Francia quiere rememorar glorias pasadas

(Agencias).- Francia y Portugal afrontan hoy la segunda semifinal del Mundial de Alemania (Múnich, 21:00 horas) desde perspectivas dispares y con el objetivo último de coronar a dos generaciones únicas de futbolistas, lideradas por Figo y Deco en el lado luso, y Zidane y Thuram en ‘les bleus’.

La selección francesa, campeona en 1998 y de Europa en 2000, aterrizó en Alemania con las dudas evidentes que ofrece la caída de un gran imperio, cuyos primeros síntomas aparecieron hace cuatro años, pero desde su tímido arranque, con dos empates en la primera ronda, ha ido acallando las críticas y se resiste a despedir a la mejor generación de su historia.

Portugal, en cambio, alcanza cotas inimaginables para el peso de su fútbol nacional, aunque disponga de jugadores talentosos como Figo, Deco o Cristiano Ronaldo. Los lusos regresan a las semifinales cuarenta años después, desde aquella tercera plaza en 1966, de la mano de cinco victorias consecutivas, cuatro de ellas por la mínima, dando continuidad al éxito de la pasada final de la Eurocopa y al trabajo de ‘Felipao’.

El partido que mañana disputan lusos y franceses tiene sus antecedentes en las semifinales disputadas en los Europeos de 1998 y 2000, con victorias galas como único resultado en dramáticos encuentros que acabaron en la prórroga por 3-2 y 2-1 respectivamente, y que después condujeron a Francia a sus dos títulos como rey de Europa.

Luiz Felipe Scolari, que llega al encuentro con una racha de doce triunfos consecutivos, se ha convertido en el nuevo ‘Eusebio’ de la selección portuguesa y, si añade un triunfo más, alcanzaría el mejor resultado futbolístico de la historia de Portugal.

Además, los ‘tugas’, que desde 1966 sólo habían jugado dos Mundiales (1986 y 2002) en los que resultaron eliminados en la primera fase, recuperan para este compromiso a una de sus piezas fundamentales, Deco, que se perdió el compromiso ante Inglaterra por sanción.

Zidane y su séquito

Y en el otro lado Zidane, que anhelaba retirarse a lo grande, pero nunca creyó en esta opción hasta sentir mancillado su orgullo enfrentándose a España. El combinado nacional cumplió su máxima en el Mundial, pero además revitalizó a una selección que pasó de sentirse vieja e incómoda con el peso de la responsabilidad a volátil y rejuvenecida.

El triunfo ante Brasil supuso un paso más en ese proceso de regeneración de la generación de oro francesa. La pentacampeona cometió el pecado de sentirse superior, pero Francia mejoró su versión, reverdeció viejos laureles y mereció su pase a las semifinales, a las que acude sin ninguna baja, aunque con seis jugadores apercibidos de sanción, entre ellos Ribery y Zidane, que podrían perderse una hipotética final.

El madridista deleitó a los aficionados con ese virtuosismo que lo ha convertido en una de las referencias del balompié en la última década, pero el verdadero motor del equipo de Domenech es la fortaleza física de su retaguardia. Vieira, uno de los jugadores del Mundial, y Makelele suponen un filtro casi insalvable para cualquier rival, pero además detrás esperan Thuram, Sagnol, Gallas o Abidal.

Por ello, Francia se ha tornado en este Mundial en una fortaleza infranqueable, que sólo Corea y Villa, pero de penalti, han conseguido asaltar. Además su ataque crece en precisión con Henry, uno de los que todavía tiene que demostrar por qué pasará a la historia del fútbol galo por convivir con jugadores de la talla de Thuram, Vieira o Zidane.

Portugal intentará el asalto de la muralla gala para alcanzar la primera final mundialista de su historia y Francia derrumbar la fama de ganador que acompaña a ‘Felipao’ para repetir el éxito de hace ocho años y sobre todo reconocer la gran labor de algunos futbolistas irrepetibles, que cambiaron para siempre el signo derrotista del fútbol de salón francés, ahora convertido en una fortificación medieval.

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