"Ni la muerte nos va a separar / desde el cielo te voy a alentar"

Argentina: Boca Juniors: un campeón gris y una historia de poder

Argentina: Boca Juniors: un campeón gris y una historia de poder

Los hinchas de Boca Juniors tienen un canto hermoso:

«Ni la muerte nos va a separar / desde el cielo te voy a alentar».

Sin embargo, el primer canto que sus jugadores entonaron ante las cámaras de televisión apenas obtenido su 32º título argentino, es un duro insulto a River Plate, su rival clásico:

«Es para vos, es para vos, ‘gallina’ puta, la puta que te parió». Minutos después, salieron del hotel de su concentración en Bahía Blanca envueltos en sábanas blancas. Era una burla al «fantasma de la B», el descenso que River sufrió en 2011.

«En Argentina -se lamentó años atrás el DT Marcelo Bielsa- es más importante humillar al otro que ganar».

Como escribe Ezequiel Fernández Moores este 21 de junio de 2017 en ‘The New York Times’, Boca y River nacieron casi juntos en La Boca, barrio obrero y de célebres huelgas a comienzos del siglo veinte que en 1904 eligió a Alfredo Palacios como el primer diputado socialista de América Latina.

Compartían jugadores, fiestas y sus canchas solo estaban separadas por trescientos metros, hasta que en los años treinta River se mudó a la zona norte más elegante de Buenos Aires y se ganó el mote de «Millonarios» (luego quedó el burlón «gallinas»). Al Boca más pueblo le quedó en cambio el apodo de «bostero» (por la caca del caballo), despectivo, pero también ya apropiado con orgullo por sus hinchas.

«Estoy contento como buen ‘bostero'», saludó en un programa de TV el martes por la noche Mauricio Macri, expresidente de Boca, actual mandatario de Argentina

Macri, hijo de cuna rica, fue el presidente más exitoso en la historia de Boca, con 17 títulos (11 internacionales), un ciclo liderado por el DT Carlos Bianchi y el ídolo Juan Román Riquelme. Con Macri, dice Martín Caparrós en su hermoso libro Boquita, el Boca pueblo pasó a ser un «Boca fashion», con personajes VIP en su estadio, en rara convivencia con La 12, como se apoda a la barra violenta, que también tiene su propio libro.

«Boca y Perón, un solo corazón», cantaron durante años los hinchas en la Bombonera, por su vínculo histórico con Juan Domingo Perón, tres veces presidente de la Argentina.

Macri es hoy símbolo del «antiperonismo» que odia a Cristina Fernández de Kirchner, la expresidenta que, apenas horas antes de la consagración de Boca, lanzaba su vuelta a la política activa en el estadio del club Arsenal, llamado Julio Humberto Grondona, fallecido expresidente de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) y exvicepresidente de una FIFA manchada por la corrupción. En Argentina no sólo pelean «bosteros» vs. «gallinas». A la puja política la llaman «la grieta».

Boca, según una vieja jactancia, representa también a «la mitad más uno» del país. Pero el Boca actual, con más de 150.000 socios y un presupuesto para su fútbol profesional de 25 millones de dólares, es ante todo un equipo del poder. «Ningún club del fútbol argentino estuvo alguna vez tan colonizado por un partido político», dice Claudio Giardino, dirigente opositor. Se refiere a Boca y a Cambiemos, muchos de cuyos dirigentes y gerentes de primera y segunda línea formaron o forman parte aún del partido político de Macri.

El principal es su presidente, Daniel Angelici. Empresario del juego y con fuerte influencia en la justicia y en los servicios de inteligencia, Angelici fue denunciado ante la justicia por Elisa Lilita Carrió, una de las principales políticas del país e inclusive aliada de Macri.

Los periodistas Ignacio Damiani y Julián Maradeo cuentan que su libro sobre Angelici (El Tano) sufrió censura en diversos medios. Unos audios filtrados meses atrás a la prensa lo desnudaron casi como un presidente paralelo de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA), que estaba en plena crisis tras la muerte de Grondona.

Angelici pidió a sus jugadores que abortaran la huelga de futbolistas que retrasó el reinicio de la Liga actual unos meses atrás. El equipo que debutó perdiendo 1-0 con Lanús conservó apenas tres jugadores respecto del equipo que el último fin de semana aplastó 4-0 a Aldosivi en Mar del Plata. En pleno campeonato perdió a Carlos Tévez, que juró amor eterno pero que, tras anotar cinco goles en once partidos, emigró al millonario fútbol chino.

Se destapó en cambio Darío Benedetto, fichado desde México por 5 millones de dólares (una cifra prohibitiva para el empobrecido fútbol argentino, no para Boca), artillero máximo con 18 goles. Fue el nombre más resonante junto con el de Ricardo Centurión, volante habilidoso traído del Sao Paulo, pero indisciplinado, denunciado por golpes por su expareja.

Y, en medio de tantos cambios, con una defensa completamente nueva, sobresalió la aparición final del centrocampista Wilmar Barrios, reemplazante del juvenil uruguayo Rodrigo Bentancur y uno de los tres colombianos del plantel (los otros son Frank Fabra y Sebastián Pérez).

La figura elegida es Guillermo Barros Schelotto, quien ganó 16 títulos como jugador ídolo del club y ahora uno como DT. Su Boca, campeón indiscutido dos fechas antes del cierre, lleva 17 victorias en 28 partidos, 58 goles a favor y 22 en contra.

Pero «juega mal hasta cuando sale campeón», cuestionó el diario Clarín. «Nadie lo recordará», coincidió La Nación. El Boca del Mellizo Barros Schelotto se enteró del título dentro de un hotel y celebró burlándose de River. Fue campeón sin jugar. «Campeón fantasma», lo describió Juan José Panno en Página 12.

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