El diluvio suspende la carrera en Sepang que termina con Button como vencedor

El diluvio suspende la carrera en Sepang que termina con Button como vencedor

(PD).- Debido a la lluvia torrencial y las escasas condiciones de visibilidad en el circuito de Sepang, el Gran Premio de Malasia se ha suspendido cuando faltaban 23 vueltas para el término de la carrera.

Jenson Button (Brawn GP) se ha convertido en el ganador de la carrera, logrando su segunda victoria consecutiva, Timo Glock (Toyota) ha sido segundo, y Nick Heidfeld (BMW), tercero. El español Fernando Alonso acabó en undécimo lugar.

Al no superar ni las dos horas de carrera ni haber rodado el 75 por ciento de las vueltas, entre los ocho primeros se repartirán la mitad de los puntos que se obtendrían en condiciones normales.

UN CAOS TOTAL

Y el diluvio echó el cierre en Sepang. Después de 31 caóticas vueltas de estrategias erráticas, salidas de pista y ningún líder de garantías, la bandera roja acabó con el bochorno. Con la segunda victoria de Jenson Button, ésta de sólo cinco puntos por el prematuro final de la prueba. Con un insípido undécimo puesto de Fernando Alonso, que ha salido con menos daño del previsto de este temido inicio de temporada. Y con la certeza de que correr por la tarde en Malasia en esta época del año es un fiasco seguro.

Por suerte, antes de que el aguacero se hiciera dueño del asfalto, con Fernando Alonso asistiendo atónico al desbarajuste general desde el muro, hubo tiempo para el deleite. En una salida galáctica, el asturiano se hizo dueño de los focos, con un arranque de otra época. Con una diagonal imposible, transformó su noveno puesto de la parrilla en una tercera posición de ensueño. Por el camino, quedaban los Brawn GP, Raikkonen, Kubica -clavado en el asfalto-, Webber y Glock. Una instantánea del pasado con una prematura fecha de caducidad.

El depósito de su R29, a tope de combustible, no tardó en ser un lastre durante las primeros giros. Apenas una vuelta necesitó Jenson Button en quitarle las pegatinas al asturiano. El inglés abrió la veda y Alonso apenas pudo contener a sus rivales, impulsados por ese ‘difusor mágico’ que sigue dando qué hablar. En sólo doce vueltas, el español era octavo, con Hamilton pisándole los talones, aunque mantenía en su cabeza la baza de su estrategia.

La esperanza de que la lluvia coincidiera con su entrada a boxes le mantenía despierto. Pensando en cotas mayores. Casi imposibles antes de iniciar la carrera. Pero sólo fueron sueños. Espejismos que una fatídica salida de pista en la vuelta 23, con las primeras gotas sobre el asfalto asiático, terminaron por disipar. Alonso se retorcía en su R29 para sostenerse en carrera, pero el daño era ya casi irreparable porque por delante los Brawn, Toyota y compañía ya estaban demasiado lejos. Mucho más que la lluvia, que decidió tomar el mando definitivo de la carrera.

Los atascos en los boxes eran incesantes en busca de los balsámicos neumáticos de lluvia extrema. La única posibilidad para sobrevivir en un asfalto casi ingobernable. Pero Alonso ya estaba a otra cosa. Aguardando algún golpe de fortuna que le permitiera escalar. Un empujón para cazar algún punto. Su estrategia ya había perdido sentido. Y ese golpe nunca llegó, porque el diluvio tomó la delantera. En la vuelta 31, el aguacero acabó con la fiesta y dio paso al absurdo.

Trás más de media hora de desconcierto bajo la lluvia, se suspendió el circo y se repartieron los puntos, partidos por la mitad.

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