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La cara oculta de la remontada: Esto no puede volver a pasar

Conjura en un vestuario blanco algo avergonzado. Fue una noche mágica que, sin embargo, nunca debió haber acontecido. Las semifinales abren un nuevo horizonte

La cara oculta de la remontada: Esto no puede volver a pasar
La cara oculta de la remontada: Esto no puede volver a pasar Don Balón

El Real Madrid como equipo se dio un auténtico baño de masas este martes. Cristiano Ronaldo anunciaba en uno de los actos promocionales previos al choque lo que todo el vestuario deseaba para el encuentro: «Será una noche mágica». Y así fue. Más bien una tarde noche. Miles de aficionados respondieron una vez más a la llamada de los jugadores y abarrotaron las calles aledañas al estadio Santiago Bernabéu varias horas antes del comienzo del choque ante el Wolfsburgo, desafiando a la lluvia y colapsando los accesos al coliseo merengue justo en la confluencia de las calles por las cuales debía pasar el autobús del equipo. Otro año más se convocaba al madridismo para crear ambiente de remontada y las imágenes y los vídeos dieron la vuelta al mundo: cánticos, tensión, gritos, bengalas y un estadio lleno un cuarto de hora antes de las nueve menos cuarto, hora en la que echó a rodar el balón, algo casi imposible en Chamartín. Las costumbres son otras, pero era un día especial.

Un ambiente bélico que continuó con un protocolo ya casi aprendido de memoria por el respetable en todas sus fases: masiva aclamación a los jugadores al salir a calentar sobre el césped, brutal seguimiento de las alineaciones al ritmo del Speaker del Bernabéu, un ambiente como en los mejores días y, sobre todo, un infierno para los futbolistas del Wolfsburgo, a los que todavía les pitarán los oídos por los silbidos ensordecedores cada vez que el equipo alemán mantenía la posesión del esférico. En definitiva, un orgasmo de madridismo concentrado en unas cinco horas, contando con la previa del encuentro.

El vestuario alucinó, una vez más, con la gente. Cristiano Ronaldo, héroe, ejecutor y protagonista indiscutible de la remontada, realizaba el mejor de los resúmenes sobre el ambiente en los micrófonos de los periodistas de radio que le cazaron para lograr el ‘canutazo’ en zona mixta: «Han estado de puta madre». Nada más que decir. Eso sí. Ahora, una vez pasado el trance y con la vuelta a la normalidad, el sentir de la plantilla merengue es más sosegado y empieza a ser bien distinto.

Hay una consigna: intentar que en semifinales no se tenga que llegar de nuevo a esto. Todos los jugadores coinciden en que el esperpento de partido vivido en Wolfsburgo obligó al equipo a realizar un esfuerzo sobrehumano que bien podría haberse evitado de haberse hecho las cosas bien en Alemania. Esto supondrá un desgaste físico tremendo que no viene nada bien para afrontar los últimos partidos del curso (Marcelo alegó tras el encuentro que estaban literalmente «muertos»). Y, para empezar, un incómodo partido en Getafe este fin de semana con los azulones estrenando técnico, en una plaza que normalmente ha sido casi siempre complicada para los blancos. Y con la posibilidad de ponerse a un punto del Barça en la Liga.

El Madrid ya sabe que, toque quien toque en semifinales de la Champions, ya será otra historia. Cualquier rival será enormemente complicado, ya no quedan ‘Wolfsburgos’ en el bombo. Pero, desde luego, si se puede evitar lo sucedido en estas dos semanas, mejor que mejor. No se quiere instruir al público a que esto tenga que hacerse en cada eliminatoria. Existe cierto sentimiento de culpabilidad.

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