¿Se arrepiente o sólo miente Pedrojota?

(PD).- El arranque del artículo es genial. Comienza Pedrojota diciendo que desde que el jueves 22 de mayo soltó a micrófono abierto que Rajoy se estaba haciendo acreedor a una versión especial del título de «tonto contemporáneo» y que se estaba comportando como un «antropófago político», con el «infantilismo» de un «tiranuelo» y como un líder «inepto», no ha dejado de arrepentirse ni un solo día de haberlo hecho».

Eso y sobre todo como arranque de la larga epístola que el director de EL Mundo administra a sus lectores cada domingo, es lo que siempre se ha llamado «dolor de los pecados«.

Para cumplir todos los requisitos que exige el catecismo, tendría que ser un dolor sincero e ir acompañado de «propósito de la enmienda». También de cierta «penitencia«. Y es eso último lo que el propio Pedrojota deja claro que no está dispuesto a cumplir.

Y eso que empieza bien su columna, subrayando la obviedad de que «explicarse no es justificarse». Añade que el Libro de Estilo de El Mundo -como el de cualquier periódico digno de ese nombre- proscribe los insultos.

Pero a rengón seguido se echa a si mismo flores, afirmando que alguien ha recurrido en un debate a las descalificaciones personales el ha tratado de «dejarle en evidencia con la mejor de las sonrisas». ¡Virgen santa!

En cualquier caso, aunque se haya puesto la venda antes de la herida «contextualizando» sus exabruptos, Pedrojota hace un atisbo de pedir perdón:

«Por muy acalorada que resultara aquella tertulia, mi obligación era predicar con el ejemplo continencia y estoicismo e hice lo contrario. Seguro que tengo unos cuantos pecados más que redimir, pero al menos en relación a éste creo que debo una pública disculpa al presidente del PP y así se la transmito con la misma notoriedad que alcanzó la ofensa».

Y fiel a su estilo, que incluye no perder puntada y tratar de ser la novia en la boda y muerto en el entierro, explica:

«No trato solamente de liberarme así de un incómodo ataque de mala conciencia, fruto seguramente del concepto de culpa arraigado en la educación de los colegios religiosos de la España de provincias, sino también de recuperar ante mí mismo y ante los demás el sentido de la ecuanimidad imprescindible para seguir interviniendo con brío en un debate de tanta trascendencia como el que afecta al futuro del PP».

O sea, que va a seguir y como no puede ser de otra manera, dándole leña a Rajoy y promoviendo como si fuera un kennedy a Juan Costa, confiando en que -al igual que en el pasado- las guas del río del PP vayan a su molino y se le agradezcan los servicios prestados.

Para entender en su totalidad el travestismo de Pedrojota y la sibilina jugada que acaba de iniciar, resulta crucial releer algunas de las frases y conclusiones que introduce en su artículo domnical:

«Es cierto que, como Juan Costa, Gabriel Elorriaga, Carlos Aragonés o la propia María San Gil, yo también he perdido la confianza en el liderazgo de Rajoy, pero eso no significa que tenga nada personal contra él, hombre correcto y amable donde los haya. E incluso si lo tuviera, quedaría en absoluto segundo plano ante la enormidad de lo que aquí se dirime. No se trata de Mariano sí o Mariano no, sino de democracia sí o democracia no».

Como diría uno de los periodistas que mejor le conoce y que ahora aparece de vez en cuando en la Cadena SER: «Quien no te conozca, que te compre… Pedrojota».

Y prueba de este observador del pedrojotismo tiene razones para escamarse es que el director de El Mundo, que hace una semana fue a los tribunales a denostar a gallardón, no tanto para intentar salvarle el culo a Federico Jiménez Losantos como a postularse como la madrina de la fiesta, escribe poco más abajo:

«Sólo el día en que Gallardón y Esperanza Aguirre -las dos figuras más dotadas para el liderazgo mientras no regrese Rato- hayan resuelto su pugna mediante un proceso de primarias en el que los militantes participen de forma masiva estarán en condiciones de darse cuenta de lo mucho que se necesitan mutuamente para configurar una mayoría social como alternativa a la que aglutina Zapatero. La otra noche cuando Hillary se declaró dispuesta a formar ticket con Obama -tal y como, según el último sondeo, desea la mayoría de los demócratas- tanto el alcalde de Madrid desde Atenas como la presidenta de la Comunidad dieron un respingo. De repente la más cruenta pugna fratricida podía terminar en reconciliación al servicio de un proyecto compartido. «La cuestión es saber quién es aquí Obama», comentó certeramente Aguirre. Y eso sólo lo pueden determinar las urnas».

Según Pedrojota, «lo único bueno que puede salir ya del Congreso de Valencia» es la convocatoria bajo reglas democráticas de uno nuevo en el plazo de tiempo más breve posible, porque lo que se abre es una etapa de «provisionalidad».

El final es apotósico y no se ve el arrepentimiento por lado alguno. Cita a Eduardo Galeano y concluye:

«Un mosquito no puede de momento nada contra un elefante, pero el elefante está perdido cuando el mosquito empieza a reproducirse hasta constituir una tupida nube de aguijones y zumbidos. Menudo otoño de 2009 le espera al PP cuando Gallardón -pasen y lean- vuelva a estar disponible».

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