El CID vuelve a la estepa castellana y triunfa de nuevo

El CID vuelve a la estepa castellana y triunfa de nuevo

(PD).- Se ha venido arriba ‘El Cid’. Esa es la noticia de la tarde. Un triunfo de tres orejas, aunque haya sido en Burgos donde los trofeos están bastante devaluados, sin embargo, en este caso cuenta mucho: tres orejas de peso. Es más, en una plaza de primera las dos orejas que le cortó al cuarto son también dos orejas. Así de claro.

No es la primera vez que un torero importante, en lenguaje ciclista, ha perdido comba en las primeras etapas de la gran ronda (la temporada), y luego termina enfundándose el maillot amarillo de campeón. Por lo que hoy se le ha visto, ‘El Cid’ anda en ello.

A olvidar los traspiés de Sevilla y Madrid

Es fundamental pasar por encima de los fracasos. Con reconocerlos, suficiente. Y a partir de ahí sacar conclusiones. Es verdad que un toro de ‘El Ventorrilo’ en la Feria de Abril y otro de Núñez del Cuvillo en San Isidro, le hicieron mucho daño a este torero. Fueron dos toros muy ensalzados por el público y la prensa especializada, incluso distinguidos con premios de notables jurados. Aunque el propio ‘Cid’ descalificó tales reconocimientos.

Le costaba aceptar al torero su propio fracaso, mientras desde algunas tribunas le apuntaban y disparaban con dardos envenenados haciendo cábalas sobre un posible final de su carrera. Se llegó a decir que ‘El Cid’ estaba acabado, por la posición económica alcanzada, por no querer poner en peligro su envidiable y amorosa vida familiar, o simplemente por haber tocado techo en sus posibilidades como torero.

Pues nada de eso hubo. Como se ha demostrado. ‘El Cid’ tiene cuerda para rato. Y que se aprieten los machos sus competidores en el ruedo. ‘El Cid’ de las grandes gestas -¿habrá quien se haya olvidado de los seis ‘victorinos’ que mató en Bilbao, hace dos años, coronándose figura indiscutible del toreo?-, ése mismo ‘Cid’ estuvo esta tarde en Burgos, triunfando a lo grande.

Por la clarividencia en el planteamiento de sus faenas, y por la dimensión de las mismas, no cabe más que este ‘Cid’.

Muy suficiente en el que abrió plaza, a pesar de ir apagándose el toro en el transcurso de su lidia, supo aliviarle en su escasa condición, toreándole en línea para no agotar antes de tiempo el escaso carburante de la raza, hasta llegar a las cercanías donde siguió la buena compenetración entre el hombre y el animal. La faena tuvo encanto por la técnica y por la estética. La oreja que cortó ‘El Cid’ no la corta cualquiera.

Primer toque de atención

Y con el cuarto, el acabose. Toro más exigente y más agradecido a la vez. ‘El Cid’, que lució como en el anterior airoso capote, cuajó faena de principio a fin. Toreó con mucha hondura por los dos pitones, pero lo verdaderamente extraordinario fue al natural. Su prodigiosa mano izquierda, más lenta que nunca, más dominadora también, trayéndose siempre al toro muy hacia adentro.

Perfecta la mezcla de la entrega y el poderío, la firmeza y el ritmo, el gusto (mejor, regusto) y el duende. Fantásticos remates entre series con los obligados y muy ajustados de pecho, y ya en el epílogo dos desafiantes desplantes, uno rodilla en tierra y el pecho por delante, y otro el del teléfono. Y la firma de la espada. Una estocada de manual, en corto y por derecho, y en todo lo alto. Entró el estoque como si el toro fuese mantequilla. Menudo final.

Le dieron las dos orejas. Pero quede claro que no fueron dos orejas de Burgos. El festejo tuvo otra realidad bien distinta: los otros cuatro toros y los otros dos toreros.

A Castella no le embistió ninguno. Se dejó sin picar al que hizo segundo, pero ni así. Pendiente el astado siempre de la querencia, allí lo mató el francés sin previo esfuerzo mínimo. En el quinto, otro manso sin disimulo, encadenó pases por alto al hilo de las tablas antes de terminar persiguiendo al «enemigo». Nada. Aunque cortó una oreja.

Y Perera, que a falta de toro en su primero, ‘embistió’ él. Raza y sentido de la responsabilidad en el ‘parón’ que fue la base de la faena por la que cortó también un apéndice. En el último. nuevo ‘arrimón’ en toda regla, aunque el toro, paradísimo, se encargó de dejar la faena inconclusa.

Volviendo al triunfador. Ha debido pasarlo mal ‘El Cid’ en todo este tiempo desde su última actuación en Madrid, pues aunque cortó una oreja en el Corpus granadino tampoco entonces convenció del todo. Esta tarde, sin embargo, se han disipado las dudas. Afortunadamente ha vuelto a ser grande. El más grande.

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