Proliferan las academias de golf bajo techo

Quítenle a un campo de golf los árboles, el viento, la hierba, la bola incluso, y quedará la esencia de ese deporte: un hombre, un palo, y el swing. El buen jugador se aísla completamente de su entorno y se concentra en su movimiento respecto a la bola; por eso, para aprender lo fundamental, no hace falta salir al campo. Las escuelas a cubierto proliferan en paralelo a la popularización del golf en España.

Escribe Carlos G. Abajo en Cinco Días que algunas apuestan por sentar las bases teóricas primero.

‘El golf está en la mente’, sentencia Juan Francisco García Estrada, profesor en la academia federada Video Escuela. ‘Es importante la preparación mental, son dos horas de discurso para ordenar las ideas, pero que resultan muy útiles después’.

Después de la teoría, la práctica. Se trata de corregir la postura del jugador cuando golpea. En las salas de práctica del juego en largo el alumno lanza la pelota contra una red. Algunas, como Easygolf, utilizan además un simulador informático conectado a un sensor conectado al tee soporte de la bola, que detecta el golpeo, determina la velocidad y el ángulo de la bola, y calcula su recorrido.

‘También puede añadirse viento’, señala Raúl Nieto, profesor y dueño de Easygolf. En una de las canchas de Easygolf, además, proyectan en una pantalla el vuelo de la pelota.

Después de estos golpes largos, de acercamiento, el alumno llega al putting green -o simplemente green-. Las escuelas usan moquetas especiales que no se aplastan por las pisadas, en imitación de la hierba cortada al ras. Además pueden imitar las caídas del terreno natural con montículos artificiales. Easygolf tiene también un búnker de arena, ‘una de las cosas que más temen los que empiezan’.

Este tipo de academias están recomendadas tanto para los principiantes que quieran familiarizarse con el mundo del golf, como para gente que lleve años practicando y quieran perfeccionar su estilo. La ventaja fundamental es su accesibilidad: se puede aprovechar la pausa de dos horas para la comida, o ir inmediatamente después del trabajo. ‘Viene mucha gente de Azca’, destaca Miguel Canales, profesor de Orense Golf, situada cerca de dicha zona de negocios madrileña.

Están abiertas en horario intensivo, de 9 ó 10 de la mañana a 9 ó 10 de la noche. Las clases suelen durar media hora, aunque también suelen ofrecerse de una hora. ‘Al principio recomendamos dos prácticas semanales’, cuenta Nieto, de Easygolf.

‘Después basta con una a la semana para arreglar los defectos técnicos’. Un precio estándar es de unos 18 euros por sesión de 30 minutos, si se contratan bonos de 10, que es lo habitual y a veces obligatorio.

La mayoría cierra los fines de semana ‘para que vayan al campo’, señala Paloma Lama, de Easygolf. Lama y Nieto ofrecen cursillos en el exterior porque echaban de menos que las academias en las que aprendieron a jugar no se preocuparan por sacarles de excursión.

‘A los tres meses de empezar ya sacamos a los alumnos a los campos pitch & putt hoyos cortos’, asegura Lama. ‘Y a los seis meses, con media hora semanal, alcanzan el handicap 36’, añade. Un jugador con handicap 36 necesita, en teoría, 36 golpes más que un profesional para recorrer un campo con par 72, o sea, que necesita unos 108 golpes en total.

En Easygolf ofrecen la posibilidad de dar clases por parejas, ‘para la gente a la que le da vergüenza’. Los niños también pueden aprender, como en cualquier escuela de golf. Y hay precios especiales para empresas, si se apuntan un mínimo de tres empleados. Las academias facilitan el material necesario para las prácticas y también realizan gestiones oficiales para conseguir licencias y handicaps.

Además de la observación directa de los monitores, otra manera de comprobar los defectos es grabando a los alumnos en vídeo. En Easygolf suelen hacer ‘una vez al mes, más o menos’ una corrección escrita a partir de las imágenes. Y además, como en otras escuelas, ofrecen una corrección con el alumno presente, en la que comparan sus posturas con las de otros alumnos o con las de los profesionales. ‘Todo el mundo se cree mejor de lo que es, y se quedan muy sorprendidos cuando se ven en la pantalla’, explica Nieto.

Ponga una cancha virtual en su hotel o en su casadónde acudir

Si el minigolf le sabe a poco, ponga un campo entero en su casa, en su hotel o en su polideportivo. Aunque sea virtual, como los de Visiotics, distribuidos en España por Abando Full Golf, inmobiliaria especialmente orientada a este deporte. Por 30.000 euros ofrecen un simulador de 11 campos de golf, que imita las condiciones atmosféricas (lluvia incluida) y que determina el recorrido de la bola con un ‘10% de error’, señala el director, Brian Thompson.

Abando vende unos dos o tres al año en España. En Inglaterra y otros países con climas más duros para el juego ‘está mucho más extendido’, señala.

‘Es una buena oportunidad para los profesores que no encuentran trabajo en los campos a cielo abierto’.

Los simuladores miden 7×3,5 metros y 3 metros de altura, y requieren un mantenimiento mensual de media hora que puede llevar a cabo el propietario.

Aunque lo habitual es que estas canchas se instalen para hacer negocio, hay particulares -‘dos hasta ahora’, según Thompson- que se dan el ‘capricho’ de tener un campo de mentira.

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