros de la cadena, Manuel Molés, seleccionará una serie de corridas para su retransmisión como previa a la emisión de la Feria madrileña que comienza el 10 de mayo.

Uno de los diestros de moda a los que se podrá seguir a través de esta pionera iniciativa es el joven matador de toros extremeño Alejandro Talavante, que ha conseguido tres puertas grandes -Valencia, Madrid y Sevilla- en 10 meses de alternativa, y que ayer manifestó que «cuando te propones algo, tienes condiciones y estás dispuesto a morir por una idea, no hay casi nada imposible que te lo impida».

Feria de Abril
Real Maestranza de Sevilla. Miércoles, 25 de abril de 2007. Decimotercera corrida. «No hay billetes». Cuatro toros de Victoriano del Río, de muy desigual presentación, más serio el 5º; los dos de Juan Pedro Domecq, 4º (terciado) y 6º, nobles; el último punteaba por arriba.

Miguel Abellán, de blanco y azabache. Estocada desprendida (silencio). En el cuarto, tres pinchazos y estocada que hace guardia. Aviso (silencio).

El Juli, de rioja y oro. Dos pinchazos, media estocada y descabello (pitos). En el quinto, dos pinchazos y estocada (saludos desde el tercio).

El Cid, de tabaco y oro. Pinchazo y estocada y tres descabellos. Aviso (silencio). En el sexto, tres pinchazos, estocada y dos descabellos. Aviso (ovación de despedida).

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