Ussía: «Con Maleni de ministra, hasta Jesús lo hubiera tenido crudo para nacer; ni un pastor al Portal, ni un Rey Mago a sus pies»

(PD).- «Nevó copiosamente sobre Belén cuando se produjo el Misterio, el nacimiento del Niño Dios. Blancas y ateridas las tierras. Blancos y helados los caminos«. Alfonso Ussía tiene una tesis clara: «Dios nació porque Maleni no estaba«.

Los blancos y helados caminos fueron superados por hombres y mujeres, zagalas y pastores, y hasta por una caravana que venía desde lo lejos siguiendo la ruta definida por una Estrella. No corrían los arroyos de nuestros Nacimientos, ni se pescaban peces en el río, pero con la nieve hasta las rodillas, los hielos chirriando en las ruedas de los carros, llegaban y llegaban los que habían sentido el anuncio del parto de María, de la llegada de Dios. El sólo calor que aliviaba al Niño, de un buey y una mula venía. Y era poco el calor y tanto el frío, que Dios lloraba como todos los niños desamparados, los olvidados en las calles, los que buscan en el pecho seco de sus madres la leche imposible de las hambrunas, los que son asesinados antes de nacer y lloran en las entrañas maternas por ver la luz, aunque sea un solo día.

Así pinta Alfonso Ussía en La Razón «el cuadro perfecto de la pobreza y la humildad, la acuarela atónita de la necesidad primaria, el marco de la soledad y el olvido«.

Los caminos cubiertos por la nieve muestran las huellas de los hombres, los surcos de los carros, y el alba se presenta de golpe, azulada y rosa, luz del Oriente, acusadora de los infinitos campos blancos que alcanzan hasta el Portal. Ya los Magos vuelven hacia sus tierras después de dejar el oro, el incienso y la mirra a los pies del Niño.

Y aquí viene la tesis de Ussía. Fantástica columna:

Dos mil años más tarde, Dios habría nacido más sólo aún. Los caminos de nieve se presentarían insalvables. Y los Reyes Magos nunca hubiesen encontrado la senda hacia el Portal. Todo eso, de haber elegido el Niño Dios a España para nacer. Una nevada en el año 2008 ha paralizado todas las carreteras y las blancas montañas se han adueñado de la vida y las horas de quienes por allí paseaban. Lo mismo sucedió dos años atrás. Con Magdalena Álvarez de ministra de Fomento, hasta Jesús lo hubiera tenido crudo para nacer. Ni un pastor al Portal, ni un Rey Mago a sus pies.

Concluye:

Más de seis horas gastaron los responsables en llamar al Ejército, mientras centenares de guardias civiles, a pie firme y ateridos de frío intentaban ayudar sin medios a las víctimas de la imprevisión. Soldados y guardias civiles lo lograron, mientras la ministra de Fomento redactaba un texto en el que prometía, como hace dos años, que la nieve nunca más paralizaría España. Dios nació porque Maleni no estaba.

FOMENTO, TODAVÍA PEOR

Como era fácil suponer, las explicaciones de la ministra de Fomento en el Congreso de los Diputados han sido muy poco convincentes. Magdalena Álvarez se empeñó este lunes en restar importancia al hundimiento del túnel del AVE a la altura de Aranjuez y rechazó de plano las críticas por el bloqueo durante veintidós horas de la AP-66 entre León y Asturias. Según su táctica habitual de echar la culpa a la oposición, la titular de Fomento acusó al PP ante la comisión competente de la Cámara de «buscar desesperadamente otro Prestige para atacar al Gobierno».

Tal y como recuerda el editorial de ABC, «por supuesto, ni una sola autocrítica ni la más mínima asunción de responsabilidades, porque la prepotencia y la huida hacia adelante son las señas de identidad de su manera tan peculiar de practicar la política democrática«.

«En el colmo del desparpajo, después de asegurar que el AVE a Valencia no se va a retrasar, la ministra afirmó con toda naturalidad que «si se tuviera que retrasar, no pasa nada». Cuando se asume la responsabilidad de un departamento que gestiona infraestructuras de alto nivel y elevado coste económico, no se pueden decir simplezas, ni lanzar ocurrencias para salir del paso. La seguridad de los usuarios y el dinero de los contribuyentes no admiten frivolidades, ni incoherencias. Afirmar que si hay un retraso «no pasa nada» descalifica a cualquier político para dirigir precisamente el Ministerio de Fomento, sin olvidar que tal vez le ha traicionado el subconsciente partidista porque -casualmente- se trata de la conexión ferroviaria entre Madrid y Valencia, dos comunidades emblemáticas para el PP».

Sin embargo, concluye el editorial del diario de Vocento, lo peor de todo han sido las insinuaciones sobre el supuesto deseo de «algunos» de que se hubieran producido desgracias personales. Es por completo inaceptable que un miembro del Gobierno acuse a la oposición, en términos perfectamente inteligibles, de desear que se produzca una catástrofe con tal de sacar ventaja en la lucha política. La democracia obliga a respetar al adversario y aceptar las críticas como parte sustancial del control al Ejecutivo.

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