David Cal abandera, Rafa Nadal torea

(PD).- La milenaria cultura china fue el eje conductor de toda la gala, que arrancó con una exhibición pirotécnica. Los fuegos artificiales, proyectados desde la cubierta del estadio nacional, tiñeron el cielo de la capital china con los colores que componen los anillos del logotipo olímpico.
La representación se cerró a los 50 minutos con un epílogo prodigioso titulado ‘Sueño’. China no duerme: pasea por el globo terráqueo, lo domina. Esa fue una de las imágenes de la ceremonia: chinos caminando por el planeta, en cada punto de la esfera azul. Conclusión: el mundo es suyo, o puede serlo si se lo propusiera.

La fuerza de la población del país protagonizó en la fábula china. Sí, la ceremonia tiró de los lujos de la tecnología, de unos medios técnicos de máxima precisión. Pero, tras las luces y los efectos especiales, los hombres. Incontables. Desde los prologómenos, cuando 2.008 personas ataviadas con vestimentas de la anciana China tocaron al unísono el enorme instrumento de percusión llamado ‘Fou Band’, hasta una de las últimas escenas, en las que miles de sonrisas de niños aparecían sobre el gigantesco tablado, el espectáculo exhibió a millares de gentes entregadas a ofrecer marcialidad y precisión al unísono.

El ritual de los atletas devolvió las mentes al deporte. Los abanderados -¡lo que pesa el estandarte, David Cal!-, los participantes perpetuaron su actitud festiva en estos actos. Rafael Nadal, junto a Nicolás Almagro, hicieron las bromas en la delegación española y ‘torearon’ con sus sombreros durante el paseo.

Los mandatarios aplaudieron y saludaron con la emoción lógica de la ocasión y así durante una hora y 50 minutos. No duró menos tras la definitiva exclusión de Brunei Darussalam, emirato que no quiso inscribir a sus deportistas a pesar de la insistencia del Comité Olímpico Internacional, que emitió su nota pública para rectificar la cifra de estados presentes en los Juegos. Ahora son 204.

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