La fórmula Paul Newman para alejar a los periodistas de su vida privada

La fórmula Paul Newman para alejar a los periodistas de su vida privada

Paul Newman no podría haber existido en la actualidad, al menos no como el Paul Newman que conocimos. Parte de la razón por la cual estábamos fascinados con el actor _ quien murió el viernes a los 83 años en su casa de campo cerca de Westport, Connecticut, tras una batalla contra el cáncer _ es que no conocimos cada detalle morboso de su vida privada.

El mítico actor habría mantenido su talento, al igual que su atractivo, su magnetismo y su encanto, pero la intimidad que reclamaba (y que logró obtener), le ayudó a fomentar una reputación de un actor con clase que sabía vivir que nunca habría logrado en una cultura como la actual, obsesionada por las celebridades y sus intimidades.

Triste pero cierto. El actor llegó a lo más alto de la fama y popularidad pero nos dejó queriendo saber más.

Newman vivía en una granja del pueblo de Westport, Connecticut, alejado del glamour de Hollywood, con su mujer de 50 años de matrimonio, Joanne Woodward, lo que explica quien era el actor y en qué no quiso convertirse.

Es difícil comparar a Newman con alguna de las estrellas que nos rodean hoy en día: Alguien que irradia una personalidad fuerte en la pantalla pero que mantiene su vida privada en el misterio.

El gran amigo de Newman, el actor Robert Redford, podría incluirse en esta categoría, pero es difícil encontrar a algún actor de la generación actual que encaje en esta clasificación.

Quizás sabemos demasiado de Tom Cruise, Will Smith, Leonardo DiCaprio y Johnny Deep, a pesar de sus papeles estrafalarios en películas recientes.

George Clooney podría compararse con Newman, pero incluso este galán ha luchado por defender su intimidad en batallas públicas contra los paparazzi. El actor reconoció el legado de Newman a través de un comunicado el sábado por la mañana: «Ha dejado el listón muy alto para el resto de nosotros… no sólo actores, sino de todos nosotros. Le echaremos mucho de menos».

La clave del éxito de Newman es que uno nunca se olvidaba de que estaba viendo a Newman en sus películas, que llegaron a ser casi 60 en medio siglo. El actor era el foco de atención, pero podía desarrollar cualquier papel.

Fue jugador de fútbol americano en «La gata sobre el tejado caliente» (1958), del director Tennessee Williams; timador en «El estafador» (1961) y «El color del dinero» (1986), por el que ganó un Oscar; peligroso vaquero en «Hud» (1963) y ladrón de trenes con Redford, en «Butch Cassidy and the Sundance Kid» (1969), por citar tan sólo algunos ejemplos.

Newman se formó en la tradición de actuación por método, al estilo Marlon Brando, pero sus actuaciones nunca fueron forzadas y siempre logró interpretar de manera natural. Su evolución a través de los años _ desde joven y peligroso, de mediana edad y con dificultades, a mayor y más sabio _ mantuvo siempre el aura de la dignidad.

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