Losantos: «Gallardón es a la política lo que Garzón a la Justicia»

(PD).- La vida sigue igual. Ya tenemos encima el curso político y con él, las enganchadas entre Losantos y Alberto Ruiz-Gallardón. Sin todavía tomar las riendas de su programa en la COPE, el locutor le contesta al alcalde de Madrid dedicándole una ácida columna. Unas simples declaraciones en el programa de María Teresa Campos han sido la excusa. Ya estamos en septiembre.

Con ironía fina, Federico Jiménez Losantos ha contestado a Gallardón.

«Gallardón, ese muchacho de Fraga al que no se le puede llamar garzón de Ida como Góngora a Ganímedes, porque como mínimo es de ida y vuelta (de hecho se ha ido de la política y del PP dos o tres veces el último año y ha vuelto otras tantas) tiene muchas cosas en común con el Garzón mayúsculo, o sea, Baltasar. Podríamos decir que Gallardón es a la política lo que Garzón a la Justicia, porque comparten tres rasgos distintivos: la ambición sin límites, la falta de escrúpulos y una habilidad prodigiosa para el autobombo mediático. Naturalmente, cuentan con la ventaja del servilismo político y la decadencia intelectual del periodismo español, que está para los leones».

La polémica es derivada de unas declaraciones en el programa de Telecinco de María Teresa Campos, en la que entrevistaba al alcalde de Madrid:

«El problema de Gallardón, ese garzón (Góngora diría muchacho añejo, criatura con canas, ambición desbocada sin desembocar, Presidente del Gobierno sin Gobierno), es parecido al del Protofaisán de la Audiencia Nacional (Raúl del Pozo ha desenterrado de la huesa del antigóngora Quevedo el apodo perfecto para los jueces-estrella: faisanes) y es que no resisten la memoria ni la hemeroteca, huellas desagradables de la realidad. Pero nuestros garzones cuentan con dos aliados mediáticos muy importantes: la pereza y la ignorancia. Basta decir Faisán al faisán de la Audiencia para hundir el tinglado guerracivilista, como sibilinamente hizo ayer Requero, portavoz de la mayoritaria APM. Y hubiera bastado con que María Teresa Campos hubiera tenido en su nuevo programa un humilde documentalista, un becario de los que pagan por trabajar, para haber dejado ayer por mentiroso a Gallardón, que volvió a jactarse de su gran hazaña política en la derecha, que es haberme sentado en el banquillo y conseguido una condena que es un escándalo, que está recurrida y que si hay justicia, aquí o en Estrasburgo, será anulada».

Y así concluye su columna de El Mundo el famoso periodista de la cadena COPE:

«Y lo será porque hasta Gallardón tiene que tergiversar la razón de la condena, sin que la entrevistadora lo impida. Pero basta leer la sentencia y el análisis de María Peral en EL MUNDO para ver que a mí, diga lo que diga la consigna cebrianita, nadie me ha condenado por insultar a Gallardón, sino por basar mis críticas, crudas pero legítimas, en una noticia, según la jueza, falsa. La noticia era una frase de Gallardón en la portada del ABC diciendo que ARG pedía a su partido «obviar el 11M». Era tan cierta que ni él la rectificó ni los que la alabaron o la criticamos dudamos de su sentido. ¿Y puede condenarse a un periodista por criticar una frase cuyo autor no desmintió en su día? Aquí, sí. De eso se jacta Gallardón. Habla de la dignidad de las personas, pero contra Sebastián y la foto malaya no se querelló. Y a los jefes del PP les mintió hasta tres veces diciendo que retiraba la querella. A lo mejor es una dignidad con altibajos. Como tantas».

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