El fútbol español vuelve a estar en el ojo del huracán y, esta vez, el protagonista es Gerard Piqué. El exdefensa del FC Barcelona, más acostumbrado a los focos del Camp Nou que a los estrados judiciales, ha sido citado a declarar como imputado por las presuntas irregularidades en el traslado de la Supercopa de España a Arabia Saudí. Su cita con la justicia será el próximo 14 de marzo a las 9:30 de la mañana, en el marco de una investigación que apunta a un posible conflicto de intereses y oscuros manejos económicos.
La jugada maestra de Piqué, que le reportó 40 millones de euros a través de su empresa Kosmos, podría convertirse en su peor partido. La investigación se centra en el contrato firmado en 2020 entre la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y la empresa saudí SELA, con una prórroga de cuatro años y una jugosa comisión para un «tercer agente». La clave de la controversia radica en que Piqué, además de ser empresario, seguía siendo jugador en activo del Barcelona, lo que levanta serias dudas sobre la transparencia de la operación.
Lo cierto es que este episodio no es un caso aislado. La investigación sobre la gestión de Luis Rubiales al frente de la RFEF ya dejó secuelas, obligándolo a dimitir tras un escándalo internacional. Ahora, el caso de la Supercopa suma un nuevo capítulo a una historia de negocios turbios, comisiones millonarias y decisiones que poco tienen que ver con el deporte y mucho con el dinero.
Mientras la Audiencia Provincial de Madrid ha descartado enviar el caso a la Audiencia Nacional, argumentando que los delitos investigados no han afectado a la economía nacional, la instrucción del caso sigue adelante. La juez Delia Rodrigo ha puesto el foco en la gestión del traslado de la Supercopa y las presuntas irregularidades asociadas a este acuerdo, que podrían derivar en delitos de corrupción en los negocios, administración desleal y blanqueo de capitales.
Piqué ha defendido en múltiples ocasiones la legalidad de la operación, pero ahora no podrá escudarse en conferencias de prensa o declaraciones en redes sociales.
Le toca enfrentarse a la justicia y aclarar su papel en un contrato que, para muchos, representa el cínico matrimonio entre el fútbol y los negocios turbios.
El exjugador podrá dar su versión y defenderse de las acusaciones, pero la sombra de la duda ya está sobre él. La imagen de un Piqué empresario, dispuesto a sacar partido de los entresijos del fútbol, contrasta con la del deportista que lideró al Barcelona y a la selección española.
El 14 de marzo, el exfutbolista tendrá que responder.
