Miércoles, 16 de abril de 2025. El tenis femenino vive una de esas jornadas en las que el juego queda en un segundo plano por una polémica inesperada.
Harriet Dart, número 62 del ranking mundial y cuarta mejor británica del circuito, protagonizó ayer un episodio que ha saltado de las pistas del Open de Rouen a los titulares internacionales: durante el cambio de lado del segundo set, con la frustración a flor de piel tras un contundente 6-0, 6-3 en contra frente a la francesa Lois Boisson, se dirigió a la jueza de silla pidiéndole que su rival “se pusiera desodorante” porque “huele muy mal”.
La retransmisión captó el comentario y, en cuestión de minutos, las redes sociales ardían entre bromas, indignación y análisis.
Un simple gesto —quizá fruto del nerviosismo por la derrota y la presión ambiental— ha abierto una caja de Pandora: ¿qué peso tiene la higiene en el deporte profesional? ¿Hasta qué punto influyen factores como el sudor o la apariencia en la alta competición?
Deporte, sudor y estética: realidades incómodas bajo los focos
En un deporte tan exigente como el tenis, donde los partidos se disputan bajo intensas luces o a pleno sol, el sudor es tan inevitable como necesario. Los jugadores pierden litros de agua en cada encuentro; la transpiración regula la temperatura corporal y es señal de esfuerzo extremo. Sin embargo, el aroma que desprende ese esfuerzo no siempre encaja con los cánones estéticos del deporte espectáculo.
La anécdota protagonizada por Dart trasciende lo anecdótico: pone sobre la mesa viejos prejuicios y nuevas sensibilidades. La higiene personal ha sido históricamente un tabú en el deporte profesional —nadie quiere señalar ni ser señalado por cuestiones tan humanas como el olor corporal— pero también es objeto de mitos y expectativas poco realistas. La imagen del tenista impoluto, perfectamente peinado y sin una gota fuera de lugar es, sencillamente, un espejismo televisivo.
En este contexto, la belleza —entendida como presencia estética— se mezcla con lo funcional. El marketing deportivo lleva años explotando la imagen de deportistas impecables para vender productos de higiene o cosmética; sin embargo, pocos deportes ponen tanto a prueba esos estándares como el tenis en un partido largo. No hay maquillaje ni colonia que resista una batalla a cinco sets o tres horas bajo techo.
El perdón de Dart y la reacción ejemplar de Boisson
Tras el revuelo mediático, Harriet Dart recurrió a Instagram para pedir disculpas públicamente: “Fue un comentario hecho en caliente que realmente lamento. No es así como quiero comportarme y asumo toda la responsabilidad. Tengo mucho respeto por Lois y por cómo compitió hoy. Aprenderé de esto y seguiré adelante”.
Por su parte, Lois Boisson —protagonista involuntaria del momento— respondió con sentido del humor al publicar una imagen en sus redes sujetando un desodorante Dove y bromeando sobre una posible colaboración publicitaria. El gesto ha sido celebrado tanto por aficionados como por profesionales, demostrando que el talante deportivo no solo se mide con raqueta en mano.
La WTA aún no ha emitido comunicado oficial respecto al incidente, aunque todo apunta a que quedará como una anécdota desafortunada más que como motivo de sanción.
Higiene y rendimiento: más allá del estigma
El episodio invita a reflexionar sobre los desafíos reales a los que se enfrentan los deportistas profesionales respecto a su higiene personal. En torneos con jornadas maratonianas o instalaciones abarrotadas, ducharse inmediatamente tras cada partido no siempre es posible; los productos antitranspirantes pueden ayudar pero rara vez son milagrosos bajo las exigencias extremas del circuito.
Además, existe una dimensión psicológica: comentarios como el de Dart pueden resultar hirientes y perpetuar inseguridades entre jóvenes promesas del tenis femenino (y masculino). El sudor debería ser símbolo de entrega, no motivo de vergüenza.
Al mismo tiempo, las marcas comerciales han sabido explotar esta tensión entre realidad e idealización para colocar productos específicos para deportistas: desodorantes ultrarresistentes, toallitas refrescantes o sprays “efecto ducha”. No faltan campañas publicitarias protagonizadas por figuras del tenis luciendo perfectos tras partidos maratonianos… aunque todos sepamos que tras bastidores el aroma puede ser menos idílico.
Pronóstico deportivo y secuelas mediáticas
Deportivamente hablando, la derrota supone un frenazo para Harriet Dart justo cuando buscaba consolidarse entre las cincuenta mejores del mundo. Para Boisson —303ª del ranking— supone su primera gran victoria WTA tras superar una lesión complicada; su desparpajo ante los focos podría abrirle puertas más allá de lo estrictamente deportivo.
En cuanto al pronóstico inmediato: ni las casas de apuestas ni los expertos prevén consecuencias mayores para Dart salvo cierto escrutinio mediático temporal. La británica tiene margen para redimirse en próximos torneos —la temporada europea está cargada— aunque será inevitable que cada rueda de prensa le recuerde el episodio durante semanas.
Boisson podría capitalizar su fama repentina si mantiene nivel competitivo; más aún si alguna marca aprovecha la viralidad para sumarla como embajadora.
Curiosidades sobre higiene, belleza y sudor en el tenis profesional
- El sudor puede alcanzar hasta 2-3 litros por partido en encuentros largos.
- Rafael Nadal cambia camiseta hasta cinco veces por partido; otros tenistas apenas lo hacen.
- Steffi Graf fue famosa por usar siempre la misma marca (y fragancia) durante su carrera.
- En Wimbledon existe un protocolo específico sobre vestimenta… pero no sobre desodorantes.
- Las campañas publicitarias con tenistas suelen evitar referencias directas al sudor.
- Algunos torneos ofrecen duchas exprés junto a pista; otros solo permiten aseo básico hasta finalizado el encuentro.
- Las redes sociales han convertido cualquier “comentario off the record” en tendencia global inmediata.
- Pese al mito, ni Roger Federer ni Serena Williams han protagonizado nunca incidentes similares… al menos públicamente.
