Sé que estas cosas no son de las más importantes de la vida. Son sólo unos Juegos Olímpicos. Pero la decepción que acabamos de sufrir es inconmensurable
Volvemos a casa como los griegos ante su monte Olimpo. Durante siglos nadie supo que había allí arriba porque pensaban que era la morada de los dioses. Y nosotros seguiremos siendo eso, simples mortales a los que nos está vedado el acceso a un lugar propio de dioses.
Sé que estas cosas no son de las más importantes de la vida. Son sólo unos Juegos Olímpicos. Pero la decepción que acabamos de sufrir es inconmensurable. Un paro cardíaco que hemos intentando paliar con varios golpes en la mesa. El viaje ha merecido la pena. Siempre merece la pena. Pero volver a casa así es muy difícil.
Tras una emocionante presentación de Río de Janeiro en la que «Lula» apelaba a encender el pebetero. Madrid llegó crecida porque sabía que necesita un impulso para superar la marca impuesta por Brasil. La entrada en la sala fue espectacular. Gallardón, Aguirre, Zapatero y el Rey entraron juntos. Hicieron notar en la sala el peso de nuestra delegación. En la puerta dejaron sus diferencias y dentro ofrecieron un espectáculo.
No sé quien nos ha votado, ni quien nos ha dejado de votar. Madrid no tiene sus Juegos Olímpicos. Es la realidad. Pero la delegación ha luchado como nunca antes lo había hecho una ciudad española por obtener unos Juegos Olímpicos.
Jugamos a ganar. De la única forma posible. Aceptando que podíamos perder. Adios Madrid 2016. Adios Copenhague.
Nuestro Corazonada, el corazón viajará a Río de Janeiro.
«No estamos en este mundo para vivir nuestra vida, sino la de los otros. Las mayores alegrías, por otra parte, no son las que nosotros mismos gozamos, sino las que procuramos a los demás»
Barón Pierre de Coubertain (1863 – 1937). Padre de los Juegos Olímpicos modernos.