LaLiga arde en Chamartín

Vinicius firma el derbi de su vida y el Madrid mantiene viva la Liga

Doblete del brasileño, exhibición de Valverde y sufrimiento con diez ante un Atlético que volvió a llevar al límite al equipo de Arbeloa en un Bernabéu al borde del infarto

Vinicius firma el derbi de su vida y el Madrid mantiene viva la Liga
Vinicius Jr. PD.

El derbi nació con los nervios a flor de piel, como casi siempre que el Atlético pisa el Bernabéu y huele sangre en la pelea por LaLiga. El Real Madrid necesitaba ganar para seguir enganchado al liderato y Simeone lo sabía, así que ordenó a los suyos morder arriba desde el primer minuto, con Lookman y Giuliano afilando cuchillos por las bandas y Marcos Llorente ejerciendo de carcelero a tiempo completo sobre Vinicius.

El guion prometía tormenta desde el arranque. Carvajal, de excursión por el área rojiblanca, obligó a Musso a sacar una mano felina a los dos minutos, y poco después Valverde calcó la carrera del día del City: galope por la derecha, Ruggeri retratado y disparo cruzado al palo que silenció por un segundo al estadio. La respuesta del Atlético fue inmediata: Llorente se plantó solo ante Lunin, que salvó un mano a mano que olía a 0-1 y a disgusto eterno en la grada blanca.

Con el paso de los minutos el partido se fue enredando, más corazón que pizarra, más bronca que fútbol limpio. El Madrid manejaba la pelota, pero el Atlético no sufría. Vinicius aparecía y desaparecía entre las piernas de Llorente, Giuliano sacaba bajo palos un remate del brasileño tras un córner y Valverde sembraba pánico cada vez que pisaba campo rival. Faltaba el golpe, el zarpazo definitivo. Y lo dio el Atlético.

Carvajal, desubicado, se perdió en una persecución imposible de Griezmann y dejó un agujero en su banda. Por ahí atacó el Atleti, por ahí Giuliano inventó un toque de tacón delicioso para habilitar a Lookman, y por ahí el nigeriano fusiló a placer ante un Lunin vendido. 0-1 y el Bernabéu mordiéndose las uñas. Otra vez tocaba remar contracorriente, otra vez el Atlético colocaba a su eterno rival mirando al precipicio.

El Madrid respondió como suele hacerlo cuando siente la Liga escaparse: con orgullo, con empuje y con una fe casi irracional. Antes del descanso, Tchouaméni rozó el empate con un cabezazo que se perdió cerca del palo y Musso empezó a temblar en cada balón colgado. Pero el 0-1 viajó intacto al vestuario, dejando al equipo de Arbeloa con el derbi y el campeonato cuesta arriba.

En la reanudación cambió el tono y cambió el pulso del partido. El Madrid salió con una marcha más, encajonó al Atlético y encontró en Brahim al agitador que necesitaba el partido. El malagueño, especialista en hacer daño entre líneas, cazó un balón en el área, amagó una, dos veces, y Hancko, desbordado, barrió el tobillo donde no debía. Penalti claro. Mbappé calentaba en la banda, pero el balón era de Vinicius.

El brasileño tomó aire, respiró y soltó un disparo seco, fuerte, que engañó a Musso y explotó en la red. 1-1 y el Bernabéu despertó de golpe. El empate fue gasolina para el Madrid y veneno para el Atlético. En plena ola blanca, Hancko dudó ante la presión alta de Brahim y Valverde, Giménez regaló una entrega suicida y el uruguayo, en estado de gracia, definió con sutileza con el exterior ante la salida del portero. En dos minutos, el derbi había dado la vuelta: de la depresión al éxtasis.

Simeone reaccionó a golpe de banquillo, con un triple cambio que buscaba músculo y colmillo: Sorloth para fijar centrales, Nahuel Molina para volar por la derecha y Nico González para agitar la medular. El Atlético adelantó líneas, dejó el refugio y asumió el intercambio de golpes. Y la apuesta le salió cara… y cruz. Cara, porque Nahuel se inventó un zapatazo brutal desde más de 30 metros que se coló pegado a la escuadra de Lunin. Cruz, porque ese empate encendió de nuevo al Madrid.

El 2-2 dejó el derbi en un terreno salvaje, de ida y vuelta, donde cualquier detalle podía decidirlo. Arbeloa respondió quitando a un Thiago Pitarch fundido y a un Carvajal tieso para meter a Trent y a Mbappé. La entrada del francés alteró la geometría del ataque blanco: arrastró marcas, obligó a Llorente a mirar más hacia dentro y dejó a Vinicius un uno contra uno soñado.

La jugada que decidió el derbi nació precisamente en botas de Trent. El inglés rompió por dentro, cambió el juego hacia Vinicius y el brasileño, sin la sombra de Llorente, se encontró cara a cara con Baena. Amago hacia afuera, quiebro hacia dentro, disparo ajustado al palo largo. Golazo de delantero total. 3-2 y un Bernabéu en combustión, consciente de que el derbi seguía siendo una ruleta rusa.

Arbeloa siguió moviendo piezas y dio entrada a Camavinga y Bellingham para reforzar piernas y cerebro en la sala de máquinas. El Madrid parecía tener el partido bajo control hasta que apareció la figura del árbitro. En una acción en el centro del campo, Valverde fue con fuerza a por un balón dividido con Baena. El contacto existió, pero la roja directa cayó como un mazazo incomprensible para los locales, que habían jugado un derbi de pocas faltas y mucha intensidad. El Bernabéu estalló.

Con diez y casi un cuarto de hora por delante, más añadido, el Madrid se vio obligado a cambiar la épica ofensiva por la heroica defensiva. El Atlético se fue arriba con todo, con Llorente recorriendo la medular como si el partido acabara en cada carrera, Nico cayendo por la izquierda y Julián Álvarez buscando el tiro desde cualquier resquicio. El argentino tuvo el empate en un disparo colocado desde la frontal que besó el palo y congeló al madridismo.

Arbeloa cerró filas, quitó a un Vinicius extenuado y ovacionado para meter a Carreras y doblar lateral por la izquierda. Los minutos finales fueron un asedio rojiblanco en toda regla: centros laterales, Sorloth buscando cada globo al área y Lunin respondiendo con serenidad en un remate blando del noruego y en un disparo duro de Baena. En una de las últimas acciones, Trent acarició el gol en una falta botada con veneno que Musso sacó casi sobre la línea.

Cuando el árbitro señaló el final, el Bernabéu respiró como quien se libra de un naufragio en el último segundo. El Real Madrid se llevó un derbi salvaje, lleno de alternativas, polémica y golpes de efecto. Vinicius se marchó con un doblete de líder, Valverde volvió a demostrar que vive en modo todocampista infinito y el equipo de Arbeloa, incluso con diez, resistió la embestida final de un Atlético que, fiel a su historia reciente, volvió a llevar al límite a su vecino.

LaLiga sigue viva porque el Madrid se negó a soltarla. Y lo hizo en la noche en la que su estadio volvió a entender que, cuando arde un derbi, el fútbol se convierte en algo más que un partido: en una prueba de carácter.

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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