El público madrileño desquicia a Roddick

(PD).- Los cerca de 16.000 seguidores que ambientaron el aspecto de la Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid, alentaron el ánimo de David Ferrer cuando más lo necesitaba y terminaron por desquiciar al estadounidense Andy Roddick, que abandonó el coso visiblemente contrariado con la actitud, en ciertos momentos clave, de los presentes en las gradas.

Ferrer lo reconoció. Tras conseguir el último punto del partido, una bola lejana, mal medida por su rival, y después del protocolario saludo con los adversarios y el efusivo abrazo con el banquillo español, el alicantino regresó al centro de la pista, al lado de la cinta y agradeció el apoyo de la afición.

Mucho tuvo que ver en la reacción de Ferrer. Contra las cuerdas al finalizar el tercer set y con la cabeza más pendiente del alrededor que del propio partido.

Y es que las gradas de Las Ventas mutaron su aspecto durante la jornada. Más sosegada en la sesión matinal, la que acogió el choque entre Rafael Nadal y Sam Querrey. Más guerrera después. Más poblada también. Cuando el horario liberó al seguidor de sus quehaceres diarios. También a los más jóvenes. Desvestidos ya de la obligación escolar y con toda la vitalidad abierta al fin de semana.

No obstante, tanto Nadal como Ferrer sintieron el calor del público desde el principio. El disfrute de rostros populares y el aliento de las compañeras del cuerpo técnico hispano, como la de Emilio Sánchez Vicario, Albert Costa, entre otras, o la de jugadores como Feliciano López, instalados en los palcos situados a espaldas del banquillo de España.

Entre ambos fue habitual comprobar el trajín de un puñado de críos recorrer de lado a lado la pista. Niños relacionados con los componentes del conjunto hispano, que atraían las miradas de algunos de los operarios de la seguridad del recinto.

No se quejó de ellos el estadounidense Andy Roddick, que fue incapaz de disimular su indignación y su frustración cuando la suerte del partido le daba la espalda.

Una bola dudosa desató el malestar del tenista de Nebraska. La acción fue a su favor, pero en pleno juego, el público protestó. Vio fuera la bola lanzada por Roddick. Aunque el juez la dio por válida y perjudicó a David Ferrer sirvió como excusa para desatar las hostilidades.

La temperatura ambiental entró en ebullición. Y en un intercambio cruzó palabras con Emilio Sánchez Vicario. El estadounidense perdió el partido, dio la mano a su rival y señaló al juez y al capitán español, despistado por la felicidad del triunfo.

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