Rafa Nadal sobrevive a un tormento

La credibilidad de Nadal se multiplicó por mil ayer, poco antes de que rompiera a llover sobre Pedralbes: el wonder boy (chico maravilloso) se vio acorralado sobre la pista central, devorado por un tenista menor, un finlandés que nunca ha ganado nada grande (apenas un torneo ATP, en Auckland, este mismo año), Jarkko Nieminen, séptimo cabeza de serie del torneo, un muro que se había dedicado a pasar golpes por encima de la red, un zurdo que se le había puesto encima, sobre los hombros, 4-6 y 1-4.

Cuenta Sergio Heredia en La Vanguardia que Nadal se había visto así, contra las cuerdas, y entonces había sacado el genio: remontó el set y remontó el partido (acabó 4-6, 6-4 y 6-3), y de esa manera dio un paso más en su evolución como tenista, como deportista.

«Podía perder, y he pensado en eso. Si no lo hubiera hecho, es que soy tonto», dijo.

Había que verle así, agobiado, sorprendido por un tenista de escasa historia, para indagar en sus posibilidades, en las de Nadal. La conclusión es demoledora: su abanico de recursos técnicos y físicos se antoja infinito.

Ahora le espera Nicolás Almagro, otro tenista crecido, enrachado, con sus once victorias seguidas, tras vencer a Juan Carlos Ferrero, por un doble 6-3. «Mañana (por hoy), cuando saltemos a la pista, me acordaré de mis duelos con Nadal, de alevín, de infantil, de cadete…», dijo Almagro, compañero generacional de Nadal.

Nadal se proyectó ayer un paso más, y lo hizo de forma elogiable, tras sacudirse el peso de Nieminen, que se había convertido en un martillo. Un martillo pasador. El finlandés había arriesgado poco, pero bien, y todo le había ido saliendo.

Había navegado con viento de cola durante la primera manga, al situarse 1-4, tirado al fondo de la pista, probando paralelos, estupefacto también ante los vaivenes de Nadal, que había estado dando vueltas, atropellándose mucho tiempo.

El partido, de hecho, lo jugaba Nadal, él solito. Jugaba al frontón. Estaba nervioso y acelerado, descompuesto por Nieminen, que es zurdo, cualidad desconcertante para todos, y también para otro zurdo.

Durante buena parte del choque, Nadal no había sido Nadal. Fracasaba en los intercambios más largos, había cedido su servicio en tres ocasiones durante la primera manga, encadenaba paralelos fallidos, golpeaba agarrotado, se estremecía de impaciencia, se encogía, y con él, las gradas de la pista central, repletas de nuevo, como en la víspera, como el miércoles…

Nadal no firmaba sus golpes de genio, no había cabriolas ni celebraciones. «Me estaba desesperando: cada vez que apuntaba hacia una esquina, allí estaba él – dijo Nadal-. Y eso no es normal».

El choque se dirigía a un universo nuevo para Nadal, poco acostumbrado a semejantes situaciones: iba a cola en el marcador, buscaba con la mirada a Toni Nadal, su tío y su entrenador, que estaba sentado en el palco este de la pista. Pedía soluciones.

«Que falle una bola de una vez», susurró Nadal en una ocasión, mientras se secaba el sudor con una toalla, en una fase desesperante del encuentro: se estaba viendo 0-2 en el segundo set, martilleado por Nieminen, que se mantenía en sus trece, tirado atrás, limitándose a pasar golpes. «No fallará, no fallará», repetía desesperado, algo más tarde, con 1-4, exactamente igual que se había visto durante la primera manga.

Todo se le estaba yendo al garete: su tercer título del curso, su segundo título en Barcelona, su serie de imbatibilidades, una serie extraordinaria, a apenas dos pasos de las 46 victorias consecutivas de Borg, a diez de las 53 de Vilas (récord absoluto), ambos sobre tierra.

«Algún día voy a perder – había anunciado en los últimos días, frase premonitoria-. Yes posible que eso suceda antes de París (en seis semanas)…».

Todo se le había vuelto en contra. «Pero no me rendí – dijo Nadal-. Sabía que la presión se le iba a volver en contra a Nieminen. A mí también me había pasado: me había ocurrido ante Hewitt, en Australia, y ante Federer, en Miami. Así que me planteé presionarle. Volver al partido, acercarme en el marcador y agobiarlo. Funcionó».

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