La Moncloa filtra maldades para desactivar la bomba lanzada por Cebrián

La Moncloa filtra maldades para desactivar la bomba lanzada por Cebrián

El ataque de Juan Luís Cebrián no tiene todavía respuesta. Y quizá no la tenga, porque entre los asesores de Zapatero cunde el miedo a que un choque frontal con el consejero delegado del Grupo PRISA se pueda volver muy costoso, en términos de información e imagen, para los socialistas, a los que El País administró este sábado un nuevo palmetazo, filtrando que planean bajar los sueldos a los 2,6 millones de funcionarios.

En cualquier caso y a escondidas, desde La Moncloa se van soltando pequeñas maledicencias. Como no podía ser de otra manera, los monclovitas reprochan a Cebrián su interesada desmemoria.

Nadie niega que la nueva TDT de pago sea un favor a los amigos de Zapatero, pero se subraya que el decreto que le ha dado vía libre ha sido aprobado por un Gobierno afín y de la misma forma en que se permitió convertir Canal Plus, un canal de televisión en codificado, en un abierto generalista Cuatro.

La sintonía del Gobierno ZP con PRISA -que sigue siendo el conglomerado de medios de comunicación que más acosa al PP y mejor defiende al PSOE- es manifiestamente mejorable y no se descarta que a finales de agosto, pasados los calores veraniegos, Zapatero y Cebrián lleguen a un acuerdo, que pasa obligadamente por una ayuda oficial en la lidia con los numeroso acreedores que atosigan financieramente al Imperio Polanco.

Casualmente, las duras críticas de Cebrián llegan sólo unos días después de que las negociaciones de fusión entre Prisa e Imagina quedaran rotas, después de intentar olvidar viejas rencillas para salvar los muebles y no desangrarse mutuamente en la nueva guerra del fútbol. Desde Nueva York, por teléfono, Cebrián reveló ayer en la Cadena SER que está en Estados Unidos “explorando nuevas vías de negocio”.

Parte de la solución puede ser la venta del 4,5% de autocartera a la filial inversora de la estadounidense IBN, anunciada ayer. Otra, no desdeñable, echarse en brazos del millonario mexicano Carlos Slim, el protector de Felipe González, dueño ya de parte de The New York Times.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído