(PD).- Cuando Ronaldo acudió el domingo por la tarde dos veces a la banda del estadio de Ginebra para cambiarse las botas se escuchó un murmullo entre la montaña de periodistas brasileños. Sustituido en el descanso, el cuchicheo se transformó en sospecha: algo le pasaba al «Fenómeno».
Escribe David Espinar en ABC que el asunto en cuestión no fue otro que unas molestas ampollas en ambos pies, tal y como el propio jugador explicó al término del partido contra Nueva Zelanda.
Semejante anuncio motivó que la multitudinaria zona mixta se convirtiera en un muestrario de pronósticos médicos, tratados de podología y recomendaciones sobre los brebajes ideales para mitigar cualquier tipo de dolor.
Por descontado, estas opiniones cabría tomarlas desde el punto de vista de unos voluntariosos aficionados y jamás desde el ámbito de un profesional médico por bien de cualquier clase de código deontológico y, en especial, para salvaguardar la parte sana de los pies.
El seleccionador, a la palestra
Tal era el debate que el propio seleccionador tuvo que levantar la voz para insistir en que sólo se trataba de una ampolla y que el inconveniente era irrelevante.
El problema es que el futbolista dijo que eran cinco, el técnico, una, el médico, tres, y los asesores de prensa no se pronunciaron al respecto. Ante el cariz que tomó el caso de las llagas, se decantó la balanza de las culpas hacia la marca que patrocina al delantero.
El encargado de comunicación de Nike fue explícito, tal y como requería la ocasión: el modelo es el mismo que viene utilizando en el Real Madrid, aunque se han hecho algunas modificaciones al diseño exterior, que no afectan a la comodidad de la bota. ¿Por qué, entonces, esas ampollas?
La explicación no fue más allá, porque realmente no existía una razón aparente para que se produjeran esas heridas en los pies de Ronaldo, como también parecía irrebatible que aquéllas no podían haberse producido en los diez primeros minutos del encuentro y ya debían haber viajado en el autocar hasta el estadio. Por lo tanto, no había tema, al menos para ser discutido en público.
Pero esta hipótesis realista fue ignorada por la prensa brasileña, que hace de cada nimiedad una cuestión de Estado, cuando de la selección se trata. Los periodistas estaban convencidos de una confabulación a cuatro días del Mundial.
Se ha escrito que Ronaldo ya era baja para el primer partido, sin que todavía se haya encontrado una alternativa a las botas ni un final a las úlceras. Las radios hablan de buscar responsables, la TV interrogó al delantero. Definitivamente, Brasil se había olvidado de su triunfo ante Nueva Zelanda (4-0), con un gol de protagonista.