La radio acordonada

(PD).- Dolores de Cospedal que en su partido hay cobardes anónimos que reman en contra, lo cual es mucho decir, porque los cobardes suelen estar más que fichados, nunca son anónimos ni desconocidos. Y escribe Félix Madero en ABC que Cospedal podría rellenar un papel con dos docenas de cobardes pregonados y no se equivocaría. Pero que no se preocupe. Ninguno remataría con la destreza de Higuaín en el Bernabéu o Eto´o en el Camp Nou.

Esto de la cobardía es tan corriente en nuestra clase política como la condición pusilánime de la que hacen gala otros tantos dirigentes, no necesariamente del PP.

Veamos qué es si no el presidente Montilla. Es notorio que no le gustan muchas cosas que hacen sus socios de Gobierno, pero calla. Es manifiesta la animadversión que siente ante las conductas nepotistas de Carod; es contundente el desdén que le provoca el nacionalismo radical, pero nada hace. Debe de pensar que esto es lo propio cuando gobierna quien no ha ganado las elecciones.

Así se hacen las mayorías. Han sumado folios con patatas y añadido mostaza. Y eso da lo que da. El plato resulta incomestible.

Montilla preside un Gobierno que ha repartido licencias de radio. Probablemente, los lectores sepan que han castigado a Punto Radio, la cadena de Vocento, por las informaciones que ABC ha publicado sobre el coche del jardinero Benach y otras bagatelas en tiempos de crisis. Le han dado una patada al centenario periódico en las posaderas de la joven emisora. ¡Qué valientes estos del CAC!

¿Es de cobardes anónimos lo consumado por el Gobierno de Montilla? No. Es cobarde, pero conocido, el origen de semejante despropósito democrático. Como suele ocurrir, han premiado a los amigos, que, como si fuera la Lotería de Navidad, han resultado agraciados por el dedo prodigioso que señala: a éste una emisora, a éste nueve; a éste ninguna y a éste otro no le doy, pero le quito tres…

Son los de siempre, los desafectos al periodismo que no quiere ser dócil, pastueño y apesebrado.

Por mucho cordón que apliquen a la garganta de la radio más joven del dial no la van a callar. Conviene una observación para terminar: cuando Montilla se vaya, porque le tocará; cuando Carod y su hermano hagan lo mismo y Benach vuelva a hablar a los geranios y crisantemos, siempre habrá alguien de esta casa dispuesto a cumplir con su oficio.

Y si alguna vez les niegan la voz, y no se extrañen que esto pueda ocurrir entre a los que ahora premian, habrá un micrófono de Punto Radio delante de ellos.

Es una forma distinta y sutil de entender la democracia. Lejos del pusilánime Montilla y de los cobardes anónimos tan habituales entre la dirigencia política española.

No sé por qué, pero ahora que me dispongo a terminar este artículo pienso en Guillermo Fernández Vara, presidente de Extremadura y compañero de Montilla en el PSOE: «En España vende lo que rompe». Por favor, don Guillermo, un día de estos cuénteselo a Montilla.

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