
(PD).- La primera jornada del Masters, primer torneo de Grand Slam, se hizo desear, ya que empezó con más de una hora de retraso debido a la intensa niebla que cayó sobre la pequeña localidad sureña de Augusta.
El más madrugador fue la leyenda Arnold Palmer, que dio el saque de honor a las ocho de la mañana y cuyo golpe simbólico se diluyó entre las sombras y las nubes bajas.
Cuando levantó la niebla, y el sol cayó con la fuerza habitual que nos tiene acostumbrados en esta tierra de manglares, los aficionados americanos vieron con sorpresa cómo un ‘repóker’ de jugadores europeos y un canadiense se hacían con los mandos del torneo más prestigioso del mundo.
El golfista sudafricano Trevor Immelman demostró el viernes que ha dejado atrás sus problemas de salud al conseguir sendos resultados de uno bajo par en los últimos dos hoyos del recorrido en el Masters de Augusta, convirtiéndose en el único líder del torneo estadounidense.
Immelman, que ha conseguido mantenerse en lo más alto de la clasificación general, registró uno bajo par en tres hoyos del segundo día de la prestigiosa competición, sumando un total de 136 golpes, ocho bajo el par del Augusta National Golf Club.
El estadounidense Brandt Snedeker quedó segundo a un golpe de Immelman, al conseguir birdies en los hoyos 17 y 18 y terminar con 68 golpes.
Tiger Woods, número uno del mundo, 13 torneos de Grand Slam a sus espaldas, seis victorias en sus últimos siete torneos de la PGA, nunca ha ganado un grande sin una tarjeta por debajo de 70 golpes en las dos primeras rondas.
Y ayer se quedó al límite, al firmar 69 con un final de infarto en el 18. sin embargo, esta vez, Woods está lejos de la cabeza (-1) y por allí merodean ávidos tiburones blancos que no le permitirán salir líder el domingo, la estadística que en ocasiones funciona en su contra.
Mientras el californiano no logró hacerse con los greens de un National castigado por la lluvia en los días previos al torneo y tampoco se esmeró en unas calles empeñadas en frenar el correr de la bola, Mickelson se lució robándole cuatro golpes al campo en una jornada libre de errores para colocarse a tres impactos de un líder sorprendente por sus circunstancias, que no por su juego.
LOS EUROPEOS MANDAN
Los británicos Ian Poulter y Justin Rose (al paso por el hoyo 9), el escocés Sandy Lyle (ganador de una chaqueta verde en 1988, la época dorada de ‘La Quinta de Seve’), el sueco Robert Karlsson y el danés Soren Hansen, junto al canadiense Stephen Ames, compartían la primera plaza con dos golpes bajo el par del campo.
De ellos, sólo Poulter descansaba tranquilo en la Casa Club con sus excelentes 70 golpes en un casillero que ya nadie podría arrebatarle. Pudo haber sido mejor el resultado del excéntrico inglés, quien, como prometió antes del torneo, estrenó vestuario en Augusta y tras el eagle del par 3 del 16 que levantó al público de su asiento falló el putt en el 17 para terminar finalmente dos abajo.
Los ojos del mundo estaban sin embargo puestos en Tiger Woods, el hombre que quiere conquistar el Grand Slam en una sola temporada. El número uno del mundo comenzó algunos partidos por detrás de José María Olazábal y al cierre de esta edición su casillero estaba lleno de número verdes, el color de los pares en Augusta.
Fueron pares consecutivos para Tiger, y nadie sabía si es que se estaba reservando para dar emoción al torneo o que el Augusta National está más duro que de costumbre.
Quien más notó su dureza fue Miguel Ángel Jiménez, el primer español en pisar el campo. Su partido con Gary Player, una de las leyendas del golf y triple ganador aquí (1961, 1974 y 1978), no fue todo lo agradable que el malagueño hubiera deseado.
El juego lento, las esperas interminables y los 83 golpes de Player (+11) desesperaron un poco el juego del de Churriana. José María Olazábal, se iba agarrando al campo como un gato. Arañando pares terminó con uno más los nueve primeros hoyos, y salvando situaciones comprometidas, como la del hoyo uno.