NUEVA ERA EN LA TIERRA BATIDA

Roland Garros busca rey: ¿quién ganará en el año sin monstruos?

Sin Djokovic, Nadal ni los viejos colosos en liza, Roland Garros 2026 garantiza un campeón de Grand Slam por estrenar y abre una batalla generacional sin red

Roland Garros
Roland Garros. PD

Este domingo, París vivirá algo que no ocurría desde hace años y que hace apenas doce meses habría parecido improbable: la final de Roland Garros enfrentará a dos jugadores que nunca han ganado un Grand Slam. El campeón que emerja de Philippe-Chatrier será, por definición, un nombre nuevo en la lista de grandes campeones del tenis masculino.

No es casualidad. Es la consecuencia de tres ausencias que han vaciado el cuadro de toda su jerarquía establecida.

Cómo quedó el torneo sin sus tres grandes

Carlos Alcaraz no está porque una lesión lo apartó antes de comenzar. El español, campeón en París las dos últimas ediciones y el tenista que más pasión genera en la arcilla en este momento, dejó un vacío emocional y deportivo que ningún otro jugador puede llenar. Para los aficionados españoles y para el circuito en general, Roland Garros sin Alcaraz es como Wimbledon sin hierba: técnicamente posible pero algo esencialmente diferente.

Jannik Sinner, número uno del mundo, llegó como el gran favorito para suplir esa ausencia. Venía de una racha de 30 victorias consecutivas y tres títulos Masters seguidos en tierra batida. En segunda ronda, con el marcador 2-0 y 5-1 en el tercer set, el calor de París le pasó una factura devastadora. Los calambres, la asistencia médica, la remontada del argentino Juan Manuel Cerúndolo de 18 puntos consecutivos: fue el colapso más dramático que la arcilla francesa ha visto en años. El número uno del mundo salió de Roland Garros sin poder mantenerse en pie. Primera vez en 26 años que el cabeza de serie número uno cae antes de tercera ronda en París.

Novak Djokovic, el último de los tres grandes que quedaba en competición, cayó en tercera ronda ante João Fonseca, el joven brasileño de 19 años que se ha convertido en uno de los grandes protagonistas del torneo. La derrota del serbio cerró definitivamente el capítulo: por primera vez en la historia reciente del tenis, Roland Garros llega a su segunda semana sin ningún jugador que haya ganado previamente un Grand Slam.

El torneo más abierto en décadas

Durante casi veinte años, ganar un Grand Slam significaba sobrevivir a un ecosistema controlado por Nadal, Federer y Djokovic. En Roland Garros el dominio de Nadal fue tan abrumador, catorce títulos en diecisiete participaciones, que cualquier edición sin él sano se consideraba una anomalía. Esa anomalía se ha convertido en la nueva normalidad.

La secuencia que ha llevado hasta aquí tiene una lógica implacable. Las lesiones se han acumulado sobre los grandes campeones. Federer ya es historia. Nadal se retiró. Djokovic resiste pero ya no domina. Alcaraz y Sinner, los dos herederos naturales del trono, están fuera por lesión y enfermedad respectivamente. El resultado es un cuadro donde ninguno de los dieciséis supervivientes ha ganado antes en París.

Por primera vez desde el Open de Australia 2024, un Grand Slam garantiza matemáticamente un campeón inédito.

Los candidatos y lo que les falta

Alexander Zverev llega con el peso de tres finales de Grand Slam perdidas, el US Open 2020, Roland Garros 2024 y Australia 2025.

El alemán, segundo cabeza de serie, ha demostrado a lo largo del torneo que puede gestionar los partidos difíciles cuando el ambiente del Philippe-Chatrier lo atrapa. Su saque y su derecha potente son armas que en una final pueden ser determinantes. Pero tiene 29 años y la sensación de que las finales que no se ganan a tiempo dejan una cicatriz que es difícil de ignorar.

Casper Ruud ha hecho de la tierra batida su hábitat natural y ha demostrado en este torneo la madurez competitiva de quien ha estado al borde del abismo y ha sabido volver. El noruego ha sido finalista en Roland Garros en dos ocasiones anteriores sin poder ganar. Lleva años siendo el eterno aspirante con el perfil exacto del campeón que nunca termina de serlo. Esta puede ser su última oportunidad real en una final de Grand Slam con el camino tan despejado.

Junto a ellos siguen vivos João Fonseca, el brasileño de 19 años que eliminó a Djokovic y que representa la nueva generación más joven del circuito, y otros nombres que hace dos semanas nadie habría imaginado tan cerca del título.

La presión que nadie ha sentido antes

El cuadro abierto genera una presión paradójica que los jugadores reconocen en privado: la oportunidad es tan grande que el miedo a desperdiciarla puede ser más paralizante que enfrentarse a Nadal en un día malo.

Cuando había monstruos en el cuadro, perder contra ellos tenía una coartada disponible. Ahora no hay coartada. El campeón que salga este domingo de Roland Garros habrá ganado porque fue el mejor en dos semanas de un torneo sin excusas para el que pierda.

Esa es la diferencia entre esta edición y todas las anteriores de los últimos veinte años.

Quien levante la Coupe des Mousquetaires este domingo no solo ganará su primer Grand Slam. Será el primer rey de una era nueva en el tenis masculino. La era después de los monstruos.

Y nadie sabe todavía quién es.

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