EN LA FINAL DE LA COPA DEL REY DE BALONCESTO

El público de Gran Canaria ‘silencia’ con aplausos los pitos de un sector de la afición del Barça al himno nacional

La ovación de la mayoría acabó imponiéndose a la falta de respeto de unos pocos

El Real Madrid de Baloncesto ganó este domingo 22 de febrero de 2015 la Copa del Rey ante el máximo rival, el FC Barcelona por 71-77 en el Gran Canaria Arena. Pero la victoria madridista no fue la única protagonista. En los minutos previos, el himno nacional fue pitado por un sector de la grada donde estaban los aficionados al Barça, lo que provocó la respuesta del resto del pabellón, que acabó aplaudiendo las notas de ‘La Marcha Real’.

Tras la típica -y tópica- falta de respeto de unos cuantos aficionados, la mayoría culés, que mostraban su desacuerdo con el himno, la mayoría del pabellón respondió de manera civilizada y ‘silenció’ las protestas con una atronadora ovación en presencia del Rey Felipe. A ellos se sumaron los jugadores del Madrid, cuyo quinteto inicial también aplaudió al finalizar el himno, algo que no hicieron los del Barça.

Tras los pitos escuchados, un sector de la grada comenzó a aplaudir para acallar la pitada que permitió escuchar una división de opiniones entre ambas posturas. Pero la cadena pública sólo emitió a los espectadores que se encontraban de pie aplaudiendo y ondeando banderas de España.

Los pitos fueron censurados por TVE que decidió mostrar sólo a los que apoyaban el himno puesto que en ningún momento por parte de los comentaristas o de los realizadores de la final mostraron a los espectadores. Una acción que ha sido muy criticada por los que vieron la realidad de lo acontecido en la previa del partido de Copa del Rey de baloncesto. En Twitter los seguidores mostraron sus quejas pero también sus agradecimientos a la cadena pública por su gesto:

LA ‘AFONÍA’ DE LALO ALZUETA, OBJETO DE CRÍTICAS

Lalo Alzueta, el encargado de narrar el partido en TVE, lo pasó mal por culpa de una inoportuna afonía. Algunos espectadores no se lo perdonaron:

El aludido, sin embargo, se sobrepuso a estos inconvenientes y a nuestro juicio, completó una más que meritoria narración:

 

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