San Mamés no perdona. En un fútbol cada vez más fragmentado por las pausas técnicas y los tiempos muertos, el estadio del Athletic sigue siendo un templo donde la intensidad se mide en pulsaciones por minuto y cualquier error se paga con intereses.
El Atlético de Diego Simeone llegó a Bilbao con la intención de controlar el partido y lo consiguió durante los primeros 45 minutos. Kang-in Lee y Baena fueron los nombres propios de un equipo rojiblanco que tocó el palo en dos ocasiones y obligó a Unai Simón a lucirse para mantener el 0-0 en el marcador.
Pero el fútbol es un deporte de instantes, y en San Mamés esos instantes tienen un valor multiplicado. Dos minutos bastaron para que el Athletic diera la vuelta al partido y dejara al Atlético sin opciones de reacción.
El gol de Iñaki Williams en el minuto 47, tras una acción confusa en la que el balón pareció salir por la línea de banda, fue el detonante. El rebote cayó en los pies de Nico Williams, quien no perdonó y empujó el balón a la roja para poner el 1-0.
El segundo gol llegó casi como consecuencia del primero. Una pérdida en el centro del campo permitió a los locales lanzar una contra letal que Robert Navarro culminó con un disparo imparable. El Athletic, que no había disparado a puerta en toda la primera parte, había convertido sus dos primeros tiros en gol.
Simeone intentó dar la vuelta al partido con cuatro cambios, incluida la entrada de Julián Álvarez, pero el Atlético ya estaba roto. El delantero argentino tuvo una ocasión clara, pero Unai Simón se encargó de despejar cualquier esperanza de remontada.
El partido terminó con una nueva contra del Athletic que sentenció definitivamente el resultado. San Mamés había vuelto a demostrar por qué es uno de los estadios más temidos de Europa, un lugar donde cualquier despiste se convierte en gol y donde la intensidad local marca la diferencia.
El Atlético se marcha de Bilbao con un sabor amargo y la sensación de haber dejado escapar una oportunidad de oro para sumar tres puntos en un campo complicado. Los de Simeone tendrán que levantar la cabeza rápido, porque la Liga no da tregua.

