Darío Silva: «Los médicos me dijeron que estuve más del otro lado que de éste»

«El guerrero está de pie». Con estas palabras enérgicas y una amplia sonrisa Darío Silva da la bienvenida a Alberto Christian Márquez, corresponsal de ABC en Montevideo, quien entrevista al futbolista en su residencia campestre de las Cumbres de Carrasco, un entorno bucólico más que adecuado para la difícil etapa que encara.

Pero en ella no está solo, pues además de los familiares y amigos, los muchos seguidores que tiene no le han olvidado. «He recibido infinidad de llamadas, unas dos mil, de todas partes del mundo, principalmente desde España. Me he sentido arropado por todo este afecto y me ha ayudado mucho».

-¿Lo más difícil ya lo ha superado o teme que quedan etapas duras?
-Creo que lo peor ya lo he pasado. Sólo al pensar que los excelentes doctores que me atendieron me dijeron que estuve más del otro lado que de éste… Al principio me costaba pensar que esto me había sucedido. Sí, realmente fueron un par de días que estuve al borde. Desde el domingo por la mañana hasta el martes que desperté estuve totalmente inconsciente. Entonces me enteré de que había ido dos veces al quirófano, pero que gracias a Dios lo peor lo había superado.

-Al enterarse de que le habían amputado la pierna, quizá lo más duro para un deportista nato como usted, ¿qué sintió?
-Lo más importante es que se tomó médicamente el camino correcto, salvarme la vida. Estoy agradecido y contento y si hubiera estado en condiciones de opinar hubiera apoyado sin dudar la decisión de amputar. Lo que pasó, pasó. Ahora debo mirar hacia adelante, tengo mucho por hacer.

-En todo este doloroso, pero sin duda esperanzador proceso, ¿en qué se ha apoyado?
-En Dios. Día a día, cuando me acuesto y cuando me levanto, y sobre todo en los primeros días, pedía a Dios que me ayudase a mantener el ánimo, algo que me reconfortaba, me daba fuerzas y me dejaba descansar con más tranquilidad.

-¿Cómo ve su porvenir? Se habla de que está recibiendo ofertas para trabajar en medios de comunicación y hasta de que ha dicho algo sobre entrenar a algún equipo…
-(Sonríe). La verdad es que tengo alguna propuesta para trabajar en televisión. El otro día fui a ver y acompañar a mis antiguos compañeros del Peñarol, que me recibieron con un cariño que me reconfortó mucho. Pero de momento no le voy a decir si voy a aceptar o no porque debo atender antes asuntos más urgentes como ponerme la prótesis, dar los primeros pasos, ver cómo me voy adaptando a algo que evidentemente no es algo normal… ya veré. En Uruguay hay una empresa familiar que hace muy buenas prótesis, pero sus parientes en Italia, de la misma fábrica, pero en Bolonia, son otra opción quizá más conveniente. Aunque los primeros pasos los daré aquí, en Uruguay. Y luego veremos. Lo que no quiero es ir a Europa con muletas, sino ya con una prótesis, quizá mejorable. La verdad es que no me gustaría estar mucho tiempo lejos de mi país y de mis seres queridos.

-Y España, ¿la contempla como una posibilidad?
-Sí, sin duda me gustaría mucho ir para reencontrarme con todos mis amigos, los que dejé después de casi siete muy buenos años allá. Lo que lamento es que por haber estado con las consecuencias de la operación, anestesiado, no pude atender la infinidad de llamadas que recibí desde España.

-Las causas del accidente, ahora, le quedan más claras…
-Ahora sí tengo más elementos para enjuiciar. Se ha hablado de que el coche no estaba bien, pero estaba en correctas condiciones. En realidad el único problema fue mío, me distraje durante dos segundos y en ese momento pasó todo. La verdad es que lo último que vi fue un semáforo. Mi primera preocupación al recobrar la conciencia fue mis compañeros que viajaban conmigo. Ellos, después, me dieron más información. Pero, francamente, llegó un momento que no quise saber más. Ya sucedió y está bien. El tema fue que al estar yo en un hospital y mis amigos en otro, estaba en la incertidumbre.
En ese momento, como una tromba, aparece una chiquilla de nueve años y se arroja en brazos de su padre. «Es Angelina, la italiana. Fue la que vivió más todo esto. Mi otro hijo, de tres años, no se ha enterado mucho», dice Darío contento de la visita.

-¿Cuál fue la reacción de sus compañeros de infortunio cuando se encontraron después..?
-Lloramos todos muy emocionados, pero agradecidos por haberla sacado bastante barata.

-¿Tiene alguna reflexión, algún mensaje especial para quienes le aprecian, para sus seguidores, para la juventud en general…?
-Primero, que todos tenemos que pensar en lo bonita que es la vida. Teniendo vida y salud, más quienes te quieren y rodean, uno puede llegar a cualquier parte. Es lo más importante, con tranquilidad y seguridad. Pienso, sin embargo, en que instantes antes del choque yo iba a velocidad moderada, tranquilo, no iba conduciendo rápido. Y a pesar de ello… quizá fue el destino, algo que no podía sospechar. Hay que mirar hacia adelante, pensar en el futuro con optimismo. Aquí estoy. A pesar de todo, el guerrero sigue en pie.
Y entonces recuerda a su madre, «siempre junto a mí, toda la vida. Yo le digo que el peor trabajo fue tenerme y nos reímos juntos. Y educarme. Tengo dos hermanas mayores, pero al ser el macho, ya sabe, fue para ella toda una prueba».

Al despedirnos, Darío enfatiza que él sigue siendo el mismo, «campeón del mundo», con sus grandes momentos de gloria y rendimiento, pero siempre el mismo, con su chispa, simpatía natural y sencillez. Una lección de vida para muchos. Un Darío Silva en franca recuperación, pero, sobre todo, con confianza y alegría vital, mirando hacia adelante sin temor porque sabe que «no estoy solo».

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