Los otros ‘galácticos’ de Madrid

Los otros 'galácticos' de Madrid

Juanjo Robledo (BBC Mundo).- España tiene la Eurocopa y una de las mejores ligas de fútbol del mundo pero le faltan jugadores. Los equipos de barrio se enfrentan a la falta de interés y de jóvenes que garanticen la continuidad de los clubes.

En Madrid, los inmigrantes han salvado de la desaparición al equipo La Mancha. El club es el más internacional de la ciudad: 23 de sus 24 jugadores son extranjeros.

En el Club de fútbol La Mancha sólo hay un jugador español, el portero, una torre que protege el arco del equipo más internacional de Madrid.

Los demás jugadores, 23 entre titulares y suplentes, son inmigrantes de una docena de países.

Aquí no hay fichajes millonarios ni grandes estrellas pero la plantilla ha salvado al club de la desaparición.

La última temporada el equipo sufrió una desbandada, los españoles no querían o no podían jugar. Con más de 25 años de antigüedad el club es uno de los más emblemáticos de Madrid.

Los jubilados españoles que se acercan a ver los partidos también tienen refuerzos: las familias de los nuevos fichajes, con bebés y cumbias incluidas. «La Mancha, La Mancha», suelen corear con acento andino.

El idioma del fútbol

«Hay jugadores de Bolivia, Paraguay, Brasil, Portugal, Rumania, Argentina, Ecuador, Camerún… Aquí no importa de dónde sea la gente sino que hable el idioma del fútbol», comenta el madrileño Luis López Nombela, director de la Asociación Juvenil y Deportiva La Mancha.

La asociación reúne a más de 200 jugadores de diferentes categorías, la mitad de ellos extranjeros. Nombela suspira aliviado cuando habla del equipo de mayores que recientemente ha ascendido a Primera Regional.

La base de la plantilla proviene del equipo latinoamericano Oriente Santa Cruz que jugaba en un descampado aledaño. «¡Tenían gente que había jugado con la selección nacional de su país!», comenta. En los años ochenta entrenó a la selección de Honduras.

Los fichajes comienzan a llegar al camerino: Jorge Roca, boliviano. No conoce a su último hijo, espera la regularización para viajar a verle. Trabaja en restaurantes mexicanos. «Aprendí viendo a unos colombianos», sonríe mientras susurra: «Soy del Barsa».

Nicolás Gingaroiv, rumano. Su novia es ecuatoriana y acaban de tener una niña madrileña. «No sabía nada de español, ahora estoy aprendiendo las palabras y palabrotas de diferentes países», comenta. Trabaja en la construcción.

El camerino está en su punto: risas, móviles con melodías de cumbias, pieles tatuadas con corazones desteñidos, miradas agrietadas como la de Cherno Diano Bandera, portugués. Dejó Lisboa por el desempleo y por el fútbol. Cree que aquí puede dar el salto profesional.

«Ese es mi negro», susurra Nombela mientras le ve saltar a la cancha. «Lo digo con cariño», matiza. Él también tiene un sueño: llevar a algún chico a primera división.

Tácticas de supervivencia

El portero Miguel Mesón, madrileño, arquea su enorme cuerpo pero el balón entra en la portería: La Mancha 0, El Chuletón 1. «Le he dicho que le sobran diez kilos», comenta Nombela desde el banquillo.

Es domingo y La Mancha enfrenta a El Chuletón de Leganés. De traje, gafas negras y loción intensa, el profesor luce preocupado.

«El negro no viene. Le han llamado para un trabajo», murmura. A su lado está Diego Méndez, brasileño.

«Vine a España para ayudarle a mi madre. Yo estudiaba Derecho. Ahora hago un curso para manejar una retroexcavadora», comenta mientras el partido se enreda.

Los jugadores del equipo contrario, más altos, ganan los balones aéreos. «Jueguen al suelo», grita el boliviano Perci Gil, entrenador de La Mancha. Gil fue titular de la Selección Nacional de Bolivia.

En las gradas los jubilados españoles comentan. «¿Has visto? Casi todos los jugadores son de fuera», señala uno.

«Creo que algunos han sido profesionales», agrega el madrileño Gonzalo Díez, uno de los pocos de su generación que no emigró a Alemania o Suiza.

Llenar el vacío

«Lo pasamos mal en esos años… No me extraña que la gente se busque la vida. En cuanto al club pues tengo un hijo que ya no le gusta jugar. Ellos llenan ese vacío. Si hasta traen a las familias», el hombre señala a un grupo de mujeres ecuatorianas.

Después de la charla técnica, el portero anima a sus compañeros:

Ellos no tienen nada. Y tú -se dirige a un defensa boliviano- enséñales los de Abeja Maya, seguro que les das un susto.

Mesón trabaja como conductor, reconoce que está pasado de kilos. «Y creo que no voy a rebajar ahora que me han enseñado el ceviche peruano. Está buenísimo», anota.

Segundo tiempo. El brasileño Diego Méndez debuta en el juego. Como una exhalación toma el balón, se cuela entre las torres de Leganés y chuta al arco mordiendo el labio inferior: gol. La Mancha 1, El Chuletón 1.

Nombela se quita las gafas.

Ese es más bueno de lo que pensaba. Si es que son listos, uno de los jugadores ya tiene una empresa. ¡Y los niños! Hay estaciones del metro que yo no sé que existen y ellos sí.

El partido termina con empate. De camino al camerino un niño mulato hace piruetas con el balón. La mirada de Nombela brilla: «¿De dónde es ése? Tiene pinta de ser bueno».

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