El arreón final de Llull (8 puntos en 1:00), imprescindible para conquistar el título.

Póker de Copas: Real Madrid 97 – Valencia 95

El equipo blanco sufrió ante un Valencia muy combativo. El arreón final de Llull (8 puntos en 1:00), imprescindible para conquistar el título.

Póker de Copas: Real Madrid 97 - Valencia 95
Sergio LLull (REAL MADRID). PD

Los blancos, liderados por Randolph y Llull, logran su 27º título en el torneo, el quinto en seis años, el cuarto consecutivo

El Real Madrid venció en la final este 19 de febrero de 2017 al Valencia Basket (97-95) y firmó un póquer de Copas del Rey histórico (17º en su historia): cuarto título seguido, algo que nadie ha logrado con el actual formato (Sergio Llull conquista su segundo MVP tras decantar la final de forma estelar).

Anteriormente, el Barcelona encadenó seis trofeos entre 1978 y 1983. Y lo hizo con mucho sufrimiento, el que le provocaron unos taronja que nunca se rindieron con un Dubljevic increíble (28 puntos para 31 de valoración) y las segundas oportunidades como bálsamo (19 rebotes ofensivos por 7 del Madrid) (El Fernando Buesa Arena bate el récord histórico de asistencia a un partido de Copa).

Pero cuando todo pendía de un hilo, apareció el de siempre: Sergio Llull.

El base, MVP del torneo, logró 8 puntos seguidos en tan solo un minuto para dar un nuevo trofeo a los de Laso, que acumula 13 trofeos, con el equipo blanco, los mismos que logró el Madrid en 25 años.

Agarrados a la cornisa, pisando la cuerda floja y apelando al carácter, los madridistas conquistan un trofeo que retrata su memorable voracidad y capacidad competitiva.

Para afrontar el día grande, Laso retocó su quinteto con la incorporación de Rudy y de Randolph. Le resultó el plan.

Las primeras noticias del pívot estadounidense fueron un tapón de los suyos y ocho puntos en poco más de cuatro minutos. Excelso en este tramo de la temporada, Randolph marcó la línea de un Madrid firme en su puesta en escena.

Dubljevic y San Emeterio sacudieron los nervios del Valencia y pusieron en marcha el solvente engranaje naranja, pero con el comienzo de las rotaciones los madridistas tomaron el mando.

Ayón apareció en escena sustituyendo a Felipe, que llegó apurado al partido tras su viaje relámpago a Madrid para asistir al nacimiento de su segundo hijo, y de inmediato se puso a faenar para atajar al rocoso Dubljevic.

La aportación del mexicano junto a una ráfaga episódica de Carroll y la visión periférica de Doncic permitió a los blancos ensayar el primer demarraje (32-24, m. 13). Conseguida cierta hucha de puntos y aprendida la lección de esta Copa, Laso echó paladas de cemento a su pizarra reuniendo en pista a Hunter, Nocioni y Maciulis en pista, para cuidar la renta que, aprovechando el viaje de Dubljevic al banquillo para tomar resuello, subió a los 10 puntos (40-30, m. 16). No cuajó el dique de contención.

Ni Van Rossom, ni Vives, ni Diot encontraban el libro de instrucciones del partido, pero el Valencia comenzó a moverse guiado por el acierto de Rafa Martínez y el carácter de San Emeterio. El arrebato del internacional español espoleó a los suyos para sprintar antes del descanso.

El segundo cuarto que comenzó vertiginoso, con un mate de Randolph y cuatro triples consecutivos, dos por equipo, concluyó con un parcial de 4-12 a favor del conjunto de Pedro Martínez.

El banquillo del Madrid aportaba más puntos y estiraba la rueda productiva, pero rebañando rebotes para ganar segundas opciones los naranjas lograron atajar la escapada madridista (47-45, m. 20). El cuadro taronja, que en el primer cuarto tan solo había anotado 16 puntos se fue hasta los 29 en el segundo.

Como le sucediera ante el Baskonia, el Madrid se veía obligado a volver a empezar. Los blancos dominaban los enfrentamientos directos en la presente temporada, con dos triunfos nítidos ante su rival, 75-94 en la Fonteta y 85-71 en el Palacio.

En ambos, el conjunto de Laso situó el epicentro de sus victorias en el tercer cuarto del partido, el mismo en el que el Valencia rindió al Barça en semifinales. Anunciado el valor estratégico del parcial los dos púgiles fueron al cuerpo a cuerpo para dirimir el título.

El Valencia medía con tiento sus revoluciones para erosionar al Madrid sin concederle el intercambio de golpes a campo abierto. Los de Laso masticaban la experiencia para encontrar la llave de la final.

Randolph y Ayón marcaban territorio y el Madrid dominaba el marcador, pero no lograba mandar sobre el juego. El espíritu canchero de Sato, los puntos de Sastre, el regreso de Dubljevic y la efervescente aparición de Oriola colocaron el pulso en su máxima expresión (68-68, m. 29).

Pero dos triples estratosféricos de Carroll y Llull permitieron a los blancos llegar por delante a la recta de meta. Conforme avanzaban los minutos crecía la influencia de los dos artilleros madridistas mientras el Valencia luchaba contra efectos de la fatiga. Cada ataque era una batalla, cada rebote una refriega, cada bloqueo una escaramuza.

Una contienda de la máxima exigencia física que concluyó con Llull desatando la apoteosis con 10 puntos en los últimos tres minutos. El Madrid estira su dinastía en la Copa. Ya son 27 trofeos y 13 títulos en los cinco años y medio de Laso como entrenador.

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