El Real Madrid volvió a retratar su temporada en Sevilla: prometió al inicio y se deshizo cuando el partido exigía carácter. Se adelantó pronto gracias a Vinicius, resistió gracias a un Lunin sobresaliente y terminó cediendo en el último instante, en una acción envuelta en polémica que acabó con el empate de Bellerín.
El guion no sorprendió a nadie. Los blancos arrancaron con energía, presionando arriba y encontrando premio tras una recuperación que terminó en un disparo de Valverde y un rechace que Vinicius convirtió sin oposición. Parecía el inicio de una noche tranquila, pero fue solo un espejismo.
Porque el Betis, sin brillantez pero con constancia, fue creciendo. Primero avisó, luego empezó a incomodar de verdad. Y en ese tramo emergió Lunin, sosteniendo al Madrid con intervenciones de mérito ante Antony y Bakambu. Sin él, el partido se habría torcido mucho antes.
El equipo de Arbeloa, sin embargo, volvió a mostrar su peor cara: falta de control, errores en salida y una alarmante desconexión. Cada pérdida abría la puerta al Betis, que empezó a creer en el empate antes del descanso.
Tras la reanudación, el partido entró en una fase más abierta. El Madrid tuvo opciones para sentenciar, incluida una chilena de Mbappé invalidada por fuera de juego y varias llegadas mal resueltas. Pero la sensación era clara: el encuentro seguía vivo.
Y cuando un partido queda abierto, este Madrid suele pagar. Sin capacidad para dormir el juego ni para sostener la posesión, los blancos fueron reculando mientras el Betis insistía. Lunin volvió a aparecer, pero ni siquiera sus reflejos pudieron evitar el desenlace.
En el tiempo añadido, una jugada en el área encendió la polémica: forcejeo entre Antony y Mendy que terminó con el francés en el suelo. El balón quedó suelto y Bellerín no perdonó, sellando el empate y desatando la frustración blanca.
Otro golpe más para un equipo sin rumbo, incapaz de competir hasta el final y cada vez más lejos de cualquier reacción. Ni orgullo, ni tensión competitiva, ni señales de vida. El Madrid ya no intimida: se descompone.

